La DGT advierte sobre el efecto elefante: "a 60 km/h, una persona de 75 kilos golpea con una fuerza de 4,2 toneladas"

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Durante la conducción ocurren diferentes fenómenos dentro y fuera del vehículo. Uno de ellos es el denominado efecto elefante, que aumenta el peso de los ocupantes en una colisión.
Cuando tiene lugar un accidente de tráfico, los sistemas de seguridad del coche entran en acción para proteger a los ocupantes. Un vehículo está equipado con sistemas pasivos, como el cinturón de seguridad, los airbags o el propio chasis y su capacidad para absorber impactos sin que los ocupantes perciban toda su fuerza; y sistemas activos, que son todos los asistentes de conducción (ADAS) que equipan los coches modernos. Todos ellos trabajan para mitigar las consecuencias de una colisión, como es el caso del denominado como efecto elefante.
Si no habías escuchado antes el término, este hace referencia a la multiplicación del peso de los ocupantes en el momento del impacto en un accidente de tráfico. Se atribuye especialmente a los pasajeros de las plazas traseras cuando estos viajan sin usar el cinturón de seguridad obligatorio.

Tal y como explican desde la Dirección General de Tráfico (DGT), si se produce un accidente o un frenazo, el pasajero que viajan en el asiento trasero golpeará el respaldo del asiento delantero con una fuerza que equivale, en función de su peso y la velocidad del vehículo, al peso de un elefante, y ponen como ejemplo una persona de 75 kilos cuyo peso se multiplica hasta alcanzar las 4,2 toneladas en un accidente a 60 km/h.
Para evitar el denominado efecto elefante, Tráfico nos da la solución directa e inmediata: utilizar el cinturón de seguridad obligatorio tal y como establece la normativa. De este modo, si se ocurre una colisión con una deceleración brusca, el cinturón evitará que el cuerpo de la persona que viaja atrás golpee el asiento delantero con una fuerza equivalente al peso de un paquidermo.
Otros efectos que tienen lugar dentro de un coche
Pero el efecto elefante no es el único fenómeno que ocurre en el interior de un vehículo o durante la conducción. La DGT identifica otros cinco más, entre los que se encuentra el efecto acordeón, el cual explica por qué una retención puede tardar mucho más en disolverse cuanto más atrás se encuentre un vehículo.
Cuando el primer automóvil reanuda la marcha, el siguiente tarda algo más en hacerlo y ese pequeño retraso se va acumulando vehículo tras vehículo. La consecuencia es que la fila se va estirando como un acordeón. En una retención de 2.000 coches, que puede ocupar entre 12 y 16 kilómetros, el último vehículo podría tardar hasta 30 minutos en empezar a moverse.
El efecto mirón es otro de los que identifica el organismo público, el cual aparece cuando un conductor reduce demasiado la velocidad al pasar junto a un accidente, aunque este ya esté siendo atendido por los servicios de emergencia. La curiosidad hace que desvíe parte de su atención hacia lo ocurrido, incluso cuando el siniestro se encuentra en el sentido contrario o fuera de la calzada. Este comportamiento puede provocar nuevas retenciones y, en algunos casos, accidentes por distracción o por alcance si el vehículo circula demasiado despacio y el que viene detrás no consigue reaccionar.
En cuanto al efecto submarino, es un fenómeno que está relacionado con el cinturón de seguridad, como el efecto elefante. Se produce cuando un ocupante no lo lleva correctamente colocado o cuando el asiento está demasiado reclinado. Ante una frenada brusca, el cuerpo puede deslizarse por debajo de la banda abdominal y dejar de estar correctamente sujeto. Para evitarlo, el cinturón debe quedar bien ajustado, con la banda diagonal sobre el hombro y la abdominal apoyada sobre la pelvis.
A los anteriores debemos sumar también el efecto dominó, que tiene lugar cuando un vehículo no consigue detenerse a tiempo al final de una retención y golpea al último coche de la fila. Si el impacto tiene suficiente fuerza, este puede desplazarse y alcanzar al siguiente, y así sucesivamente. El problema principal es la falta de distancia de seguridad, que impide disponer del espacio necesario para frenar con margen.
Por último, el efecto túnel consiste en una reducción del campo de visión, especialmente en los laterales, que puede aparecer cuando aumenta la velocidad o después de ingerir alcohol. A 35 km/h, el campo de visión horizontal puede alcanzar los 104 grados, pero se reduce a unos 70 grados a 65 km/h y a 42 grados cuando se circula a 100 km/h. A partir de 130 km/h también se pierde nitidez en la visión periférica y el ángulo puede reducirse hasta unos 30 grados.
Este efecto provoca que el conductor deje de percibir parte de la información que existe alrededor del vehículo, como otros coches, peatones, señales o cambios en la vía. El alcohol puede provocar un efecto similar al reducir también la visión periférica, pero a menor velocidad.
