He vivido en directo el rally Dakar 2026: "desde casa no te imaginas lo duro que es esto"

Dacia aspira todo en este rally Dakar 2026 y me ha invitado a vivirlo en directo para conocer cómo trabaja el equipo y cómo afrintan el raid más duro que existe. Te cuento mi experiencia en primera persona.
Cuando llevas más de 30 años terminando o empezando el año (según la época) viendo resúmenes diarios del rally Dakar, que te inviten a vivirlo en directo es todo un regalo. Imaginaba que era tremendamente duro, pero al verlo en persona me he dado cuenta de que lo es incluso más.
Te cuento paso a paso cómo ha sido mi paso por la carrera para que descubras de cerca cómo funciona todo. Algunas cosas, como me ha ocurrido a mí, ya las sabía o intuía, pero nunca es lo mismo cuando lo presencias en vivo y en directo.
Yo llegué en avión a Jeddah (Arabia Saudí), que es la segunda ciudad más poblada del país (5 millones de habitantes) tras Riad. Desde allí, recorrimos unos 370 km (tres hora sy media aproximadamente) hasta Yanbu, que es donde iba a arrancar la carrera.
Así es el 'Bivouac' del Dakar
Llegué allí el día previo a la etapa prólogo, por lo que el ambiente en el campamento base (Bivoauc -vivac- lo denomina la organización) era 'relajado', según me comentan los responsables de Dacia.
Menos mal que esto es 'relajado', pienso yo, porque en realidad el ritmo es frenético. A lo largo y ancho del campamento que, por cierto, es desproporcionadamente grande (ahora te cuento), se mueven coches, motos, camiones, bicicletas y patinetes eléctricos de todos los tamaños.

El ir y venir de participantes, mecánicos, personal de la carrera e invitados es constante. No me quiero imaginar cuando empiece de verdad la competición cómo va a ser esto...
Te decía que el 'Bivoauc' es gigante. Y no exagero. Desde el arco naranja que te da la bienvenida: "Welcome! The Dakar Adventure begins!" (¡Bienvenido! ¡Empieza la aventura del Dakar!), en el que controlan el acceso por medio de una pulsera que leen con una app específica, hasta la última carpa de verificaciones técnicas, hay algo más de un kilómetro de extensión.
Y no es una manera de hablar. Es literalmente un kilómetro, porque lo medí con Google Maps. Y lo sorprendente es que el orden es absoluto. Hay una 'calle' central que divide el campamento y justo en el centro están lo que se podrían definir como zonas comunes: verificaciones administrativas, escenario para el 'briefing' de seguridad', comedor, tienda, juegos...
Sí, tienda y zona de juegos, has leído bien. Esta claro que esta carrera ha evolucionado mucho y, aunque mantiene la esencia de aventura con la que la creó Thierry Sabine a finales de los años 70 del siglo pasado, ahora se ha convertido en un espectáculo.
Por eso hay zonas de entretenimiento y una tienda en la que comprar el merchandising oficial de la prueba a precios casi prohibitivos: gorras y camisetas por 40 euros, imanes por 20 y medalla de 'finisher' por ¡¡50!!
¿Tiene sentido comprase esa medalla? Para mí, ninguno. Pero cada uno es libre en gastarse su dinero en lo que le de la gana y es cierto que no deja de ser un buen recuerdo.
A ambos lados de esta calle central se disponen los equipos de forma milimétrica, los tres principales (Dacia, Ford y Toyota) están sorprendentemente cerca, en el extremo opuesto las estructuras privadas y en otro lateral los clásicos y los modelos que compiten en la categoría Mision 1000 de energías alternativas.
Conociendo a la estrellas del Dakar
Pero, desde mi punto de vista, la magia llega cuando paseas por el campamento y te vas cruzando con leyendas vivas del Dakar como con tus amigos en una reunión de antiguos alumnos de tu colegio.
El primero con el que me encuentro es con 'El Matador' cuando paso a la zona de verificaciones administrativas. Por desgracia no puedo 'robarle' una foto de recuerdo, porque Sainz está enfrascado en lo que parece una conversación importante con técnicos de la FIA.
Poco después Dacia me muestra su parque de asistencia y tengo la suerte de conocer y charlas con sus cuatro pilotos: el brasileño Lucas Moraes, la leyenda de los rallys Sebastian Loeb, el catarí Nasser Al-Atiyah y la española Cristina Gutiérrez.

Cristina es tan simpática, cercana y buena piloto como aparenta. Aunque debo reconocer que Al-Atiyah también es muy de andar por casa y te habla desde el primer momento como si te conociera de toda la vida.
Por cierto, espectacular motorhome el que llevaba el catarí para descansar tras las etapas que, eso sí, no era tan de lujo como el palaciego motorhome que utiliza este año Yazeed Al-Rajhi en el rally.
Y tras conocer a los pilotos de la marca del Grupo Renault, cuando ya casi estaba abandonando el 'Bivouac' me cruzo con 'Monsieur Dakar', que ahora se ha pasado a la categoía 'Stock', en la que se compite con coches casi de serie y que confía en ganar, como él mismo me contó, aunque de momento está a más de 45 minutos del líder...
Así es el Dacia Sandrider
Como probador de coches también me encantó conocer el Dacia Sandrider, el modelo con el que Dacia compite en este Dakar. No solo tiene un aspecto muy llamativo, sino que está pensado para rendir en este terreno de manera óptima.
Mide 4,1 metros de largo y apenas tiene voladizos, por lo que sus ángulos de ataque y salida son perfectos para afrontar dunas. Monta un V6 de 3,0 litros que entrega 360 CV que se alimenta de la gasolina almacenada en un depósito de ¡¡500 litros!!
Pesa 2.100 kilos, cuenta con una transmisión Sadev secuencial de seis velocidades y, lógicamente, la tracción es 4x4.
Vibrante ver el prólogo a escasos 100 metros
A la mañana siguiente nos desplazamos hasta el inicio del tramo de algo más de 20 kilómetros de la etapa prólogo para verlo en persona.
Ha pasado casi una semana desde ese momento y todavía se me ponen los pelos de punta. Al ver pasar las motos gas a fondo, te planteas cómo están tan locos de no soltar el acelerador al afrontar los tramos, porque pasan literalmente volando.
De los coches me quedo con su espectacular sonido, los V6 y V8 que participan este año montan una sinfonía que no se olvida. Y también con cómo bailan en las curvas. Visto desde fuera parece fácil lo que hacen.

Y de los camiones... ¿qué decir de los camiones? En la televisión parecen elefantes del desierto. Y lo son, ya te digo si lo son. Pero en la inmensidad de este paisaje dan la impresión de ser hasta pequeños. Algo que se confirma al verlos flotar sobre las dunas. Son salvajes, pero a la vez ágiles y muy rápidos. Son espectaculares.
Ninguna de las tres categorías se jugaba nada, salvo el orden de salida de la primera etapa y, sin embargo, da la sensación de que no se guardan en el bolsillo ni un ápice de seguridad. Es fascinante.
El peligro del Dakar en mis propias carnes
24 horas después y tras dormir en un campamento en pleno desierto, abro la cremallera de mi tienda de campaña y tengo frente a mí una duna por la que van a bajar todos y cada uno de los participantes.
A las 8:00 de la mañana empiezan a pasar las primeras motos y me sorprende el caos que reina en la etapa: unos pasan separados por hasta siete minutos y, en cambio, otros llegan en grupos de tres o cuatro pilotos. Sin información sobre accidentes u otros problemas cuesta entenderlo.
Unas dos horas más tarde empiezan a llegar los primeros coches y, por suerte para mí, veo a escaso 50 metros cómo Romain Dumas, piloto francés de Ford, pincha y cambia su rueda trasera derecha ¡en apenas dos minutos! Y la gente de Dacia me dice que ellos tardan incluso menos: un minuto y medio.
Pero lo que vi realmente cerca es cómo algunos aficionados se juegan el tipo innecesariamente, porque vi a una mujer acercarse innecesariamente a los participantes pudiendo ocasionar un accidente fatal.
No, no era esa que seguramente has visto hacer un quiebro a un coche y que se libra de milagro, pero bien podría haber ocurrido lo mismo.
Si te planteas tirar la casa por la ventana y viajar hasta Arabia Saudí en alguna ocasión, te recomiendo que cuando te acerques a un tramo evites la tentación y, por tanto, el peligro y lo veas desde una distancia prudencial.
En total han pasado más de seis horas viendo pasar motos, coches, SSVs, coches de la categorías Challenger y camiones pero te digo la verdad: se me ha pasado volando.
Por desgracia, como suele ocurrir, todo lo bueno se acaba y tras esto ya no tendré ocasión de ver más etapas. Ha sido corto, pero intenso. Y, desde luego, ha merecido muchísimo la pena.
Por algo dicen que el Dakar es la carrera más dura del mundo
Como te decía al principio, siempre imaginé que correr este rally-raid sería durísimo, pero cuando ves llegar a los pilotos machacados de cansancio, hasta arriba de polvo, con las ruedas literalmente reventadas, rodando sobre la llanta y sin neumático, es cuando te das cuenta de que esto no es para cualquiera.
Cuando lo vives en persona te queda muy clarito que esto es para gente que está hecha de otra pasta. Puede que ahora ya no tenga el espíritu aventurero de antes, pero es que ahora se corre mucho y los peligros no son menores.
Ganar es algo reservado a auténticos campeones, pero tengo claro que todos y cada uno de los que llegan a meta son verdaderos héroes.
Y como de bien nacidos es ser agradecidos, no puedo terminar sin decir: Gracias, Dacia. Antes decía que ha sido todo un regalo, pero en realidad ha sido casi más un sueño hecho realidad. Mucha suerte para lo que resta de carrera.

Enrique Trillo
Redactor jefe
Enrique Trillo es redactor jefe de Auto Bild desde 2005. Puedes localizarle escribiendo pruebas de coches, vídeos y en noticias y análisis de la actualidad del sector.
