Ford ha puesto el freno al coche eléctrico, pero sigue apostando por grandes baterías que serán utilizadas para alimentar redes eléctricas

Fábrica de baterías de Ford
Fábrica de baterías de Ford

La compañía ha decidido centrar parte de sus esfuerzos en el negocio de sistemas de almacenamiento de energía en baterías en lugar de el coche eléctrico.

Ford ha puesto sobre la mesa una transformación radical en su estrategia alrededor de la movilidad eléctrica. Atrás quedan los planes de fabricar coches eléctricos para el mercado de masas con márgenes bajos y sin una ruta clara hacia la rentabilidad. En su lugar, la compañía estadounidense ha decidido apostar por un nuevo negocio que reutiliza la tecnología de baterías desarrollada para automóviles eléctricos, pero con un fin distinto.

El objetivo de esta nueva línea de negocio es utilizar esta tecnología para alimentar redes eléctricas, centros de datos y todo tipo de infraestructuras que requieren sistemas de almacenamiento de energía.

Este giro estratégico implica que la compañía del óvalo azul, lejos de renegar por completo del coche eléctrico, está reutilizando capacidades productivas de baterías de vehículos eléctricos para construir un negocio de sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés).

Ford cambia de enfoque respecto a la movilidad eléctrica

La decisión de Ford responde a una combinación de factores que han alterado la realidad económica del coche eléctrico. Tras años de intensas inversiones (incluidas plantas de producción de baterías y desarrollo de nuevos modelos eléctricos) la demanda de algunos vehículos eléctricos de mayor tamaño ha sido más baja de lo previsto.

Esto, sumado a los elevados costes de producción y a condiciones regulatorias cambiantes, ha llevado a la compañía a replantear su enfoque. En concreto, Ford ha cancelado algunos modelos eléctricos que estaban en desarrollo, y ha asumido unas pérdidas que ascienden a casi 19.500 millones de dólares relacionados con la reorientación de su negocio eléctrico.

El resultado inmediato es que la compañía está dando prioridad a los híbridos, a coches eléctricos de autonomía extendida y a vehículos híbridos convencionales, con la esperanza de que estos segmentos alcancen el 50% de su volumen de ventas mundial para 2030.

Pero quizá lo más destacado de este cambio es la apuesta de Ford por un negocio completamente nuevo en el que se van a centrar en convertir la enorme capacidad de producción de baterías que desarrolló para sus vehículos eléctricos en sistemas de almacenamiento energético para usos estacionarios.

Apuesta por un nuevo modelo de negocio

Los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) son dispositivos que permiten almacenar grandes cantidades de electricidad y liberarla cuando la red lo necesita. Esta capacidad resulta especialmente útil para equilibrar la oferta y la demanda energética, integrarse con fuentes renovables, aportar respaldo ante picos de consumo o apoyar la operación de centros de datos de alta demanda energética.

La empresa planea invertir unos 2.000 millones de dólares en los próximos dos años para ampliar este negocio de almacenamiento, que aprovechará tanto la tecnología de baterías en fosfato de hierro y litio como las plantas existentes en Kentucky y Michigan para ofrecer soluciones a clientes comerciales e industriales, incluidos los centros de datos y los servicios públicos de energía.

La idea es utilizar la experiencia en fabricación y los conocimientos tecnológicos acumulados por Ford en el desarrollo de baterías para coches eléctricos y trasladarlos a un mercado en expansión que, según la propia marca, presenta “oportunidades de mayor rendimiento” que el de los grandes vehículos eléctricos.

Ford planea entrar en este mercado ya en 2027, con el objetivo de desplegar al menos 20 GWh de capacidad de almacenamiento al año para finales de ese mismo ejercicio.

La planta de Kentucky en Estados Unidos será un pilar de esta estrategia. Allí se están adaptando instalaciones inicialmente pensadas para fabricar baterías de vehículos eléctricos para que produzcan sistemas avanzados de almacenamiento de energía de 5 MWh o más, celdas prismáticas LFP, módulos BESS y sistemas de almacenamiento de corriente continua listos para instalar.

Aprovechar la alta demanda energética actual y futura

Mientras tanto, en BlueOval Battery Park Michigan, Ford también planea fabricar celdas de menor amperaje destinadas a soluciones residenciales de almacenamiento energético. Esa instalación seguirá su calendario para comenzar la producción de estas celdas en 2026, alimentando tanto la nueva generación de baterías para vehículos como los sistemas de almacenamiento en hogares y pequeñas empresas.

El nuevo negocio de baterías de Ford no surge como un apéndice de su actividad automotriz, sino como una unidad comercial con ventas y servicios propios, algo que la compañía espera que capture la creciente demanda de infraestructura energética.

Esta demanda responde a cambios estructurales donde las redes eléctricas modernas están incorporando cada vez más fuentes intermitentes como la solar y la eólica, lo que hace que el almacenamiento sea un componente esencial para mantener la estabilidad del suministro.

De hecho, la propia estrategia de Ford plantea la reutilización de la capacidad de fabricación existente en lugar de depender exclusivamente de nuevos contratos para vehículos eléctricos, lo cual permite amortizar inversiones anteriores y entrar en un mercado emergente con potencial de crecimiento sostenido.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España