En Madrid están de estreno: ya hay cuatro nuevos radares, dos fijos y dos de tramo

Desde el organismo de tráfico defienden que es la única medida para castigar a los conductores que infringen la normativa vial actual.
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto en funcionamiento cuatro nuevos dispositivos de vigilancia de la velocidad en puntos estratégicos de las carreteras de la Comunidad de Madrid, distribuidos en dos radares de tramo y dos radares fijos, con el objetivo de reducir la siniestralidad en tramos identificados como de alta peligrosidad.
Estas nuevas instalaciones se encuentran plenamente operativas y ya han comenzado a tramitar sanciones para aquellos conductores que excedan los límites establecidos, centrando su actividad en vías de gran afluencia como la A-1, la M-103 y la M-111.
Además, con esta medida el organismo estatal busca reforzar el control en zonas donde el exceso de velocidad ha sido una causa recurrente de accidentes, integrando tecnología de última generación capaz de monitorizar de forma precisa el comportamiento de los vehículos tanto en puntos concretos como en recorridos de varios kilómetros.
La implementación de estos sistemas responde a una estrategia de seguridad vial que prioriza la vigilancia en las carreteras convencionales y en los accesos a la capital, donde el volumen de tráfico se ha incrementado notablemente en el último año.
Junto a ello, cabe mencionar que el radar de tramo es una de las herramientas más valoradas por las autoridades de tráfico debido a que no mide la velocidad en un instante puntual, sino que calcula el tiempo medio que un coche tarda en recorrer una distancia determinada entre dos pórticos.
Eso se debe a que este sistema evita los frenazos bruscos antes del radar y las aceleraciones posteriores, obligando al usuario a mantener un ritmo constante y legal durante todo el trayecto vigilado. Los nuevos tramos controlados bajo esta modalidad se ubican en la carretera M-111, en el término municipal de Fuente el Saz de Jarama, y en la M-103, afectando a la conexión entre Valdetorres de Jarama y Fuente el Saz.

Por otro lado, los radares fijos se han ubicado en zonas donde la configuración de la vía, debido a curvas pronunciadas o cambios de rasante, requiere una moderación inmediata de la velocidad.
Uno de los dispositivos más relevantes se ha instalado en la carretera A-1, concretamente en el kilómetro trece, una zona de entrada a Madrid que soporta una carga de vehículos muy elevada y donde las retenciones son frecuentes.
La colocación de un radar en este punto pretende no solo prevenir accidentes graves por colisiones traseras, sino también mejorar la fluidez del tráfico al evitar velocidades excesivas que comprometan la capacidad de reacción de los conductores ante posibles atascos.
El segundo radar fijo se localiza en la M-111, reforzando la seguridad en un área donde la intersección de caminos y la proximidad de núcleos urbanos aumentan el riesgo de atropellos y choques laterales.
Desde la Delegación del Gobierno y la propia DGT han recordado que la instalación de estos dispositivos no tiene un fin meramente recaudatorio, sino que se sustenta en informes técnicos de accidentalidad.
Es más, los datos analizados previamente mostraban que en estos puntos específicos se registraba una tendencia al incumplimiento de las normas de circulación, lo que derivaba en una mayor gravedad de las lesiones en caso de siniestro. La elección de radares de tramo en carreteras secundarias como la M-103 obedece a la necesidad de proteger vías que, a pesar de no ser autopistas, registran velocidades muy superiores a las permitidas, lo que resulta especialmente peligroso en calzadas de un solo carril por sentido.
La tecnología empleada en estos nuevos radares permite una mayor eficiencia en condiciones de baja visibilidad o meteorología adversa. Equipados con cámaras de alta resolución y sensores infrarrojos, los dispositivos pueden captar con total nitidez las matrículas de los vehículos infractores incluso durante la noche o en días de lluvia intensa.
Es por ello por lo que la llegada de estos cuatro radares ha generado un intenso debate entre las asociaciones de conductores, algunas de las cuales reclaman una mayor señalización previa para que el efecto disuasorio sea real antes de que se produzca la infracción.
Ahora, los conductores madrileños deberán extremar la precaución y prestar especial atención a la cartelería en estas rutas, ya que las sanciones por exceso de velocidad pueden variar desde multas económicas leves hasta la retirada de puntos del permiso de conducir e incluso penas de prisión en los casos más extremos tipificados en el Código Penal.



