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Reportaje

Extras de acero: coches para Hollywood

Extras de acero: coches para Hollywood

Carne (metal) de celuloide.

El cielo de Hollywood es tan azul como la antigua furgoneta de helados aparcada al final de una fila de clásicos. Estamos rodeados de fastuosas berlinas de los años 50, oxidados familiares de los 70, antiguos y poderosos muscle-cars de los 80 y, por supuesto, los habituales coches de Policía americanos de todas las épocas.

Hemos venido a un casting o, mejor dicho, un carsting. Algunos de estos vehículos tienen toda una carrera en Hollywood; otros no han pasado de extras. Son la mayoría. En las películas, suelen estar aparcados en segundo plano o aparecen momentáneamente en escena, de paso, para ambientar una peli de los 60 o los 30. Son los figurantes de acero.

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Norte de Hollywood, 12580, Saticoy Street (California). Una dirección que desprende glamour. Pero la realidad es diferente: un polígono lleno de basura y ratas muertas, más allá de la autopista 170. Aquí se asienta Cinema Vehicles. Esta empresa es desde hace más de cuatro décadas la mayor proveedora de coches de alquiler para películas y series de televisión. Su jefe, Jesse Dickerson, me advierte: "Puedes darte una vuelta por el parking, siempre que tengas cuidado y no rompas nada". Me lo dice por teléfono, ya que no puede acudir a la cita; está volando a alguna parte en su jet privado. Parece que el negocio de alquilar coches de ensueño no va nada mal.

En la parte delantera, nada más entrar, hay un par de unidades móviles. Siempre se necesitan, cuando se rueda una peli policiaca. Por supuesto, las antenas parabólicas que llevan en el techo son pura fachada. Igual que el nombre de la cadena de televisión que rezan las pegatinas: "KSGY 8 NEWS". El joven que proporciona los coches a la carta a los productores es el que se encarga de guiar a los visitantes por el recinto. También los pone a punto, según los deseos de los directores.

“Si dicen que quieren determinado coche, pero que debe ser rojo en lugar de negro, yo me encargo de que sea así”, me dice Donovan Williams con un gesto de orgullo. A sus 19 años, lija carrocerías y las decora según el vehículo tenga que ser un camión de bomberos o una ambulancia, por ejemplo. A veces, por exigencias del guión, debe destrozar una unidad. "En películas de catástrofes, por ejemplo, necesitan vehículos siniestrados, que sencillamente estén por ahí desperdigados". En otras ocasiones, Donovan y su equipo deben llenar el lateral del coche de agujeros con una taladradora para que parezca que ha estado en medio de un tiroteo. “Lo último que he tenido que hacer ha sido cortar un autobús para que pareciera que había atravesado una casa". Adora su oficio. Su padre también trabaja en Cinema Vehicles. Está en un equipo que dispone de cuatro elevadores para comprobar que los coches que lo requieran pueden circular sin problemas.

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En algunos casos, veo dos idénticos aparcados uno al lado del otro. Sólo uno de los dos sobrevive al rodaje. El otro aparecerá en un espectacular accidente. Ningún espectador se percatará de que son dos unidades distintas. Y casi siempre se les quitan los logos de la marca. Esto es por motivos legales, aunque los aficionados a los coches sabrán siempre de qué modelo se trata.

Jesse Dickerson puede proporcionar casi cualquier coche que le pidan, siempre que se pague el precio que pide (que no nos desvela). Veo un Volkswagen Jetta aparcado junto a un Austin del 65. Un poco más allá espera un AMC Gremlin con las puertas abiertas y una sirena azul de Policía en el techo. Será el protagonista de una inminente persecución. Allí cerca hay un Ford de antes de la Segunda Guerra Mundial, junto a un Mercedes 380 SE, un Escarabajo verde y blanco y un Honda Civic de 1980 tan destrozado como lo dejó Bruce Willis en Pulp Fiction.

Extras de acero: coches para Hollywood

Y al fondo, otros coches rescatados que esperan su segunda oportunidad. Un Chrysler 300 quemado viene de una película apocalíptica con Schwarzenegger. Ahora aspira a participar en algún film de serie B.

Donovan me cuenta que, algunas veces, se sienta en un cine, o frente al televisor, sólo a esperar a que aparezca, fugazmente, alguna de sus estrellas en pantalla. Y entonces, siente que forma parte de un pedacito de la maquinaria de Hollywood. Porque, sinceramente: ¿Quién ha visto una película ambientada en este siglo o el pasado en la que no salga ni un solo coche?

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