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Prueba

Prueba del Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático

Prueba del Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático
Nota

9

De Italia a España. El Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático 'aterriza' en nuestro país. Y digo aterriza porque con su potente motor V6, en el que en su desarrollo ha participado Ferrari, ¡vuela! Sin duda estoy ante uno de los coches de la década.

Desde su nacimiento en 1986, el BMW M3 ha sido el rey de las berlinas deportivas -desde 1994 con cuatro puertas-. Pocos, muy pocos son los coches que han estado a la altura, que han podido plantarle cara. El más cercano, también en el DTM, fue el Mercedes 190 E 2.3-16v.

Ahora, desde Italia llega un nuevo rival que puede hacer tambalear el imperio alemán. El coche de esta prueba, el Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático, tiene cualidades para ello, y muchas; como por ejemplo su espectacular diseño. Pocos automóviles del mercado ofrecen una imagen tan sugerente, tan deportiva. Sus voluptuosos paragolpes, el delantero con amplias tomas de refrigeración y el trasero con un difusor funcional que alberga cuatro salidas de escape, o las taloneras dan pistas serias de lo que se esconde bajo el capó.

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Pero de ese ‘dulce’ con el que segregaré saliva te hablaré más tarde, porque primero quiero hacer mención a su interior. La calidad percibida es muy buena, puesto que al diseño, que también es muy deportivo, cómo no, se suman buenos materiales. No así algunos ajustes, que son mejorables, y más al tratarse de un vehículo que supera los 80.000 euros. El volante roza la perfección por su grosor, diámetro y por las grandes levas fijas realizadas en aluminio. Lo mismo ocurre con sus asientos opcionales Sparco (3.800 euros), que agarran mi cuerpo como si de una amante apasionada se tratase.

El ‘caramelo’ encargado de surtir energía al resto del conjunto es un motor V6 2.9 biturbo de 510 CV. Alfa Romeo ha sido asesorada por Ferrari para dar vida a este ‘cuore’. Su sonido nada más arrancar es embelesador. Lo mismo que el del escape. Podría estar horas escuchando estas armonías. Como también podría estar horas conduciendo el Quadrifoglio, porque gracias a los modos de conducción, a la posibilidad de elegir una suspensión más blanda -siempre sin ofrecer balanceos de la carrocería- y a lo bien insonorizado que está el habitáculo, no es un deportivo castigador. Tampoco radical en la entrega de potencia como sí lo es el BMW M3, con el que hasta en recta, dando gas, se activan los controles; en el caso del Giulia el reparto de potencia es más progresivo. Y a partir de las 3.000 rpm vuelve a aparecer en escena el sonido ronco de su escape. ¡Premio al mejor director de orquesta por la Filarmónica británica! 

Jugar con el cambio es una delicia, tanto por el tacto de sus enormes levas como por la rapidez en que realiza las transiciones. ¿Para qué queremos uno de doble embrague teniendo de este tipo de convertidor de par? Además, tanto al subir de marcha a altas revoluciones como al bajar, emite unos petardeos que al igual que la Mascletá, son capaces de ponerme el bello de punta. 

Y no, no estoy en Valencia. Estoy en mi puerto de montaña favorito de la sierra madrileña. Estas carreteras reviradas son el escenario perfecto para poner a prueba el Giulia Quadrifoglio Verde. Su firme suspensión me permite enlazar una curva tras otra con total confianza, porque la carrocería se mantiene firme en curva, sin oscilaciones de ningún tipo. La dirección, demasiado ligera para mi gusto, y más al tratarse de un coche deportivo, es comunicativa; en todo momento me informa de lo que pasa bajo el eje delantero. Asimismo, esta versión deportiva frena con decisión y sin agotamiento porque sus frenos opcionales, que cuestan 8.000 euros, son carbocerámicos. 

La última prueba la realizado desde parado, porque quiero comprobar si su aceleración es tan destacada como muestra en papel. Acomodado en el asiento, hundo el pie en el pedal derecho y sus 600 Nm catapultan este cohete de 1.695 kg en un santiamén. Además, acelera de 0 a 100 km/h en solo 3,9” y si no estuviese en Madrid, y sí en una Autobahn alemana, podría tocar el cielo rápidamente gracias a su punta de 307 km/h.

prueba Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático

Tras realizar la prueba del Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde automático puedo decir que la compañía italiana ha creado un 'cochazo', una máquina que cualquier amante del motor desearía tener en su garaje. Su trébol en el costado pone de manifiesto que estamos ante uno de los coches pata negra del mercado; y así es. Su imagen, su sonido y sus prestaciones hacen que sea un sueño, pero no solo de una noche de verano…  
 

Conclusión

Lo mejor

respuesta y sonido del motor, imagen deportiva, rapidez del cambio y sonido escape

Lo peor

Dirección demasiado ligera, ajustes del interior para el precio del coche

Y además