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Volvo V90, ¿mejor diésel o de gasolina?

Volvo V90

Hablamos hoy de uno de los familiares más lujosos del mercado, el Volvo V90, para resolver la duda entre elegirlo con un motor de gasolina, el T5, o con uno diésel, el D5, bajo el capó.

VÍDEO: Así es el Volvo V90 en movimiento

Si nos gusta el Volvo V90, ¿debemos comprarlo diésel o de gasolina? Para ayudarte a decidir entre los motores D5 y T5, hemos hecho un análisis en el que hemos tenido en cuenta una serie de datos para definir a partir de qué kilometraje conviene tener una mecánica de gasóleo, además de hablar de las virtudes de cada una de ellas. Sin duda, una elección complicada que, a la vez, nos deja con la tranquilidad de saber que en ningún caso nos vamos a equivocar.

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¿Cómo crepita el fuego en estos buques de lujo rodantes? En Volvo, es como si en algún lugar, ahí delante, flameara una acogedora chimenea. Ya sea con chasquidos secos y contundentes como en el gasolina, o con brasas incandescentes como en el diésel, eso es lo que uno siente que viene de debajo del capó. Y todo, claro, en el entorno lujoso y hogareño que corresponde a toda berlina de la marca sueca.

Quien vea en el Volvo V90 una alternativa deportiva a un SUV, se sentirá cálidamente acogido con los 250 CV del T5. Y se sentirá sorprendido de llevar un tracción delantera que, sobre asfalto seco, tiene un elevado nivel de grip y muy poca intervención en la respuesta de la dirección. Pero quien vea el V90 como la continuación de una prestigiosa saga de cómodos familiares de Volvo, se sentirá mejor correspondido con el D5. La variante diésel más potente tiene el mismo temperamento que el T5, pero con su mayor par de 480 Nm rueda con menos esfuerzo, lo que va a la perfección con el carácter relajado del sueco. Además, el comprador del diésel recibe tracción integral de serie, que transmite mejor la potencia al asfalto en invierno, o a la hora de llevar un remolque. Pero en cuanto a refinamiento de la respuesta no está entre las mayores virtudes de ambas mecánicas.

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Sí que destaca el diésel cuando nos fijamos en el consumo: en nuestro test ha gastado una media de 2,3 litros menos cada 100 kilómetros, alcanzando casi el dato dado por el fabricante, mientras el de gasolina ha consumido un 20% más que lo que promete la marca. El problema principal viene del precio de compra y es que el diésel es casi 6.000 euros más caro y, a pesar de contar con esa tracción integral, luego cuesta muchos kilómetros amortizar esa diferencia, concretamente 187.096 tras nuestros cálculos -hemos tenido en cuenta un precio medio de 1,22 euros para la gasolina 95 y de 1,17 para el gasóleo-. Por eso gana el gasolina, que aunque sólo cuenta con tracción delantera, se trata de un sistema que funciona a las mil maravillas.

VÍDEO: Volvo V90 Cross Country

Ya que hemos llegado hasta aquí, ¿quieres saber cuál es tu coche ideal?

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