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Viejas glorias: Honda NSX

La increíble historia del Honda NSX

El 'antiferrari': así se le bautizó en su época.

Apareció en 1990, pero llevaba gestándose más de media década. Ese era el nivel de perfeccionismo de los japoneses en aquel entonces. A los ejecutivos de Honda se les había metido entre ceja y ceja competir con los Porsche 911 y Ferrari 328 GTB. Y vaya si lo hicieron. Con una joya que dejó al mundo anonadado cuando salió al mercado y que hoy se ha convertido en una de esas legendarias y eternas viejas glorias: Honda NSX, el 'antiferrari', como se le conoció. Un deportivo cuya primera generación acumuló en 15 años una historia llena de curiosidades... y de fans incondicionales.

Es famoso, por ejemplo, que la carrocería se basó en el trabajo hecho con Pininfarina en 1984. Pero es menos conocido que el diseño del habitáculo, colocado muy adelante, en forma de burbuja y totalmente rodeado de vidrio, estaba inspirado en la carlinga del caza F-16 americano. La idea era que, como este, le diera al piloto una visibilidad de casi 360 grados. Muchas más cosas venían de la Fórmula 1 y otras competiciones en las que Honda estaba involucrada en aquellos años.

La increíble historia del Honda NSX

Porque el Honda NSX era un coche revolucionario en muchos aspectos. Lo primero, porque fue el primero de producción masiva con carrocería de aluminio. Algo que lo encareció muchísimo, aunque le ahorró 200 kg de peso. Pero es que también la suspensión era de este mismo material. Y, según Gordon Murray, creador del McLaren F1, era "impresionante". No es para menos, pues a afinarla contribuyó el mismísimo Ayrton Senna.

El motor era un V6 DOCH VTEC de 3.0 litros con distribución variable, 24 válvulas e inyección multipunto programada, que entregaba 270 CV y 283 Nm de par a 5.400 rpm. Con su transmisión manual de cinco marchas, su velocidad punta era de 270 km/h y aceleraba de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos. Sin embargo, lo increíble de este propulsor era la tecnología que desplegaba para la época: microprocesador de ocho bits para controlar electrónicamente el acelerador, el cigüeñal, la temperatura del líquido refrigerante y del aire de admisión... También un sistema de encendido con bobina para cada bujía, como el que llevaba el McLaren de Fórmula 1 de la época. O un sensor detrás del árbol de levas para la ignición, controlando que la chispa fuese homogénea y estable hasta las 8.000 vueltas.

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Todas estas innovaciones hacían de él un coche para auténticos especialistas. De hecho, es sabido que Gordon Murray lo tomó como inspiración para el McLaren F1, que estaba desarrollando justo en ese momento. "Aunque pensé que yo le hubiera puesto un motor más grande, porque el chasis lo permitía, es cierto que desde el momento en que conduje el 'pequeño' NSX, todos los Ferrari, Porsche y Lamborghini que había tomado como referencias hasta el momento se me borraron de la mente", escribió años después en un artículo en que reconoció haber 'robado' varias cosas a los japoneses para su obra maestra.

Tan adelantado era para su época que estuvo 15 años (hasta 2005) en producción sin que le pesara realmente. Solo un restyling necesitó, en 2001, básicamente para sustituir los ochenteros faros escamoteables por unos grupos ópticos más acordes con el momento. Después, estuvo 10 años en el dique seco hasta que la marca por fin se decidió a darle otra oportunidad, esta vez como deportivo híbrido. Pero esa es otra historia; una que todavía continúa, y que recoge el testigo de esta gran vieja gloria: Honda NSX.

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