La razón real por la que al Seat 600 de le llamaba ‘mirabragas’

El Seat 600 es uno de los coches con más motes de la historia, pero el de ‘mirabragas’ no es tan conocido y se debe a una combinación de formato y moda.

Poner nombre a un coche no es algo sencillo, pues hay que tener en cuenta muchos factores (gancho comercial, sonoridad en múltiples idiomas, dotarlo de significado, etc.) y nada asegura el éxito. Pero es que, además, existe la posibilidad de que luego los conductores le pongan un mote y que este encima no sea muy digno. Véase el caso del Seat 600, apodado como ‘mirabragas’.

Seguramente este sea uno de los motes menos conocidos del exitoso modelo de Seat, que posiblemente sea también uno de los coches con más ‘nicknames’ de la historia: Seiscientos, Ombligo, Pelotilla, Seíta o Seílla; por solo dar unos cuantos.

La mayoría de ellos eran graciosos o se trataban de derivaciones de su nombre oficial, pero no ocurre así con el de ‘mirabragas’. ¿De dónde salió?

De la ocurrencia española, como suele pasar en estos casos, pero que en éste en concreto está completamente justificado por la morfología del automóvil y, en concreto, por el tipo de puertas que utilizaba.

El 600 empezó a venderse en 1957 con una versión que acabó denominándose como la N, por aquello de ser el ‘normal’, la variante estándar del modelo. Empleaba un pequeño motor de 633 cc que solo desarrollaba 21 CV, pero la mecánica es lo de menos, lo que importa para el tema que nos ocupa es su diseño.

Ya lucía su forma característica, que el 600 D, en 1963, mantuvo aunque con cambios en los faros, y contaba con un sistema de apertura de puertas que por aquel entonces era más común, pero que hoy por hoy está en desuso salvo por Rolls-Royce: las puertas suicidas.

Llamadas así porque se utilizaban por la mafia para matar a gente o tirar cadáveres, pareciendo que se habían suicidado al tirarse en movimiento desde el coche, éstas puertas tienen la bisagra en la parte trasera, en la lugar de en la delantera, por lo que se abren al revés de como estamos habituados.

Hasta ahí, ningún indicio que lleve al mote de ‘mirabragas’, pero hay otro aspecto clave que entra en juego: el momento en el que se lanzó al mercado el Seat 600.

Fue en los años 60, cuando fue tremendamente popular, y cuando coincidió con una nueva prenda de ropa que también causó furor entre las masas: la minifalda.

La conjunción de ambos elementos hizo que se ganara el mote, puesto que cuando una mujer que llevaba minifalda se subía o bajaba del coche, dado que la puerta se abría hacia atrás, dejaba toda la parte delantera al descubierto, lo que hacía que, incluso aunque se tuviera cuidado, fuera bastante probable que se le pudiera ver la ropa interior.

Este rasgo de diseño no se extendió a toda la gama del modelo, puesto que el Seat 600 E, que empezó a venderse en 1969, cambio el formato de las puertas a un sistema convencional. Sin embargo, dado que todos los 600 durante más de una década lo habían usado, el mote de ‘mirabragas’ ya estaba fuertemente instaurado en la sociedad.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España