El nuevo radar de tramo que ha instalado la DGT para empezar el nuevo curso

Primero avisos, después multas.

Los radares de tramo son ya habituales en la geografía española. La Dirección General de Tráfico (DGT), viendo que al final los conductores tienen sus tejemanejes para identificar y burlar a los radares fijos y móviles, ha apostado por este formato, mucho más difícil de “torear”. Para terminar el verano, ha añadido uno nuevo a su repertorio.

Éste se encuentra ubicado en la autopista A-8, a la altura de Saltacaballo en Castro Urdiales, en la comunidad autónoma de Cantabria. 

Lo cierto es que ha experimentado varios retrasos, puesto que en un primer momento estaba anunciada su puesta en marcha para el pasado mes de julio, pero no estuvo operativo a tiempo. Más adelante se dijo que se activaría en agosto, pero tampoco se pudo llevar a cabo.

Finalmente va a ser en septiembre, coincidiendo con el final de las vacaciones y con el comienzo de la vuelta al colegio, cuando comenzará a operar. 

Como es habitual, en una primera etapa el radar de tramo solo enviará avisos a los conductores que “cace”, aunque cuando se estime que los usuarios ya deberían ser conscientes de su presencia (tanto por los avisos como por los anuncios que va a hacer la DGT), empezará a poner multas. 

El tramo que va a cubrir se extiende durante 6 kilómetros de la A-8 que unen el viaducto de Ontón y la entrada sur de Castro Urdiales, Sámano. Es un tramo bastante largo, que le coloca entre los primeros puestos en este aspecto entre los más de 90 dispositivos de este tipo que hay distribuidos por las carreteras españolas.

Que la institución se decante por esta tipología de radar en lugar de por los otros es algo lógico, básicamente porque es más difícil de burlar y porque es más efectivo a la hora de conseguir su cometido: que los conductores no superen cierta velocidad en una zona concreta.

Con los normales y los móviles, cualquier usuario de la carretera puede ir circulando por encima, clavar frenos antes de pasar por el dispositivo y luego volver a acelerar a la marcha que consideren oportuna. 

Esto no solo no aumenta la seguridad de la vía, si no que además hace que ésta sea incluso más peligrosa en ese punto, ya que con las desaceleraciones bruscas se pueden producir accidentes. 

El funcionamiento de un radar de tramo precisamente evita eso.

Está conformado por un arco de entrada y uno de salida situado a una distancia indeterminada. El sistema lo que hace es registrar la hora en la que el vehículo pasa por el primero y la hora en la que supera el segundo, calcula el tiempo y, si es inferior al necesario para recorrer la distancia a la velocidad máxima permitida, el usuario es multado.

De esta manera, aunque el conductor quiera ir más rápido, siempre va a tener que bajar la velocidad anormalmente para poder conseguir una media (o un tiempo, que viene a ser lo mismo), que se ajuste a la legalidad permitida. Además, al ser más difícil de calcular, son muchos los usuarios que incluso van todavía más despacio para asegurar que no son multados.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España