No lo vimos venir: Madrid construye otro circuito y ya está abierto al gran público todos los días

Las obras de soterramiento de la A-5 en Madrid dibujan un circuito urbano con curvas cerradas al que deben enfrentarse los conductores que circulan por ella.
El soterramiento de la A-5 en Madrid avanza sin pausa y, con él, se multiplican los desafíos de movilidad en una de las arterias más transitadas de la capital. Bajo el asfalto de esta autovía, que soporta hasta 5.000 vehículos por hora, se dibuja ya el futuro túnel que transformará la entrada y salida del suroeste de Madrid.
Sin embargo, mientras las tuneladoras y piloteras continúan con su labor, los conductores se enfrentan cada día a un escenario provisional marcado por desvíos, giros bruscos y un tráfico en constante adaptación, una especie de circuito urbano al que se enfrentan todos los vehículos que transitan por esta vía.
Desde el pasado mes de febrero, el sentido salida de Madrid permanece completamente cerrado al tráfico. La decisión permitió concentrar los trabajos en la instalación de pilotes y en la excavación inicial del subterráneo, pero obligó a redirigir la circulación en sentido entrada.
Según el calendario municipal, el objetivo es que a finales de este año se logre trasladar progresivamente todo el flujo de vehículos al carril contrario, de modo que la obra pueda avanzar hacia la siguiente fase.
Si se cumplen los plazos, entre diciembre de 2025 y enero de 2026 el cambio de sentido quedará consolidado, y durante ese mismo año se iniciará la construcción de los pilotes en dirección salida. El túnel completo podría estar en servicio en noviembre de 2026, según las previsiones iniciales.
Molestias para los vecinos y un circuito urbano para los conductores
La transición, no obstante, no está resultando sencilla. Los desvíos habilitados han obligado a diseñar curvas de hasta 120 grados en puntos estratégicos, como las inmediaciones del metro Casa de Campo, la salida hacia la calle Yébenes y la zona próxima a la calle San Manuel.
Para muchos conductores habituales, estos giros representan un riesgo añadido: obligan a frenar bruscamente en tramos donde, por inercia, algunos vehículos llegan a gran velocidad pensando que la vía continúa recta. “Son necesarios, pero demasiado cerrados”, coinciden vecinos del distrito de Latina que cada día utilizan la A-5 para desplazarse al centro.
En redes sociales, varios usuarios han expresado su malestar, reclamando más señalización y espacio de maniobra. “Las curvas no se avisan con la antelación suficiente, y hay coches que atraviesan la calzada de forma peligrosa”, denunciaba un conductor en la plataforma X (anteriormente Twitter).
Otros relatan la tensión de circular en horas con menor congestión de tráfico, cuando la ausencia de atascos provoca que algunos conductores aceleren más de la cuenta, ignorando que la carretera se interrumpe en apenas unos metros.
El Ayuntamiento de Madrid reconoce las molestias, pero defiende el avance del proyecto. El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, recuerda que cualquier obra de gran envergadura conlleva incomodidades y puntos conflictivos.
“Estamos monitorizando en todo momento las condiciones de movilidad y seguridad, y si es necesario, se introducirán modificaciones en los itinerarios”, ha señalado el responsable municipal. A su juicio, el cumplimiento del calendario es prioritario y, gracias a un refuerzo de recursos humanos y técnicos, los trabajos mantienen el ritmo previsto.
Madrid en obras
El soterramiento de la A-5 no es un caso aislado. Coincide con otras intervenciones de gran calado en la ciudad, como el cubrimiento de la M-30 en Ventas, la reordenación del Paseo de la Castellana o las obras del nuevo intercambiador de Conde de Casal.
Estas actuaciones han convertido septiembre en una auténtica “prueba de fuego” para la movilidad en Madrid, obligando al Ayuntamiento a desplegar un plan especial con más servicios de la EMT, mayor presencia de agentes de movilidad y recomendaciones de rutas alternativas.
Los primeros datos apuntan a que la estrategia empieza a dar resultados. Según cifras oficiales, la red de autobuses municipales ha experimentado un crecimiento del 10% en el número de viajeros respecto a 2019, mientras que en algunos tramos afectados por obras el tráfico privado ha llegado a reducirse un 2%.
Carabante valora estas cifras como un signo de que los madrileños están atendiendo a las recomendaciones y apostando por el transporte público. Aun así, insiste en que el plan de movilidad está bajo revisión constante y que en las próximas semanas se evaluará si es necesario reforzarlo aún más.
Mientras tanto, los madrileños que atraviesan la A-5 cada día se han convertido en testigos directos del pulso entre la obra y la ciudad.
Convivir con giros inesperados, frenazos repentinos y desvíos cambiantes se ha convertido en parte de la rutina, una rutina que, de cumplirse los plazos, dará paso a un túnel destinado a transformar la conexión entre la capital y el suroeste de la región. Hasta entonces, queda por delante un largo trayecto de obras, ajustes y paciencia al volante.

