Ni la crisis energética ni la competencia desde China, estas son las tres explicaciones para que el precio del diésel esté por los suelos

El precio del diésel está por los suelos, lo cual supone un gran alivio para millones de conductores. Te damos tres razones que explican este inesperado escenario.
Hace varias semanas que casi da gusto ir a una gasolinera a repostar (entiéndase la ironía, comparado con meses atrás). El precio de los combustibles ha caído bastante, especialmente, el gasóleo, lo cual supone una gran noticia para muchos conductores. Te vamos a dar las tres explicaciones para que el precio del diésel esté por los suelos.
Si sueles visitar las estaciones de servicio, te habrás percatado de que el precio de la gasolina y le diésel han bajado en las últimas semanas. En estos momentos, el litro de gasolina 95 se paga a 1,460 euros de media y el de gasóleo a 1,366 euros, según el portal dieselogasolina.com.
Pero hay lugares de España donde los surtidores marcan precios aún más bajos, en el entorno de los 1,32 euros/litro para la gasolina y 1,25 euros/litro para el diésel.
Son valores que hacía mucho tiempo que no se veían y que quedan muy lejos de los máximos históricos alcanzados en el verano de 2022, cuando ambos carburantes superaron la barrera de los 2 euros por litro.
¿Qué explica esta tendencia bajista en el precio de los combustibles, sobre todo, del diésel? Principalmente, hay tres motivos que desarrollamos a continuación.
El aumento de la producción de la OPEP+

El motivo principal por el cual el precio del diésel está por los suelos (comparado con meses atrás) es el aumento de la producción de petróleo por parte de la OPEP+, la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
Esta organización se creó en 1960 como OPEP, por Arabia Saudí, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela. Con el tiempo, se ha ampliado hasta sumar 13 miembros. En 2016 firmó un acuerdo con otros diez países productores de petróleo, entre ellos, Rusia, dando lugar a la OPEP+.
La organización actúa como un cártel y se reúne periódicamente para fijar los objetivos de producción de crudo y coordinar la producción para ayudar a gestionar los precios mundiales del petróleo para todo el grupo.
Pues bien, tras meses de incertidumbre, la OPEP+ ha decidido incrementar la producción de petróleo el próximo junio, tras el incremento establecido en mayo, lo cual ha desencadenado una bajada significativa en los precios internacionales del crudo, como explican desde Grupo Moure.
En tan solo una semana, el barril de Brent ha caído un 4,6%, mientras que el de WTI lo ha hecho en un 5,1%. En lo que va de años, ambos índices de referencia acumulan una bajada de alrededor del 20%. En el momento de escribir este artículo, el precio del Brent se sitúa en 66,32 dólares.

Como explica Manel Montero, director general de Grupo Moure, la caída del precio del petróleo se debe a “la decisión de la OPEP+ de aumentar la producción de petróleo ha provocado una caída del precio del crudo, afectando a las empresas del sector”.
“En este contexto, los distribuidores seguramente tengamos que afrontar menores márgenes de beneficio y las refinerías deberán adaptarse a precios volátiles”, añade.
Se estima que este escenario se mantendrá si se prolonga la actual desaceleración económica global y continúan los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
Esta significativa reducción ya se está reflejando en los mercados mayoristas, lo que anticipa una etapa de menor presión sobre los costes energéticos. Sin embargo, se mantiene el contexto volátil, debido a que el aumento de la producción de petróleo se produce en un momento de demanda débil y elevada incertidumbre.
La guerra comercial entre Estados Unidos y China

Tenemos claro que el precio de los combustibles ha bajado por el aumento de la producción de petróleo. Es lógico: cuando aumenta la oferta, baja el precio. Claro que, la otra parte de la ecuación es la demanda, que también ha caído.
Y esto se explica por el actual contexto de guerra comercial en el que ha entrado el mundo desde que Donald Trump juró el cargo como presidente de Estados Unidos.
Una guerra que ha generado incertidumbre por la política arancelaria de Trump, lo que ha provocado, por un lado, la previsión de vender menos ante precios más altos, dando lugar a todo tipo de excedentes y la obligación de adaptarse a una demanda más baja, por tanto, también a la necesidad de menos energía.
Por otro lado, esa política de Trump ha hecho también que, ante la previsión de precios más altos por los aranceles, muchas empresas hayan adelantado sus compras en los meses anteriores para hacer acopio.
Es importante conocer las causas que han desatado esta guerra comercial entre Estados Unidos y China, porque nos ayudará a comprender mejor lo que está pasando, dejando a un lado prejuicios ideológicos.

En los últimos 25-30 años, China le ha comido la tostada a Estados Unidos en lo que respecta al comercio mundial y las exportaciones. En el año 2000, Estados Unidos era el claro dominador y ahora ese control lo tiene China.
Donald Trump quiere recuperar el terreno perdido y uno de los puntos claves para conseguirlo es convertir a Estados Unidos en el mayor distribuidor de petróleo. Es decir, vender petróleo a buena parte del mundo, incluida Europa.
Para eso, necesita que el precio del crudo esté barato, para comprar a un precio bajo y luego revenderlo a un precio alto, obteniendo un margen de beneficios. Lo mismo quiere hacer con el gas.
Por eso Trump quiere acabar cuanto antes con la guerra en Ucrania y quedarse con sus infraestructuras gasísticas; por eso Trump quiere llegar a un acuerdo con Rusia (para comprarle su petróleo y gas); y por eso en febrero, poco después de llegar a la Casa Blanca, se reunieron en Arabia Saudí los jefes de la diplomacia de Estados Unidos y Rusia, Marco Rubio y Serguei Lavrov.
La elección de Riad, capital de Arabia Saudí, no fue casual. Arabia Saudí es el país que lidera la OPEP. Donald Trump lleva tiempo pidiendo a la OPEP que aumente la producción para que baje el precio del petróleo. Y eso entronca con lo explicado en el punto anterior.
Se retrasa (otra vez) el impuestazo al diésel

El tercer motivo que explica que el diésel esté por los suelos en España tiene que ver con una cuestión más interna y es que el impuestazo al diésel del que tanto se viene hablando desde hace tiempo no se concreta.
En principio, estaba previsto que el Gobierno aprobara a finales de marzo la subida del impuesto al diésel para equiparar el precio de este combustible al de la gasolina, tal y como había exigido la Comisión Europea para acceder al quinto paquete de los fondos Next Generation, de 25.000 millones de euros entre transferencias directas y préstamos.
Estos fondos tienen como objetivo oficial paliar las consecuencias económicas de la pandemia y consolidar políticas sociales, medioambientales y tecnológicas. Finalmente, el plazo se extendió hasta el 11 de abril y la aplicación del nuevo gravamen debía entrar en vigor justo antes de Semana Santa, como te contamos en AutoBild.
Pero el Ejecutivo tiene un problema: su debilidad parlamentaria. La subida del impuesto al diésel debe tramitarse en el Congreso y no cuenta con el apoyo necesario entre sus socios de investidura.
El impuestazo al diésel supondría acabar con la ventaja fiscal que ha gozado siempre este combustible frente a la gasolina y un incremento de unos 5 euros por cada repostaje para un depósito medio de unos 45 litros.
