La inteligencia artificial ya forma parte de tu coche, así la estás usando y todavía no lo sabes

La IA se ha integrado en los coches que conducimos de manera paulatina, pero ya está presente en más áreas de las que cabría imaginar.
Hace no tanto, la inteligencia artificial (IA) sonaba a algo del futuro, a ‘Terminator’, a ‘Yo, robot’ y, en términos generales, no daba muy buena espina. Sin embargo, en cuestión de un par de años se ha convertido en algo que casi todo el mundo utiliza en su día a día. Lo curioso es que, en muchos casos, ni siquiera lo saben, como ocurre con los coches.
La IA es algo tan vasto y complejo que tiene aplicaciones casi infinitas, así que, en un sector en que también es cada vez más complejo, como es el del automóvil, los distintos fabricantes lo están utilizando en múltiples áreas, algunas de ellas que ni siquiera te puedes imaginar.
Empezamos por las que nos resultan más familiares, en concreto una con la que cualquiera lidia, porque la tiene incluso en la palma de su mano: los asistentes virtuales. Estos llevan existiendo desde hace años, pero durante mucho tiempo fueron robóticos y era difícil utilizarlos, algo que se ha solventado con la llegada de la IA.
En el caso de los coches, los asistentes virtuales son la evolución de los comandos de voz. Estos, tradicionalmente, fueron concebidos para poder seleccionar funciones del vehículo sin tener que tocar nada para así evitar distracciones. Sin embargo, dado que solo reconocían órdenes muy concretas, en realidad acababan por no resultar útiles.
La incorporación de la inteligencia artificial está eliminado este inconveniente de manera progresiva. Son más fáciles de activar, puesto que basta con dirigirse al coche, y es posible hablar con ellos con lenguaje natural, como si de una conversación se tratase, lo que hace todo el proceso sea más fluido.
Es posible gestionar múltiples aspectos (climatización, entretenimiento, llamadas, redacción de mensajes, etc.), pero es que además la IA va aprendiendo de los gustos del usuario, por lo que cada vez puede dar respuestas más rápidas o adaptar distintos parámetros (la temperatura o el volumen de la música) antes de que el conductor lo pida siquiera.
Además, tiene un potencial tremendo en la navegación. Aprendiendo de los gustos del conductor y de sus costumbres, puede hacer sugerencias que puedan ser de interés en un viaje, hacer el cálculo de una ruta en función de la velocidad a la que suele conducir, establecer paradas con la frecuencia que suele hacerlas o programar los parones para recargar el coche eléctrico y perder el menor tiempo posible.
Pasando a otra área en la que está teniendo un impacto notable, está el de los sistemas de asistencia a la conducción (ADAS). Éstos cada vez están más presentes en los automóviles (muchos son obligatorios para conseguir buenas puntuaciones en Euro NCAP) y la IA los lleva al siguiente nivel.
Aprendiendo de los hábitos al volante de los usuarios y comparando datos a través de los coches conectados, es posible perfeccionar el funcionamiento de sistemas como la frenada automática de emergencia o el de mantenimiento de carril, consiguiendo que sean más precisos y que la conducción sea más segura.
Esto es la base de lo que será a una escala mayor la conducción autónoma, puesto que el desarrollo de los sistemas para que el coche se conduzca por sí mismo se está acelerando.
Por último, un área en la que no se piensa en relación con la inteligencia artificial es en como ésta puede predecir averías. Con una IA gobernando los distintos sistemas que hay en un vehículo (y que cada vez son más numerosos), ésta puede analizar los distintos patrones y datos que le suministran, para detectar si todo está como es habitual o si hay cambios.
Así, cuando nota que hay una modificación, puede compararla con datos recogidos por otros vehículos para identificar un problema o avería antes de que se produzca. Además, también puede recomendar ciertas tareas de mantenimiento preventivo para que el coche esté a punto antes de empezar a tener problemas.
La IA en el mundo del automóvil, fuera del coche
No todas las aplicaciones de la inteligencia artificial en el mundo del motor tienen que ver con lo que hacemos dentro del vehículo. Las marcas ya la utilizan en el propio diseño de los mismos, a la hora de llevar a cabo simulaciones e incluso en su propia fabricación.
Sin embargo, en este punto queremos hablar de otros factores que tienen que ver con tu conducción en el día a día, pero que no controlas, como son, por poner dos ejemplos, los semáforos y los radares.
Del primer caso hay un ejemplo en España, puesto que Córdoba ha instalado unos que tienen como objetivo ayudar a las personas con necesidades especiales (está cerca de un centro de persona mayores, también para personas de movilidad reducida).
El enfoque de esta tecnología está claro: se puede utilizar para optimizar el flujo del tráfico, adaptando el tiempo que el semáforo está en rojo o en verde en función de por dónde vengan más coches, alargando el tiempo si alguien que cruza el paso de peatones va más lento de lo normal, etc.
En cuanto a los radares con inteligencia artificial, su finalidad seguramente no sea tan bien recibida por los conductores, puesto que en este caso la IA se utiliza para aumentar el potencial sancionador de los cinemómetros.
Así, gracias a esta tecnología las cámaras son capaces de vigilar múltiples carriles a la vez, distinguiendo en cuál de ellos se está produciendo la infracción de velocidad. Pero no solo eso, también pueden integrar sistemas para detectar otros tipos de infracciones, tales como no llevar el cinturón puesto, manipular un teléfono móvil mientras se va al volante, etc.
Todo esto debería acabar combinándose en la ciudad inteligente y conectada. Utilizando la tecnología V2X (vehicle to everything, vehículo a todo), los coches no estarán conectados solo entre ellos, también lo estarán con la infraestructura.
Esto resultará en un ecosistema integrado en el que, gestionando toda la información proveniente de todos los puntos, la IA pueda optimizar los flujos de circulación para eliminar atascos, abrir camino a vehículos de emergencias, etc.; para llegar a un punto en el que las víctimas al volante o por accidentes de tráfico sean cero.
