La historia del Ford ‘Big Red’, un gigantesco camión a turbina creado en los 60

La locura de Ford
Prácticamente, desde que nació la industria del automóvil, la búsqueda de mecánicas eficientes ha sido una constante, no es algo nuevo de ahora. Y en la década de los 50 y 60, los motores a turbina eran considerados el futuro. Eso llevó a Ford a crear un Thunderbird a turbina en 1955 y este Ford ‘Big Red’, un gigantesco camión a turbina creado en los 60.
Igual que hoy la industria a punta hacia la electrificación, incluso al hidrógeno en el caso de los vehículos pesados, a partir de los años 50 los motores a turbina eran considerados como la solución para encontrar la mejor eficiencia. Algunos fabricantes hicieron experimentos en este campo, no solo Ford, también Chrysler.
A esto hay que sumar que los años 50 y 60 del siglo pasado fue una época de gran desarrollo y crecimiento en Estados Unidos en todos los niveles, también en las infraestructuras. Muchas autopistas empezaron a proliferar por todo el país, mejorando la comunicación entre los diferentes estados.
No hay que olvidar tampoco el contexto internacional. En plena Guerra Fría, los norteamericanos rivalizaban en absolutamente todo contra los soviéticos y eso se reflejaba también en la industria automotriz. El ‘Big Red’ suponía también una manera de “sacar músculo”.
La historia del Ford ‘Big Red’, el gigantesco camión a turbina

El Ford ‘Big Red’ fue presentado en la Feria Mundial de Nueva York de 1964. Para entonces, Lyndon B. Johnson ocupaba la presidencia de los Estados Unidos, tres el asesinato de Kennedy en 1963.
El ‘Big Red’ fue diseñado para cubrir largos trayectos por las nuevas autopistas que se estaban construyendo en todo el país. Como puedes imaginar, su nombre hacía referencia a su color y su tamaño.
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Estéticamente, el camión de Ford tenía una gran cabina con una calandra y un grupo de ópticas ubicados en la parte inferior, rodeado de superficies cromadas. Tenía un parabrisas inclinado que dibujaba una silueta en forma de cuña, algo peculiar en un camión.
Medía casi cuatro metros de alto y tenía una longitud de 29,2 metros con sus dos remolques enganchados. Solo la cabina superaba los seis metros de largo. Todo esto hacía que el ‘Big Red’ tuviese un aspecto inconfundible, además de imponente. No queremos imaginar lo que sería mirar por el retrovisor y ver semejante mole acercarse.
Una casa por dentro
Pero Ford no solo quería mostrar músculo y diseñó un interior realmente acogedor, que sirviera al conductor en sus largas travesías. El acceso era a través de una puerta que se abría automáticamente, mediante un mecanismo de aire y una escalerilla se desplegaba para facilitar la operación.
El interior contaba con todo tipo de comodidades. Se podría decir que era una mezcla de camión y autocaravana, porque prácticamente se podía vivir dentro. Tenía un fregadero, un inodoro, un dispensador de bebidas, una nevera, honor eléctrico, un televisor… todos los lujos de la época.
Los asientos eran de piel y tenían regulación. En la cabina, había una consola central y todo tipo de relojes para controlar los diferentes parámetros del camión.
Un motor a turbina con un consumo desorbitado
Aunque el equipamiento del ‘Big Red’ era impresionante, lo realmente llamativo de este camión, al margen de su aspecto, era su mecánica. Estaba animado por un motor a turbina de gas diseñado para la marina.
Era un motor que desarrollaba 600 CV brutos (unos 560 CV netos) ¡a 36.000 vueltas! Pero este régimen de giro tan alto era rebajado hasta por encima de las 3.000 rpm mediante planetarios para que fuera soportado por la transmisión automática Allison de cinco relaciones.
Con esta configuración, el camión era capaz de alcanzar una velocidad de crucero de 112 km/h y tenía una autonomía de 1.066 kilómetros, gracias a unos depósitos de más de 1.000 litros. Y ahora viene lo más sorprendente: ¡tenía un consumo de más de 90 litros cada 100 km! Este era, precisamente, uno de los problemas de los motores a turbina.
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Oculto durante 40 años
El Ford ‘Big Red’ fue un proyecto dantesco en todos los sentidos, pero, como puedes imaginar, era imposible llevarlo a producción, debido a los elevados costes que suponía. Ya una década antes tuvo que abandonar otro programa experimental, un Ford Thunderbird con motor a turbina Boeing, por su alto coste.
El camión a turbina de Ford desapareció en los años 80 y nunca más se supo de él, hasta que el año pasado la publicación The Drive lo descubrió. Desde entonces, pertenece a un multimillonario estadounidense quien lo restauró, aunque solo conserva la cabina. Los remolques fueron vendidos a equipos de carreras. El propietario no ha querido desvelar su identidad.
Cuando el propietario compró el ‘Big Red’ no tenía el motor a turbina. El motor original montado en 1964 era un bloque 705. En su lugar, se instaló una versión mejorada y más eficiente, llamada 707, con 530 CV y es la que sigue funcionando hoy.