Nunca debes apagar el motor al terminar un viaje en un diésel y esta es la razón que esgrimen los expertos

Se trata de una medida preventiva que no cuesta llevar a cabo y que puede evitar que se produzca una de las averías más caras que puede sufrir el coche con un motor de gasóleo.

Es algo que seguramente hayas escuchado en más de una ocasión: “Si haces un viaje largo en coche, especialmente si es un diésel, cuando llegues a tu destino tienes que dejar el vehículo encendido un par de minutos antes de apagarlo”. ¿Es así? ¿Qué hay de cierto en esta afirmación y por que habría que llevar a cabo esta práctica?

La respuesta corta es que sí, hay que dejar reposar un motor después de un viaje largo, sin embargo, hay una confusión respecto al tipo de motor que necesita ese reposo.

Tiende a decirse que son los bloques que utilizan gasóleo, pero es un error: los propulsores a los que resulta conveniente dejar reposar tras recorrer muchos kilómetros es a los motores que tienen turbo, indistintamente de si utilizan diésel o son de gasolina.

La confusión, eso sí, tiene cierta lógica y es que, desde hace tiempo, todos los bloques de gasóleo que se venden en el mercado están turboalimentados, por lo que se les asocia, mientras que entre los gasolina, aunque el turbo es un elementos muy presente, siguen existiendo representantes que son de aspiración natural y en los que no es necesaria esta práctica.

Ahora bien, tras establecer cuáles son los motores con los que hay que tomar esta medida preventiva, vamos al quid de la cuestión: ¿por qué hay que dejar reposar un motor turbo después de realizar un viaje largo?

Se trata de un motivo mecánico que en realidad no es precisamente complejo. Vamos a desgranarlo en profundidad.

Para que un sistema de propulsión funcione como es debido tiene que estar caliente, entre otras cosas, para que el aceite lubrique bien todos los componentes. Es por eso que al arrancar conviene dejar un poco el automóvil al ralentí, especialmente cuando se está a bajas temperaturas.

Es algo que no cuesta y con lo que la gente está familiarizada, así que realiza de manera más o menos habitual.

Pero, si lo importante es que el coche coja calor, ¿qué necesidad hay de mantenerlo encendido cuando se termina un viaje, si ya no va a funcionar? Hay que hacerlo para cuidar del turbo, porque de lo contrario éste puede llegar a romperse.

El turbo se encarga de forzar la entrada de aire en el motor con el objetivo tanto de aumentar el rendimiento como de conseguir reducir el consumo y rebajar las emisiones contaminantes. El problema es que, para realizar su función, alcanza temperaturas muy elevadas y para que se conserve sin averías conviene dejar que se refrigere.

Si en vez de darle tiempo a perder temperatura, se apaga el motor directamente, se corre el riesgo de que los rodamientos se averíen.

Esto se debe a que al cortar la corriente, se corta también la lubricación, por lo que el turbo seguirá girando durante un tiempo sin esa ayuda, lo que puede provocar desgaste prematuro y una rotura. Además, debido a la alta temperatura que habrá en su interior, el aceite que quede dentro, sin moverse, corre el riesgo de carbonizarse.

Es un problema importante (y costoso), pero que se puede evitar de una manea muy sencilla: tan solo hay que dejar el coche encendido al ralentí durante unos minutos, con un par basta. Con este tiempo se disipará parte del calor, bajará la temperatura y así el turbo no tendrá que girar “en vacío” sin lubricación, lo que hará que se libre de una avería.

Es importante tener en cuenta que esta práctica solo es necesario llevarla a cabo cuando se trata de viajes largos, pues es en ellos, en los que el motor trabaja durante mucho tiempo, cuando eleva su temperatura de manera considerable.

En trayectos del día a día y recorridos cortos no hace falta esperar al llegar, puesto que el sistema no se ha calentado suficiente como para dar problemas.

¿Cuánto cuesta una avería del turbo?

En caso de no ser cuidadosos con el turbo, éste puede romper, y es algo que te aseguramos que no quieres que ocurra, puesto que se encuentra entre las 10 averías más caras que puede experimentar el coche.

Así lo recoge el RACE, quien estima que repararlo supone unas 11 horas de mano de obra y tiene un coste total de unos 2.800 euros, aunque dependiendo de la complejidad del sistema puede ser una cuantía incluso más elevada.

Mientras que en otras operaciones es lo difícil que es acceder a la pieza y lo que cuesta desmontarla y montarla lo que encarece la factura, en el caso del turbo la mayor parte del montante corresponde al elemento en sí, que es uno de los más caros del vehículo.

Otras consideraciones para mantener el turbo en buen estado de forma son utilizar un buen aceite de motor, cambiarlo cuando toque y también utilizar buenos filtros, reemplazándolos con la regularidad recomendada por el fabricante.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España