Cuatro razones por las que el coche autónomo sigue siendo una absoluta utopía

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Hace unos años la conducción autónoma estaba en boca de todos. Sin embargo, tras un boom de atención inicial enorme, quedó relegada a un segundo plano, dejando la atención de los focos a los coches eléctricos, pero desarrollándose de manera progresiva. 

Ahora parece que estamos a punto de que el coche autónomo sea una realidad, pero lo cierto es que todavía sigue siendo una absoluta utopía. ¿Llegará? Seguramente, pero todavía queda mucho para ello y tenemos cuatro razones para argumentar nuestra postura.

Tecnología

No hay duda de que la tecnología de conducción autónoma ha avanzado de manera considerable en los últimos años y muestra de ello es que cada vez más coches cuentan con una dotación más completa de asistentes de conducción que hacen que circular sea más seguro.

Ahora bien, actualmente los sistemas de asistencia están en su punto, pero otra cosa muy distinta es hablar de que éstos tomen el control del coche por su cuenta. 

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Los progresos en este campo son notables y apuntan en una buena dirección, pero de manera constante llegan noticias de accidentes en pruebas con coches autónomos que dejan claro que la tecnología todavía está verde en este aspecto. 

Siendo honestos, todavía queda tiempo para que un automóvil circule solo por la carretera con los mínimos riesgos posibles. Es algo que acabará llegando, pero todavía falta pulir la tecnología para que sea algo realmente seguro y que evite más problemas de los que cree.

La confianza de usuarios y conductores

Dichas noticias sobre accidentes hacen que la opinión pública respecto a los coches autónomos no termine por decantarse por darle el visto bueno. Los conductores, que se convertirían en usuarios cuando llegue, no lo tienen del todo claro, tienen dudas al respecto y es algo lógico.

Implementar la conducción autónoma supondrá un cambio de paradigma radical y también lo será a nivel mental, pues los usuarios de las vías (también peatones y ciclistas) tendrán que acostumbrarse a ver un vehículo sin nadie al volante y tener la certeza de que no les van a atropellar.

Para que eso ocurra serán necesarias pruebas constantes de que estos sistemas funcionan siempre de manera correcta y que el margen de error que manejan es ínfimo. Todavía no se ha llegado a ese punto y es difícil que las personas lo acepten hasta no contar con dicha seguridad.

Convivencia entre coches tradicionales y autónomos

La tecnología autónoma, cuando esté desarrollada, a priori será más segura que un coche conducido por una persona, puesto que la capacidad de procesado, anticipación y comunicación de aquellas es superior a la nuestra.

Esto hace que, cuando todos los vehículos sean autónomos, la idea al menos sea que la circulación se convierta en un coordinado y satisfactorio ballet por carretera. Pero, ¿y mientras esos precisos coches sin conductor tengan que coexistir con automóviles tradicionales con “torpes e impredecibles” pilotos humanos?

La respuesta corta es que habrá problemas, simple y llanamente. Ocurrirá porque serán dos mundos completamente distintos. 

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Las personas seremos menos fiables al volante, pero la intuición humana, la capacidad de reacción y la posibilidad de interpretar lo que van a hacer otros conductores están ahí y todos estamos dentro de esa dinámica.

Introducir en la ecuación vehículos que harán lo correcto en cada momento puede parecer buena idea, pero, ¿serán capaces de interactuar con nosotros y responder, por ejemplo, a movimientos imprevistos o que no tengan sentido?

La época en la que cohabiten coches con conductor y coches sin conductor será un campo de pruebas interesante, por no decir un campo de minas.

Marco legal

Todo lo que hemos hablado hasta ahora son problemas importantes, pero el mayor escollo al que se enfrenta el coche autónomo es a la legalidad: avanza a un ritmo considerablemente inferior de la tecnología.

Así, aunque es posible que a día de hoy ya estén listos prototipos que, con algunas consideraciones, puedan circular por sí mismos en el tráfico real, lo cierto es que no hay un marco legal que permita que circulen y establezca de qué manera pueden funcionar, de quién sería la responsabilidad en caso de accidente, etc.

Por el momento lo único que hay en firme es que a partir de verano se permitirán los vehículos con nivel 3 de autonomía en Europa, pero (siempre hay un pero), aunque ese sea el marco del Viejo Continente, a la hora de la verdad será cada país el que adapte su propia reglamentación. 

Hablamos de una conducción asistida en la que el piloto todavía tiene que estar alerta y pendiente en todo momento, y aún así su implantación traerá cola, así que pensar en la conducción autónoma total se antoja como algo lejano y que traerá muchos quebraderos de cabeza a nivel legal.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España