Cuando comprar un coche de lujo se convierte en una experiencia terrible: huele su interior y pide al concesionario que le devuelva 12.000 euros

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Esto le ha pasado al cliente de un concesionario, que compró un Ford Edge en un concesionario de coches del norte de Finlandia. 

Cuando comprar un coche de lujo se convierte en una experiencia terrible: huele su interior y pide al concesionario que le devuelva 12.000 euros. Esto le ha pasado al cliente de un concesionario, que compró un Ford Edge en un concesionario de coches del norte de Finlandia. Como has podido leer, todo acabó mal.

Según podemos leer, esta unidad era de ocasión. Tenía cuatro años en el momento de la compra y había recorrido 145.000 kilómetros. Tras unas semanas con su nuevo coche, el cliente comenzó a notar cosas extrañas, ruidos que no deberían de escucharse y un comportamiento anómalo de la unidad.

Cuando se revisó el mantenimiento realizado al coche, parece que se descubrió que no se había cambiado el aceite del motor, a pesar de que el vendedor afirmaba que lo había hecho. Esto, lógicamente, no gustó demasiado al cliente que exigió respuestas. 

Y estamos ante un SUV que dejó de venderse hace tiempo. Tras casi 18 años en ventas, el último Edge salía en 2024 de la planta de ensamblaje en Canadá. Fue el 26 de abril, y desde entonces está suspendiendo de forma indefinida su producción. Su nivel de ventas fue bastante promedio, pues tampoco fue un fracaso. Eso sí, hasta que llegó la pandemia de Covid 19.

Entonces los números para este modelo cayeron más que para el resto de la línea de Ford. Por ello, la marca decidía que la planta donde se fabrica el Edge sería actualizada, para fabricar hasta cinco nuevos modelos eléctricos. La marca ha hecho una inversión millonaria en la planta, para adaptarla y agregar nueva maquinaria y herramientas necesarias.

Antes de ello, dejó de venderse en nuestro país. El pobre dato de ventas en España, donde en los cinco primeros meses del año 2019 apenas se habían matriculado 91 unidades, hizo que la marca descatalogara el modelo en España. Y poco a poco, el coche desapareció de todas las regiones.

Hablando de dimensiones, el Ford Edge cuenta con una carrocería de 4,83 metros de longitud y en su interior hay espacio para cinco plazas. Su habitáculo cuenta con espacio de sobra para albergar a cinco ocupantes gracias a una batalla de 2.849 mm. Una distancia entre ejes que asegura una buena habitabilidad interior.

En su lanzamiento, el Ford Edge mejoraba el sistema de infoentretenimiento montando el SYNC 3. Este sistema, compatible con Android Auto y Apple Car Play, cuenta con pantalla de 8 pulgadas de dimensión. Entonces mejoraba la reproducción de imagen, con un mejor aspecto.

El Ford Edge contaba con dos motorizaciones, ambas diésel. Estos motores arrancaban en el 2.0 EcoBlue de 190 CV y terminaban en los 238 CV del mismo motor 2.0 EcoBlue. La primera versión estaba asociada a un cambio manual mientras que la segunda siempre montaba una caja de cambios automática. Finalmente, solo se vendía con la segunda alternativa.

Montaba de serie la tracción total. No estaba disponible el todocamino en versiones de tracción delantera o trasera, algo que le colocaba en una interesante posición respecto a la competencia. Sus cotas de todoterreno no son malas, con una altura libre al suelo de casi 20 cm.

Igualmente, disponía de diferentes ayudas a la conducción como el Post Collision Braking que frena el vehículo tras una colisión, el Evasive Steering Assist, sistema que ayuda al conductor a girar el volante cuando este hace una maniobra evasiva, y el programador de velocidad activo con capacidad para detener al vehículo y volver a ponerlo en marcha automáticamente.

En fin, un coche con equipamiento, motor y capacidades que parece que le dio un quebradero de cabeza a este cliente. En el momento de la revisión, comprobaron que el aceite del motor del coche tenía unos ocho meses, los neumáticos tenían dos años más que el propio vehículo y suma y sigue.

Pero lo peor de todo es que el conductor empezó a notar un olor extraño. Era primavera y las temperaturas empezaban a subir, lo que acentuó en el coche un fuerte olor a tabaco. Poco después, los faros adaptativos no funcionaban como deberían y el mal olor a tabaco seguía presente.

Informándose, el cliente descubrió que el coche había tenido un dueño anterior. Algo que tampoco indicaba correctamente el anuncio. Lo que acabó con su paciencia es que tras recorrer 30.000 kilómetros se le rompió la correa de distribución. El vendedor le dijo que la correa debía cambiarse una vez el vehículo hubiera recorrido 200.000 kilómetros. El cuentakilómetros reflejaba entonces 173.000 kilómetros.

El cliente llevó su reclamación a la Junta de Disputas del Consumidor para su resolución. Pedía el reembolso del 65% de los 850 euros por la reparación del alternador. La reparación de las luces le costó 2.400 euros, y el precio del cambio de la correa de distribución fue de 5.818 euros. En total, la reclamación del consumidor ascendió a 11.822,64 euros.

Y es que, a la reclamación se le sumaron una indemnización de 3.360 euros por información engañosa. Igualmente, 2.500 euros por molestias por olores y 800 euros por el estado de los neumáticos.

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Probamos el Ford Edge 2019 para comprobar cómo responde el nuevo motor EcoBlue de 238 CV y el renovado sistema de tracción integral.