Cinco versiones de Volkswagen Golf que casi nadie conoce y te harían ganar una apuesta

50 años de historia dan para mucho.
El Volkswagen Golf es uno de los coches más reconocidos de toda la historia, un icono de la automoción europea y uno de los representantes más laureados del segmento de los compactos. De él se ha escrito todo, pero aun así te traemos cinco versiones del modelo que no son tan conocidas y que quizá se te hayan pasado por alto.
Como es lógico, en un modelo que acaba de cumplir su 50 cumpleaños, ha habido variantes de todo tipo, algunas más convencionales y otras realmente llamativas, ya sea por su diseño, por su aspecto técnico o por darle un giro de tuerca inesperado al concepto del compacto de cinco puertas.
Volkswagen Elektro-Golf

En pleno 2024 es fácil pensar que los coches eléctricos son algo de la actualidad, pero la realidad es que desde hace décadas bastante marcas han hecho sin intentonas que, lógicamente estaban muy limitadas por la tecnología de la época.
En el caso de Volkswagen, en 1976 presentó el Elektro-Golf, basado en la primera generación del modelo y tan solo dos años después de que viera la luz, movimiento motivado por la crisis del petróleo, para tantear la posibilidad de utilizar la electricidad como fuente de energía.
Empleaba un motor de tan solo 30 CV alimentado por baterías de 16,6 voltios… que tardaban 12 horas en recargarse con un enchufe doméstico. En la segunda y tercera generación del modelo se siguió esta línea, creando sendas versiones de cero emisiones denominadas CitySTROMer.
Volkswagen Golf Country

Un adelantado a su tiempo, un SUV antes de los SUV. En 1989 la marca alemana presentó el Golf Montana, un prototipo que añadía características de todoterreno al compacto, pero que no cambio prácticamente cuando se transformó en el Country de producción.
Alimentado por un motor de tan solo 98 CV, lo que importaba de verdad era su sistema de tracción integral Synchro, que combinada con lo 210 mm de distancia libre al suelo resultaba en una capacidad off-road notable.
Sin embargo, fue un fracaso a nivel comercial.
Volkswagen Golf Harlequin

Al ver ese apellido seguramente hayas pensado que nos hemos equivocado de modelo algo lógico porque la denominación Harlequin se ha asociado tradicionalmente al Volkswagen Polo. Sin embargo, aunque es una rareza, también hubo un “arlequín” en el Golf.
El caso del utilitario fue un éxito tal que su producción fue mucho más amplia de la prevista inicialmente y fueron muchos los que pidieron trasladar el concepto a su hermano mayor. Sin embargo, Volkswagen no estaba por la labor, puesto que creía que ese enfoque no pegaba con un modelo más serio y que, además, era el superventas de la marca.
Sin embargo, finalmente la rama americana de la marca cedió a la idea, o vio el potencial de la misma, y creo una tirada limitadísima de tan solo 264 unidades que se repartieron entre Estados Unidos y Méjico. Huelga decir que las que quedan a día de hoy se han revalorizado de manera considerable.
Volkswagen Golf GTI Roadster
Este es un caso especial, puesto que se trata de una versión del Golf creada para Gran Turismo 6, pero que acabó traduciéndose en un coche real que es una de las variantes más espectaculares jamás vistas del compacto alemán.
Y es que del Golf solo le queda el nombre y la parrilla delantera en la que se puede ver el apellido GTI, porque el resto muy modificado sin ningún tipo de consideración.
Es un descapotable realmente musculoso con una carrocería tipo barchetta, pues solo un pequeño deflector desvía el aire. Era músculo puro y agresivo a más no poder, como demuestra su enorme alerón trasero.
Además, su apartado mecánico estaba a la altura: un bloque 3.0 VR6-TSI con doble turbo que desarrollaba 503 CV y 665 Nm de par, asociado a una caja de cambios de doble embrague y siete marchas para acelerar de 0 a 100 km/h en 3,6 segundos y alcanzar los 309 km/h de velocidad punta.
Volkswagen Golf GTI W12
Cierra la lista otra creación de locura que surge de la a priori sencilla idea de montar un mastodóntico motor W12 en un compacto. El Grupo VAG tenía el primero en sus marcas de mayor pedigrí y al segundo en su superventas para el pueblo, así que solo hubo que ingeniárselas para ver como combinar ambos elementos.
El reto más grande era el relativo al espacio, lo que llevó a ubicar el propulsor, un W12 de origen Bentley, en el lugar en el que habitualmente iban las plazas traseras. El 6.0 desarrollaba una potencia de 650 CV y un par motor máximo de 750 Nm, gracias a lo que pasaba de 0 a 100 km/h en 3,7 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 320 km/h.
Además, no se trataba de un lobo con piel de cordero, dejaba claro su potencial con una carrocería específica, más baja y considerablemente más ancha, en la que destacaban los musculosos pasos de rueda que alojaban unas llantas de 19 pulgadas.

