Aunque te parezca una locura, este deportivo se vendía con una botella de ron

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El nombre de Giocattolo Group B seguramente no os suene de nada, pero es un deportivo australiano que tiene genes de Alfa Romeo.

Amantes y seguidores del mundo del automóvil los hay de todos los colores. Los hay más causales y otros que son petrol heads de pro, auténticas enciclopedias humanas que saben prácticamente todo sobre los coches. Sin embargo, seguramente incluso a muchos de estos ni siquiera les suene este particular deportivo que, como añadido, se vendía con una botella de ron.

Si alguno ha adivinado cuál es solo con esa referencia, nuestro más sincero aplauso, porque pocas personas lo habrán conseguido. Para los demás, se trata del Giocattolo Group B y esta es su interesante historia.

Su origen se remonta a los años 80 y hay que marcharse hasta Australia para encontrarlo. En aquella época había un emprendedor Paul Halstead al que se le metió entre ceja y ceja la idea que más de uno habrá tenido en alguna ocasión: quería diseñar, desarrollar y producir su propio coche.

El objetivo era loable, pero no era factible debido a la legislación existente en el país de las antípodas: en aquel momento la normativa para crear un automóvil desde cero era infernal, con una cantidad de permisos y procesos de homologación tal que hacía que fuera prácticamente viable.

Eso significaba que había otra vía para conseguir su sueño: crear un vehículo basado en otro ya existente, pues éste ya habría sido homologado, lo que ahorraría mucho tiempo y dinero. Halstead se decidió por un Alfa Romeo, concretamente el Alfa Romeo Alfasud Sprint 1.5, un modelo que estuvo a la venta entre 1978 y 1989. 

A priori no parecía el más indicado para crear un deportivo, puesto que el modelo original, incluso en su variante Quadrifoglio Verde, montaba un motor bastante humilde, un bloque 1.5 bóxer de cuatro cilindros que desarrollaba solo 104 CV y que necesitaba 12 segundos para alcanzar los 100 km/h desde parado.

Sin embargo, el emprendedor no quería el Alfasud Sprint QV, quería el proyecto del Grupo B que la marca italiana estaba desarrollando en base a él.

A principios de los años 80 Alfa estaba trabajando en un modelo para competir en la laureada categoría del mundial de rallyes, el denominado como 6C, que tenía motor central y tracción trasera. Sin embargo, el proyecto no llegó a buen puerto, pues irrumpieron los coches con tracción integral (véase el Audi Quattro) y se abandonó.

Al enterarse de la cancelación, Halstead se puso en contacto con la firma italiana con la intención de que le vendieran los chasis del 6C, la plataforma y los motores para poder crear su deportivo. La respuesta del fabricante fue negativa, lo que lejos de desanimar al australiano, hizo que tomara otro nuevo camino.

Optó por comprar ejemplares nuevos del Alfasaud Sprint y contrató a un ingeniero que había trabajado en Fórmula 1 con McLaren, para que convirtiera el modelo de tracción delantera en un coche con motor central y tracción trasera.

Ahora bien, ¿qué propulsor iba a animarlo? Halstead oyó que para el 6C Alfa Romeo había desarrollado una versión del mítico bloque Busso 2.5 V6 con una cilindrada aumentada hasta los 3,0 litros y con un rendimiento mayor.

De nuevo, volvió a acercarse a la marca italiana para preguntar si le venderían el motor, pero otra vez la respuesta fue negativa, por lo que tuvo que improvisar y, finalmente, se decantó por la decisión más patriótica posible.

Se puso en contacto con Holden Special Vehicles (HSO), para que le suministrará su motor 5.0 V8, al que se apoda como “El León de Hierro” (The Iron Lion), y no le pusieron ningún problema. De esta manera el deportivo consiguió su corazón con 330 CV. Asociado a una caja de cambios de cinco velocidades y a un sistema de tracción trasera, era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 5 segundos.

Esto se debía también a que se buscó aligerar lo máximo posible el peso, motivo por el que la carrocería se reemplazó por muchas piezas fabricadas en fibra de vidrio y kevlar, materiales que para la época eran bastante exclusivos.

Ya solo le faltaba el nombre, para el que Halstead optó por recordar el origen italiano de su creación, nombrándolo con la palabra italiana para ‘juguete', Giocattolo. El apellido de ‘Group B’ correspondía al fallido proyecto de Alfa.

¿Y qué hay de la botella de ron? Con cada Giocattolo Group B se incluía una en el kit de herramientas, por si el conductor necesitaba “arreglarse” él mismo. Estaba integrado en el maletero, por detrás del motor, e incluso incluía dos vasos para poder beber.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España