Adiós al eléctrico, Dodge lanza el Charger de antaño, el que le gusta a los puristas que tienen menos presupuesto: motor biturbo de seis cilindros en línea y 426 CV

El Dodge Charger vuelve a ser de combustión, por el momento con un motor Hurricane biturbo de seis cilindros en línea en versiones de 426 y 557 CV.

Si algo ha demostrado la industria del automóvil en los últimos años es que, aunque las instituciones políticas de aquí y allá exijan lo que consideren, el mercado es tozudo y a los clientes no se les puede obligar (del todo) a hacer lo que se quiere. Se han querido imponer los coches eléctricos y la respuesta ha sido no, lo que ha hecho que muchos fabricantes hayan tenido que dar marcha atrás en sus planes. El caso de Dodge y el Charger solo es otro más.

La marca puede presumir de tener el título de haber puesto en el mercado el primer muscle car eléctrico de la historia, un Dodge Charger Daytona que combinaba el legado de los Charger y Challenger previos. Sin embargo, ser pionero no significa que el público haya respondido y, tras 17 meses de su anuncio, las cifras de ventas no han estado a la altura de lo esperado.

Es por eso que, hace ya bastante tiempo, la compañía se puso manos a la obra con lo que sus clientes querían, un Charger con motor de combustión, y ahora ve la luz de manera oficial. Aunque es básicamente el mismo coche, pero con distintas extrañas, pierde el apellido de Daytona y se llama Dodge Charger a secas.

Visualmente el parecido con la variante eléctrica es muy claro, manteniendo su aire general, aunque con ligeras diferencias, como una pequeña ranura de refrigeración en el parachoques delantero, una entrada de aire ancha en el capó y, por supuesto, un tubo de escape redondo a cada lado del parachoques en la trasera.

La gama del modelo de combustión va a estar estructurada en dos niveles de acabado, R/T y Scat Pack, que a su vez se dividide en Scat Pack y Scat Pack Plus, pero todavía no ha concretado todos los detalles de ellos, especialmente de la variante de acceso, de la que no se ha desvelado apenas nada, pero que debería ser más modesta que las otras dos.

De los Scat Pack, se sabe que calzan llantas de 18 pulgadas, que el primero tiene cuadro de instrumentos digital de 10,25 pulgadas, control de crucero adaptativo y sistema de escape activo deportivo de serie; y que en el Plus el cuadro es de 16 pulgadas, tiene tapicería de Nappa, techo panorámico y mejoras de iluminación LED.

Es el apartado mecánico el que da la alegría a los seguidores del modelo, aunque solo en parte ya que, al menos por el momento, no va a ofrecerse con motor V8 y tampoco van a estar en el menú las cajas de cambios manual.

Este Charger lleva bajo el capó el motor Hurricane, un propulsor 3.0 de seis cilindros en línea y armado con doble turbo que desarrolla una potencia de 426 CV y 635 Nm de par máximo. Con esto alcanza una velocidad máxima de 270 km/h, pero no se ha confirmado su aceleración de 0 a 100 km/h, que debería estar por debajo de los 5 segundos.

En el caso de los Scat Pack, las cifras son todavía mejores. El bloque pasa a entregar 557 CV de potencia y 720 Nm, por lo que el sprint de cero a 100 km/h lo completa en 3,9 segundos, hace el cuarto de milla en 12,2 segundos y su velocidad punta se amplía hasta los 285 km/h.

Se trata de unas prestaciones notables si se tiene en cuenta que es una mole realmente pesada. A pesar de ser 431 más ligero que el Charger Daytona eléctrico, sigue pesando 2.185 kg, que no es precisamente poco.

Ambas variantes tienen tracción integral de serie, pero los Scat Packs también incluyen una función de “bloqueo de línea” que permite actuar en modo de tracción trasera, lo que permite quemar rueda de manera más sencilla, pero también hace que, circulando por autopista, se pueda desbloquear el eje delantero para reducir el consumo de combustible.

Los pedidos del Dodge Charger Scat Pack con carrocería de dos puertas se abren el 13 de agosto, pero para la variante de cuatro puertas habrá que esperar hasta la primera mitad de 2026. La versión de acceso, la R/T, llegará también a la par. 

Los precios, como siempre, nos dejan a este lado del atlántico con la boca abierta, puesto que son muy bajos para el tipo de vehículo del que estamos hablando: el R/T está disponible desde 49.995 dólares y por el Scat Pack hay que desembolsar 54.995 dólares. Los rumores ya apuntan a que más adelante la gama se completaría con una variante Hemi que significaría la vuelta del V8.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España