Ya he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: puro éxtasis multiplicado por 250 veces

YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed
YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed
Prueba
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

AMG no le pone una corona a su SL con el PureSpeed, sino un halo (literal), y de paso lo convierte en su biplaza más caro hasta la fecha.

Cuando el Mercedes-AMG PureSpeed pasa rugiendo, la gente abre los ojos de par en par, se levantan los teléfonos para grabar y se lanzan besos. Un AMG SL puesto hasta las cejas, descubierto sin parabrisas, sin techo y sin ninguna vergüenza, con potencial adictivo.

La idea detrás del PureSpeed no es totalmente nueva, ya que este biplaza abierto con el extravagante arco Halo hace soñar con el legendario Mercedes 300 SLR o con la serie limitada del SLR Stirling Moss. Casi irreconocible estéticamente, que se incorpora a las colecciones de los más pudientes con estruendo por casi 800.000 euros. Eso sí, solo si uno es casi tan rápido como el ruidoso modelo de Affalterbach, pues únicamente se fabricarán 250 unidades en un laborioso trabajo artesanal. Y se promete que en cada una, el gran espectáculo está asegurado.

Imposible pasar desapercibido

¡Qué cohete, qué espectacular bólido! Ya en la presentación del AMG PureSpeed hace un año en Abu Dabi, los espectadores se quedaron boquiabiertos. En la carrera de clásicos Mille Miglia, en el norte de Italia, no es diferente.

Nadie se interesa ya por el mítico Alfa Romeo 8C o el Bentley Blower verde oscuro de 1930: a los transeúntes casi se les salen los ojos cuando el PureSpeed aparece rugiendo. Sin techo, sin vergüenza y, en lugar del parabrisas habitual, un arco de seguridad tipo Halo que no solo pretende establecer una conexión de diseño con los monoplazas de Fórmula 1.

YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: zaga.
YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: zaga.

El biplaza hace honor a su nombre y es casi tan espectacular como los coches de Fórmula 1 del equipo AMG. Su presencia es ruidosa, imponente y pensada para el gran show en carreteras de montaña o paseos concurridos.

Motor

Conductor y acompañante van con casco, como en la Fórmula 1, porque a partir de los 60 km/h el viento golpea la cara con tal fuerza que las gafas de sol de Tom Ford mejor se quedan en casa. El motor V8 biturbo de 4,0 litros entrega unos demenciales 800 Nm con un ronquido relajado desde el rango medio de revoluciones.

El PureSpeed prescinde de casi todo lo que no es absolutamente necesario, y así, igual que en el 300 SLR, no hay ni parabrisas ni techo. En 2025, casi igual de destacable: ¡tampoco hay asistencia eléctrica! Los 585 CV provienen únicamente de sus ocho cámaras de combustión.

Al volante

El sistema de seguridad del PureSpeed consiste en un arco de acero tubular, unido en forma de horquilla a la estructura bruta del vehículo y que, junto con el sistema fijo antivuelco, garantiza la rigidez necesaria. Los dos cascos integrales no solo combinan cromáticamente con el exterior del excéntrico biplaza, sino que también permiten, gracias a un sistema de intercomunicación, que conductor y copiloto hablen o incluso llamen por teléfono mientras el viento corta el aire del habitáculo abierto.

YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: casco.
YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: casco.

El punto visual más llamativo en la reducida cabina completa es, sin duda, el reloj analógico enmarcado en carbono de IWC. Los cómodos asientos de cuero, el volante de buen agarre y la pantalla vertical son bien conocidos del SL.

Comportamiento: el AMG más espectacular, pero no el más potente

“El Mercedes-AMG PureSpeed es la forma más directa de experimentar el rendimiento y el placer de conducción. Radicalmente abierto, ni el techo ni el parabrisas separan al conductor y al acompañante de los elementos”, explica el CEO de AMG, Michael Schiebe. “Pueden experimentar el vehículo, la carretera y el paisaje sin filtros con todos los sentidos”.

Palabras certeras. Solo que la mecánica no acompaña del todo a la exclusiva carrocería. Un nuevo nivel de potencia del conocido V8 biturbo del SL y el GT le habría sentado de maravilla a este radical roadster de 1,9 toneladas. Así, se queda en los conocidos 585 CV y 800 Nm, que empujan al alemán hacia adelante con un grave staccato.

YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: cockpit.
YA he probado el Mercedes-AMG PureSpeed: cockpit.

Quien tenga valor y se acostumbre a la tormenta alrededor del casco aerodinámico, no solo acelera de 0 a 100 km/h en 3,6 segundos, sino que deja al bólido correr libremente hasta 315 km/h, acorde a los datos oficiales. Imponente: el sistema de frenos cerámicos de alto rendimiento, que brinda una desaceleración máxima y una sensación segura al pie.

Con sus aproximadamente 4,70 metros de longitud, el PureSpeed se deja llevar con la misma soltura, rapidez e incluso velocidad que un Mercedes-AMG SL 63 normal. No es de extrañar, ya que la suspensión ajustable, la tracción total y el eje trasero direccional provienen directamente del hermano de gran serie.

En curvas rápidas, la aerodinámica afinada, la estabilización hidráulica del balanceo y la excelente dirección garantizan que el conductor mantenga el control sin esfuerzo. Las rápidas combinaciones de curvas son, sin duda, la disciplina estrella de este roadster extremo, que se mantiene siempre estable y en trayectoria incluso en cambios de carga.

También es imponente cómo el V8 truena por las rectas: una banda sonora sensacional que casi vuelve innecesario el sistema de sonido Burmester con 15 altavoces y 1.170 vatios de potencia.

Conclusión

El Mercedes-AMG PureSpeed es una máquina de conducción tan extraordinaria como espectacular, una mezcla provocadora de exclusividad y purismo. Aunque no le habrían venido mal unos caballos extra para diferenciarse aún más del “producto de serie” normal.

Más información sobre: