El Toyota que Jeffrey Epstein quiso importar a EE.UU. no estaba al alcance de todos los bolsillos. Finalmente desistió por las regulaciones estadounidenses

Toyota ha sido uno de los pocos que ha conseguido plantar a Jeffrey Epstein. El empresario se obsesionó con uno de sus coches, pero la marca jamás le dejó importarlo a EE.UU.
Aunque parezca que tener dinero es sinónimo de conseguir todo lo que se quiera, la realidad es que no. Ni siquiera esto fue posible para el desacreditado financiero y delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein. Hubo un coche de Toyota que, por más que lo intentó, jamás logró introducir en EE.UU.
Esto se ha sabido a raíz de nuevos correos que se han desclasificado y hecho públicos por el Departamento de Justicia estadounidense. Entre ellos, destaca el intercambio de correspondencia con Elon Musk.
Entre los correos revisados se han encontrado conversaciones sobre la importación de un puñado de vehículos que no se comercializan en Estados Unidos.
En concreto, entre finales de 2014 y principios de 2015, Epstein estaba interesado en adquirir un Toyota Century, un lujoso modelo que nada tenía que envidiarle al Bentley.
La obsesión que Epstein no pudo tener
Si algo no le faltaba a Epstein era contactos. De hecho, según se ha podido saber ahora, el empresario eludió los canales normales y pidió a sus socios que preguntaran a la gente de Toyota para poder hacerse con el exclusivo coche.
Sin embargo, Toyota se negó en redondo. Los responsables le explicaron que, para entregar un Century en Estados Unidos, este tendría que cumplir con la normativa estadounidense.
Esto requeriría tener que hacer una serie de cambios en el modelo y no les valdría la pena para entregar un solo vehículo.
Pero, lejos de darse por vencido, Epstein sugirió buscar un concesionario al que enviaran el Century dentro de EE.UU. y, una vez allí, hacerse cargo de todas las modificaciones pertinentes que había que hacer para que el vehículo cumpliese con las normas de seguridad federales.
La insistencia es lógica, teniendo en cuenta la exclusividad del Century. Este coche que empezó a fabricarse en 1966 y recibió esa denominación porque coincidió con el centenario del nacimiento de Sakichi Toyoda, fundador de la marca.
Desde entonces, el Century ha mantenido su estatus de primera línea y ha sido el coche de la gente más pudiente de Japón, así como de los altos funcionarios del país, incluido el emperador.
Cada Toyota Century se fabrica de manera totalmente artesanal en la planta de Toyota City Motomachi. Para ello, los altos mandos de la marca seleccionan a cada una de las personas que trabajan en el proceso de construcción del Century, según el nivel de dominio de sus habilidades específicas.
El proceso de construcción del exterior sigue cinco pasos: estampado, carrocería, pintura, montaje e inspección. Varios empleados se fijan en el proceso del vehículo, fijando los ojos y realizando controles y equilibrios integrados en cada paso del proceso.
Según dicen en la compañía, el acabado final es tan suave y libre de defectos, que la carrocería se puede utilizar como un espejo.
En cuanto al interior, el proceso es igual o, incluso, más meticuloso que en el exterior. Se utilizan diferentes materiales para fabrica un puesto de mandos tradicional y discreto.
Lo cierto fue que, antes de poner sus ojos en el Toyota Century, Epstein estaba interesado en adquirir una limusina Hyundai Equus. De hecho, preguntó si se trata de un modelo que se vendía en Nueva York o, al menos, si se podía importar.
Además de a estos dos modelos, Epstein y sus socios también se interesaron por otros vehículos, como el Chevrolet Express, el Nissan NV y el Ford Transit. También parecía interesado en los vehículos de Maybach y Rolls-Royce.
Como era de esperar, le enviaron una broma de mal gusto sobre una empresa conjunta entre Ford y Renault. Esta consistiría en combinar el Clio y el Taurus para obtener el Clitaurus, que "viene en color rosa y el ladrón de coches medio no será capaz de encontrar".
