Pruebo el Seat 1200 Sport Bocanegra, el coche de Aldo Sessano que rompió con Fiat y cambió para siempre la historia de la marca española

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El 1200 Sport Bocanegra puso a prueba la capacidad de la industria española y hasta su relación con Fiat, antes de dejar descendencia espiritual en el Ibiza Bocanegra.
Hace medio siglo, el Seat 1200 Sport Bocanegra demostró que Seat podía desarrollar algo propio en su Centro Técnico de Martorell, sin limitarse a fabricar coches concebidos bajo el paraguas de Fiat.
Hasta entonces, buena parte de los Seat que circulaban por España procedían de modelos italianos fabricados bajo licencia. El 1200 Sport llegaba con otra intención: construir un pequeño coupé deportivo con personalidad propia y cierto descaro.

Cuando me acerco al coche entiendo inmediatamente por qué sobrevivió su apodo mejor que su denominación comercial. Esa enorme máscara negra de poliuretano se come literalmente el frontal.
En 1975 aquello debía parecer bastante marciano
El responsable de esa carrocería angulosa fue Aldo Sessano, mientras que su fabricación corrió a cargo de Inducar. Mide 3.670 mm de largo, 1.550 de ancho y 1.250 de alto, con 2.220 mm de batalla.

El paragolpes envolvente integra parrilla y faros formando una máscara muy poco habitual entonces. De ahí nace el nombre Bocanegra, uno de esos motes que terminan haciendo inútil el trabajo del departamento encargado de bautizar coches.
Me parece mucho más interesante que algunos deportivos contemporáneos obsesionados con parecer agresivos. Aquí no hay entradas de aire de mentira ni veinte líneas superpuestas. Hay una idea sencilla, arriesgada y perfectamente reconocible.

Dentro ocurre algo parecido. Los asientos quedan bajos, el salpicadero agrupa la instrumentación en una zona plana y velocímetro y cuentarrevoluciones tienen buen tamaño. La palanca de la caja manual de cuatro velocidades queda además bastante cerca del conductor.
No todo resulta ejemplar. Los asientos son bastante blandos y los pedales están desplazados hacia la derecha, algo que obliga a reajustar las referencias actuales. Digamos que la ergonomía de 1976 también tenía sus propias opiniones.
67 CV que hoy cuentan otra historia
El primer Seat 1200 Sport Bocanegra utilizaba un cuatro cilindros de 1.197 cc, procedente del Seat 124, aunque colocado transversalmente en lugar de longitudinalmente. Entrega 67 CV a 5.600 rpm y 90 Nm a 3.700 rpm.

Sobre el papel puede provocar una sonrisa en 2026, cuando cualquier utilitario electrificado se acerca tranquilamente al doble de potencia. Pero el dato importante está un poco más abajo en la ficha: solamente pesa 805 kilos.
La verdad: no busco aquí aceleraciones capaces de recolocarme los órganos internos. Lo interesante es otra cosa: dirección, posición de conducción, poco peso y una mecánica que obliga a trabajar y a pensar las cosas. Conducir rápido vuelve a depender bastante del conductor.
La colocación transversal del motor supuso además uno de los grandes desafíos técnicos del proyecto. Ahí está probablemente la parte más importante del coche: no tanto cuánto corría, sino todo lo que Seat aprendió desarrollándolo.
El Sport 1430 subió el tono
En 1977 llegó el Seat Sport 1430, denominación curiosamente invertida respecto al 1200 Sport. Su motor proporcionaba 77 CV y 112,8 Nm, y la velocidad máxima aumentaba desde 157 hasta 165 km/h.

Ese mismo año apareció además la segunda serie, con carburador Weber en sustitución del Bressel 32 de doble cuerpo. Pequeños cambios vistos ahora, pero suficientemente importantes cuando carburador, encendido y puesta a punto decidían buena parte del carácter.
La unidad que tengo delante pertenece a Seat Históricos, está completamente restaurada y corresponde precisamente a la primera serie. Fue fabricada en 1976, luce el inconfundible Verde Kent y participa incluso en algunos rallyes de regularidad.
Personalmente, ese verde casi fluorescente me parece parte del personaje. Si vas a conducir un coche al que todo el mundo llama Bocanegra, intentar pasar inadvertido sería como ponerse unas gafas de sol de noche para no llamar la atención.
El problema estaba dentro de casa
El enemigo comercial más peculiar del Seat 1200 Sport Bocanegra apareció dentro de su propia gama. El Seat 128 ofrecía también carrocería de tres puertas, motores 1.200 y 1.430 y unas dimensiones relativamente próximas.

El 128 apostaba, eso sí, por una utilización más práctica, incluida la presencia de portón trasero. En 1977 costaba 245.000 pesetas, frente a las 270.000 pesetas del Bocanegra.
Se puede comprender perfectamente por qué muchos compradores acabaron mirando hacia el 128. El romanticismo funciona extraordinariamente bien cincuenta años después. Cuando tienes que firmar el cheque, un maletero práctico empieza súbitamente a parecer apasionante.
Aun así, tampoco puede hablarse de fracaso. Entre ambas motorizaciones se fabricaron 19.332 unidades hasta 1979, repartidas entre 11.619 unidades del 1200 y 7.713 del 1430. Su misión era más importante que convertirse en superventas.
El Seat 1200 Sport Bocanegra demostraba que la compañía podía diseñar, desarrollar y poner en producción un automóvil especial con recursos propios. En ese sentido, esos modestos 67 CV pesan bastante más en la historia que en una ficha técnica.

La influencia sobrevivió décadas. En el Salón de Ginebra de 2008 apareció el Sport Coupé Bocanegra, precursor de la cuarta generación del Seat Ibiza, y posteriormente llegó una serie Bocanegra asociada a versiones FR y Cupra.
Se fabricaron 4.706 unidades del Ibiza Bocanegra hasta 2012, señal bastante clara de que aquella franja negra seguía teniendo valor comercial treinta años después. No está mal para una pieza de poliuretano nacida cuando internet era ciencia ficción.
Después de analizarlo, tampoco considero al Seat 1200 Sport Bocanegra importante porque fuese excepcionalmente rápido. Lo es porque representa el momento en que una marca acostumbrada a mirar hacia Italia decide empezar a mirar hacia dentro.

Y eso explica probablemente por qué continúa girando cabezas. Sus llantas de 13 pulgadas, sus 805 kilos y sus 67 CV pertenecen a otra época, pero su personalidad sigue funcionando sin necesidad de actualizar software cada quince días.
Medio siglo después, este clásico español continúa teniendo algo que muchos coches modernos persiguen mediante enormes parrillas, firmas luminosas y departamentos enteros de marketing: identidad. El Bocanegra solo necesitó una pieza negra delante para conseguirla.
