La nueva moda: menores que aprenden a conducir antes de la edad legal: "Aprendí a conducir con mis amigas con 16 años"

Captura de imagen del programa de Sonsoles Ónega donde Keka afirma haber aprendido a conducir gracias a familiares y amigos
Captura de imagen del programa de Sonsoles Ónega donde Keka afirma haber aprendido a conducir gracias a familiares y amigos

El programa "Y ahora Sonsoles" recoge el testimonio de diferentes conductores que aprendieron a circular por debajo de la edad mínima obligatoria.

Una inquietante tendencia social está ganando terreno entre la población más joven, con menores que deciden saltarse la edad legal para ponerse al volante de un vehículo, a menudo con consecuencias potencialmente desastrosas.

Esta práctica, lejos de ser un juego, constituye un Delito contra la Seguridad Vial, según advierten las autoridades de tráfico y la policía. Sin embargo, a pesar de la percepción de que se trata de una simple travesura, las implicaciones legales, penales y de seguridad que rodean esta ‘moda’ son extremadamente graves.

Este es el caso de una joven de Guipúzcoa que está siendo investigada por enseñar a su hijo a conducir con tan solo diez años, y subirlo a las redes sociales. Junto a ella, se le suman testimonios como el de Keka, quien, durante el programa de Sonsoles Onega, afirma que comenzó a conducir con sus amigas a los 16 años. "Una de ellas tenía carnet y coche y nos enseñaba lo básico", confiesa.

El fenómeno, que se alimenta a menudo a través de las redes sociales y la cultura de la inmediatez, consiste en la adquisición de habilidades básicas de conducción en vehículos a motor, principalmente coches y motocicletas, mucho antes de cumplir los 18 años y obtener la pertinente autorización administrativa.

Estas prácticas suelen realizarse en entornos controlados, como polígonos industriales vacíos o descampados, pero la peligrosidad radica en que, en numerosas ocasiones, esta "formación" termina trasladándose a las vías públicas, con la complicidad o la ceguera de familiares y amigos que facilitan el acceso a los vehículos.

Desde el punto de vista de la seguridad vial, la inexperiencia y el bajo desarrollo del sentido del riesgo en la adolescencia son factores críticos. Los jóvenes, cuya capacidad de reacción y toma de decisiones en situaciones de estrés aún no está plenamente desarrollada, se enfrentan a un riesgo de accidente exponencialmente mayor que el de un conductor novel legalmente formado.

La posibilidad de un siniestro grave o mortal se dispara, además, debido a la falta de conocimiento sobre el funcionamiento mecánico del vehículo y la ausencia de una educación vial rigurosa. Un error de cálculo o una maniobra inesperada en carretera abierta puede tener un desenlace fatal para el menor, sus acompañantes y terceros.

En el ámbito legal, el panorama es aún más sombrío. Conducir un vehículo a motor sin haber obtenido nunca el permiso o la licencia de conducción es un delito tipificado en el Código Penal, concretamente en su Artículo 384.

Cuando el autor del delito es un menor de edad (entre 14 y 18 años), la Ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal del menor, entra en juego. Aunque no irán a una cárcel de adultos, los menores pueden enfrentarse a medidas severas como la libertad vigilada, la realización de tareas socioeducativas, la prohibición de acudir a determinados lugares e incluso el internamiento en un centro cerrado, dependiendo de la gravedad del acto y si se ha producido algún accidente.

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Es más, la responsabilidad no recae únicamente en el menor infractor. Los padres, tutores o dueños del vehículo que faciliten o permitan que un menor sin licencia conduzca pueden enfrentarse a graves consecuencias.

Dependiendo de la prueba de su conocimiento o negligencia, podrían ser considerados cooperadores necesarios del delito o, en el ámbito civil, responsables subsidiarios de los daños causados en caso de accidente.

El problema de fondo de esta nueva 'moda' es una profunda crisis de conciencia sobre el valor de la vida y el respeto a la ley. La permisividad social o la idea errónea de que practicar en un descampado es inocuo ignoran la dimensión penal y el peligro inherente de un vehículo de dos toneladas. 

Las autoridades insisten en que la única vía legal, segura y responsable para aprender a conducir es a través de una autoescuela autorizada, bajo la supervisión de profesionales y con las dobles protecciones de un vehículo de formación.

El fenómeno de los menores al volante es una problemática que requiere una respuesta coordinada entre familias, escuelas y fuerzas de seguridad. La necesidad de conducir no puede anteponerse nunca al cumplimiento de la ley y a la seguridad propia y ajena.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España