Mirrlees Blackstone JS8 es una salvajada de motor diésel de ocho cilindros y 102,4 litros que fue entregado al Ministerio del Aire en 1953. Ahora solo arranca, 70 años después, con una pick-up

Mr Hewes vía Youtube
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El mundo de los motores está lleno de mecánicas impresionantes, pero pocas pueden compararse con el Mirrlees Blackstone JS8. Este colosal propulsor diésel de ocho cilindros en línea y 102,4 litros de cilindrada fue entregado al Ministerio del Aire británico en 1953 y, más de siete décadas después, ha vuelto a arrancar gracias a una restauración tan compleja como espectacular. La escena es tan llamativa como real: para ponerlo en marcha fue necesario utilizar una Ford F-150 de gran cilindrada. 

Lejos de estar destinado a mover un vehículo convencional, este enorme motor fue diseñado para aplicaciones industriales de gran envergadura. Su tamaño, peso y capacidad lo convierten en una pieza de ingeniería propia de una época en la que la fiabilidad y la durabilidad eran mucho más importantes que la eficiencia o las emisiones.

Un motor creado para suministrar energía y resistir décadas de servicio

Los motores de combustión interna han demostrado durante más de un siglo una enorme capacidad para adaptarse a todo tipo de usos. Mientras que en los automóviles actuales lo habitual es encontrar motores de entre tres y ocho cilindros con cilindradas que rara vez superan los seis litros, en sectores industriales existen auténticos gigantes mecánicos capaces de multiplicar varias veces esas cifras.

El Mirrlees Blackstone JS8 pertenece precisamente a esa categoría. Se trata de un motor turbodiésel de ocho cilindros en línea y 102,4 litros de cilindrada que fue suministrado al Ministerio del Aire del Reino Unido en 1953. Según explica el especialista y creador de contenido Mr Hewes, responsable de la restauración, todo apunta a que este propulsor formó parte de un grupo electrógeno instalado en alguna base de la Royal Air Force.

A diferencia de un motor destinado a un vehículo, estas máquinas suelen pasar buena parte de su vida operativa funcionando a regímenes constantes y relativamente bajos. Esa circunstancia explica que, pese a tener más de 70 años, el Mirrlees Blackstone JS8 registrara únicamente unas 720 horas de funcionamiento acumuladas, una cifra sorprendentemente reducida para un motor industrial de semejantes características.

Sin embargo, el paso del tiempo dejó una huella evidente. Cuando el motor llegó al taller de Hewes llevaba décadas sin entrar en funcionamiento. La corrosión exterior y la suciedad acumulada eran solo la parte visible del problema. Durante la inspección aparecieron numerosas averías derivadas de la inactividad prolongada, incluyendo válvulas agarrotadas, inyectores bloqueados y un sistema de lubricación que había dejado de funcionar correctamente. 

La situación era aún más complicada en el interior del bloque. Los conductos de aceite estaban llenos de agua, lo que obligó al equipo a extraer manualmente el líquido mediante bombas y sistemas de aspiración antes de intentar cualquier operación de arranque.

El inesperado papel de una Ford F-150 para devolverlo a la vida

Superadas las primeras dificultades mecánicas, llegó el momento más esperado de todo el proyecto: intentar arrancar el motor. Y fue entonces cuando comenzó una nueva serie de desafíos. Originalmente, el Mirrlees Blackstone JS8 estaba preparado para arrancar mediante aire comprimido, un sistema relativamente habitual en motores industriales y marinos de gran tamaño.

Sin embargo, el suministro de aire disponible durante la restauración resultó insuficiente para conseguir que el gigantesco cigüeñal alcanzara la velocidad necesaria para la puesta en marcha. El equipo probó diferentes soluciones. Entre ellas, utilizar una carretilla elevadora para mover manualmente el enorme volante de inercia del motor. Tampoco funcionó. La masa de todos los componentes internos y la enorme cilindrada exigían una fuerza muy superior a la disponible mediante métodos convencionales.

Fue entonces cuando apareció la idea más llamativa de toda la restauración. Los responsables del proyecto fijaron una cincha alrededor del volante de inercia y la conectaron a una Ford F-150. Aprovechando la capacidad de arrastre de la popular pick-up estadounidense, lograron transmitir el movimiento necesario para girar el conjunto mecánico hasta alcanzar el punto crítico de encendido.

Mr Hewes vía Youtube
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Tras numerosos intentos y horas de trabajo, el enorme motor finalmente cobró vida. Una densa nube de humo acompañó los primeros segundos de funcionamiento, ofreciendo un espectáculo que parecía sacado de una película industrial de mediados del siglo XX. 

Más allá de la espectacularidad del arranque, la recuperación de este Mirrlees Blackstone JS8 pone de manifiesto la extraordinaria robustez de la ingeniería de la época. Pocos motores actuales serían capaces de permanecer inactivos durante décadas, soportar la presencia de agua en sus conductos y volver a funcionar tras una restauración relativamente limitada.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España