José, camionero, cuenta su primera jornada de noche: "Te voy a decir la verdad"

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José Laso, un camionero de 37 años que está empezando en el sector del transporte por carretera, relata a través de las redes sociales cómo fue su primer turno de noche.

Para muchos, la conducción nocturna es todo un desafío. Muchos son los conductores que evitan ponerse al volante de un vehículo en horario nocturno, mientras que otros, especialmente los profesionales del sector del transporte por carretera, hacen jornadas maratonianas aprovechando las horas sin luz solar. José Laso, un camionero de 37 años que está empezando en esta profesión, relata a través de las redes sociales cómo ha sido su primera jornada conduciendo de noche.

Al principio estaba súper nervioso”, relata Laso, que asegura que le “encanta conducir de noche”. Reconoce que cuando viaja con su coche particular, intenta que sea por la tarde-noche para que los neumáticos sufren menos desgaste, el coche no tenga que luchar contra las altas temperaturas y, sobre todo, porque hay menos tráfico en las carreteras.

La primera noche de un camionero sin experiencia

José, que acaba de empezar el mundillo del transporte de mercancías, relata a través de las redes sociales cómo está siendo esta experiencia, desde cómo consiguió el puesto de trabajo a cómo fue su primer día o, como en el caso de este vídeo, cómo fue el primer turno de noche.

Al final se hace largo”, explica el camionero. “Arranqué mi turno a las 12 de la noche y solté a las 11:30 de la mañana”, aunque reconoce que, como el turno no fue todo el tiempo al volante del camión, “se llevaba bien, porque al final conducía, descargaba, luego cargaba”, por lo que ese dinamismo le permitió superar su primer turno de noche bastante bien. “Se me hizo ameno”, asegura.

La conducción nocturna sigue siendo una de las situaciones más exigentes a las que se enfrenta cualquier conductor. Aunque el tráfico suele ser menos intenso que durante el día, la reducción de la visibilidad y el cansancio convierten los desplazamientos nocturnos en un escenario donde el riesgo de sufrir un accidente aumenta de forma considerable.

La principal dificultad está relacionada con la visión. El ojo humano necesita más esfuerzo para adaptarse a la oscuridad y, además, pierde capacidad para percibir colores, distancias y movimientos con precisión.

Esto hace que resulte más complicado identificar obstáculos, peatones, ciclistas o animales que puedan aparecer inesperadamente en la carretera. A ello se suma el alcance limitado de los faros, que reduce notablemente el tiempo disponible para reaccionar ante cualquier imprevisto.

Otro factor importante es el deslumbramiento. Las luces de los vehículos que circulan en sentido contrario pueden provocar pérdidas momentáneas de visibilidad, especialmente en carreteras convencionales. Aunque el efecto suele durar apenas unos segundos, basta para recorrer decenas de metros prácticamente a ciegas cuando se circula a velocidades elevadas.

Las condiciones ambientales también juegan un papel importante. La humedad, la niebla o la lluvia suelen tener un impacto mayor durante la noche, ya que reflejan la luz de los faros y reducen todavía más la visibilidad.

Fatiga, el gran enemigo de la conducción nocturna

El cansancio es otro de los grandes enemigos de la conducción nocturna. Durante la noche, el organismo está programado para descansar y los niveles de atención disminuyen de forma natural. La fatiga provoca una reducción de los reflejos, dificulta la concentración y aumenta el tiempo de respuesta ante cualquier situación de peligro. En los casos más extremos pueden producirse los conocidos microsueños, pequeños episodios de pérdida de consciencia de apenas unos segundos que pueden tener consecuencias muy graves al volante.

Sin embargo, para José Laso este no fue un problema durante su primera jornada de noche. El camionero de 37 años reconoce que en ningún momento sintió fatiga ni sufrió microsueños porque, insiste, “fue muy ameno”.

Cabe señalar que en casos como el de Laso es habitual que el organismo soporte con cierta facilidad el cansancio. En cambio, la fatiga acumulada, la rutina o el simple hecho de perder el factor novedad en lo que estás haciendo, provoca que el cuerpo se relaje y que el sueño pueda hacer acto de presencia.

Conducir de noche implica una serie de riesgos añadidos que pueden tener consecuencias graves. Por todo ello, es importante extremar las precauciones, mantener una velocidad adecuada a las circunstancias, realizar descansos frecuentes en viajes largos y asegurarse de que elementos como los faros, el parabrisas o las escobillas del limpiaparabrisas se encuentran en perfecto estado. Aunque las carreteras estén más despejadas, la noche sigue siendo uno de los momentos más delicados para ponerse al volante.

Eso sí, tal y como explica Laso, conducir de noche tiene una recompensa que no todo el mundo recibe. Luchar contra el cansancio, la monotonía y el sueño puede quedar en un segundo plano cuando a lo lejos se vislumbra el amanecer. Según José, “eso no tiene explicación, solamente se vive”.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España