Japón quiere comprar 100 Ford F-150 para impresionar a Trump, pero se van a encontrar con un grave problema

Ford F-150 Lightning
Ford F-150 Lightning

En Japón se están planteando comprar un centenar de camionetas Ford F-150, aunque pueda suponer un problema, antes de la visita de Donald Trump al país.

El Gobierno japonés está evaluando la compra de alrededor de 100 unidades del pick-up estadounidense Ford F‑150, un movimiento que pretende reforzar la imagen de la alianza bilateral con la administración de Donald Trump antes de su inminente visita a Tokio. 

Sin embargo, esa idea, aparentemente sencilla en los despachos, se enfrenta a un obstáculo que podría complicar su ejecución. Y es que en Japón no existe una red de talleres y concesionarios de la marca Ford, por lo que el mantenimiento de estos vehículos debería recaer sobre otros especialistas.

La curiosa compra que prepara Japón ante la visita de Donald Trump

La compra es parte de un paquete de gestos diplomáticos que Tokio pretende presentar a Washington para afianzar la cooperación entre ambos países. Según fuentes japonesas citadas por Nikkei Asia, “el Gobierno está contemplando la adquisición de hasta 100 pick-ups Ford en el contexto de la visita del presidente Trump”.

La idea es que, más allá del uso práctico que puedan darse a esos vehículos, la mera imagen de Japón adquiriendo un símbolo americano como lo es el F-150 responde a una demanda explícita de Trump acerca de que más bienes estadounidenses entren en el mercado japonés.

Aunque el vehículo en cuestión ha sido citado como parte de ese gesto diplomático, Japón parece tener en mente usos oficiales para esas unidades. En concreto, los F-150 que quieren comprar se destinarán a trabajos de inspección de infraestructuras como carreteras y presas, y labores de retirada de nieve en regiones con climatología adversa, un plan que complementaría el mensaje hacia Estados Unidos.

Hay un problema de difícil solución

Pero la operación se topa con una realidad complicada. Ford abandonó el mercado japonés hace años y actualmente no tiene una red dedicada de concesionarios o centros de servicio para el F-150 en Japón.

Eso implica que la gestión de esta pequeña flota, incluyendo mantenimiento, garantía y recambios, recaería sobre centros independientes o habría que establecer una infraestructura ad hoc.

El citado medio japonés advierte que la inexistencia de estructura comercial de Ford en el país “podría obligar al Gobierno a recurrir a talleres independientes para dar cobertura a los vehículos”. Esa situación añade un nivel de complejidad adicional al arreglo, más allá del coste de compra.

El hecho de que el F-150 sea un vehículo de dimensiones considerables también juega en su contra en territorio japonés, donde las calles estrechas, los aparcamientos limitados y la predominancia de modelos compactos, los famosos kei cars, complican la operatividad de pick-ups tan grandes como el modelo de Ford.

La operación, según los analistas, se lee como una estrategia más que como una adquisición puramente funcional. Japón busca enviar un mensaje claro a Washington de que está dispuesto a incrementar la importación de bienes estadounidenses, y que toma en serio la alianza bilateral.

No obstante, aunque la cifra de 100 unidades sea llamativa, no está confirmado si el volumen quedará en ese número o podría ser mayor o menor. Lo que sí parece claro es que el Gobierno japonés está sopesando la operación como parte de una estrategia más amplia de relaciones exteriores y comercio.

¿Oportunidad para Ford de volver al mercado japonés?

Para Ford, recibir un pedido gubernamental japonés abriría una puerta simbólica que la marca no ha logrado mantener en el mercado nipón convencional durante décadas. Sin embargo, la operación no significa necesariamente que Ford vaya a relanzarse como marca general de consumo en Japón; la compra estaría más bien destinada a uso institucional.

El Gobierno afronta también la cuestión de percepción interna: los vehículos grandes y poco adaptados al entorno urbano japonés podrían levantar críticas, sobre todo si terminan en sitios donde no encajan de forma natural. Por ejemplo, su uso para retirar nieve o tareas específicas podría justificarse, pero la idea de colocar un F-150 gigantesco en zonas urbanas densamente pobladas podría resultar más simbólica que práctica.

Esta curiosa compra también forma parte de un contexto más amplio de tensión comercial entre Estados Unidos y Japón. Aunque ambos países son aliados estratégicos, en el terreno automotriz existen barreras: los vehículos de gran tamaño y empuje estadounidense no han logrado conquistar el mercado japonés, dominado por modelos compactos y eficientes, mientras que el mercado estadounidense está plagado de coches japoneses y coreanos.

Desde hace décadas, la entrada de marcas estadounidenses en Japón ha sido tímida, y la compra de estos pick-ups por parte del Gobierno podría interpretarse como una forma de abrir la puerta de cara a futuras negociaciones comerciales. Como señala Nikkei Asia, la operación sería una señal directa a Washington más que una estrategia de ventas masivas.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España