He pilotado un Mercedes CLK 63 AMG Black Series de 2007 en Laguna Seca: estas son mis sensaciones al volante de un deportivo que cada año se revaloriza

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El Mercedes CLK 63 AMG Black Series es un AMG de la vieja escuela. Así se desenvuelve este clásico de la marca de la estrella en el circuito de Laguna Seca.
Todavía está oscuro cuando salgo del pit lane. Con las manos firmemente aferradas al pequeño volante deportivo de este coche de Mercedes, tengo que controlar bien el pie derecho mientras me incorporo a la recta de meta. Enciendo las luces largas. Son las 5:34 de la mañana en el circuito de Laguna Seca, uno de los más famosos de Estados Unidos. Desde luego, he tenido viernes bastante peores. Bromas aparte, este es uno de esos momentos que un apasionado de los coches nunca olvidará. La experiencia resulta aún más irreal por el hecho de que estoy al volante de uno de los únicos 700 CLK 63 AMG Black Series fabricados.
Retrocedamos unas semanas: recibo en la redacción una llamada de Frank, del departamento Mercedes-Benz Classic, que me pregunta si AUTO BILD estaría interesada en conducir un CLK 63 AMG Black Series en Laguna Seca. Supongo que solo puede tratarse de una pregunta retórica, pero, por si acaso, acepto encantado.
Un color poco habitual para este AMG
Tras un vuelo intercontinental, me encuentro en el pit lane de Laguna Seca, sumido en la más absoluta oscuridad. Delante de mí hay un CLK 63 AMG Black Series en el poco habitual color «Feueropal» (algo así como “ópalo llameante”. El motor ya está en marcha. Los nervios van en aumento.
Pero antes de entrar en materia, conviene echar un rápido vistazo a la historia de la gama Black Series, que ya cuenta con seis modelos. Todo comenzó en 2006 con el SLK 55 AMG, que a menudo queda injustamente olvidado en esta saga. Puede que se deba a que sus sucesores son sencillamente más conocidos, populares y extremos. Tras aquel primer modelo llegó el CLK 63 AMG, antes de que Mercedes, en colaboración con HWA, se erigiera un monumento a sí misma con el brutal SL 65 AMG Black Series.
El segundo modelo Black Series
Presentado en 2007, el CLK 63 AMG fue el segundo modelo en recibir el tratamiento Black Series. Visto desde la perspectiva actual, parece una especie de precursor. Su diseño es mucho más extremo que el del CLK 63 AMG convencional, que tampoco es precisamente habitual, pero sigue siendo relativamente discreto si lo comparamos con sus sucesores: el SL 65 AMG Black Series, el C 63 Black Series y el SLS AMG Black Series.
Mercedes le dotó de unos pasos de rueda ensanchados y unas preciosas llantas forjadas de 19 pulgadas, pero renunció a un despliegue de alerones y apéndices aerodinámicos. Aunque esto no es del todo cierto, porque el CLK Black Series también podía equipar opcionalmente un paquete aerodinámico con un alerón fijo, una opción que eligieron muy pocos clientes. Menos mal, porque el discreto labio de fibra de carbono le sienta mucho mejor al Black Series.
Sin asientos baquet para los clientes estadounidenses
Volvamos al presente: ha llegado el momento de ponerse serios. Me acomodo en el imponente asiento de cuero. Aunque, por supuesto, habría preferido los asientos Recaro de tipo baquet integral, especialmente en un circuito. Sin embargo, las 350 unidades destinadas al mercado estadounidense se entregaron siempre con los asientos de cuero de confort, que ofrecen mucha más sujeción lateral de la que esperaba. Entonces se pone en marcha el sistema eléctrico que acerca el cinturón de seguridad.
Esta mezcla, en ocasiones casi absurda, de radicalidad —no hay asientos traseros— y elementos de confort es precisamente lo que hace tan especial a este AMG. Por muy radical que parezca, en el fondo el Black Series sigue siendo un auténtico Mercedes de los años 2000.
Motor V8 de 6,2 litros con más de 500 CV
Por suerte, dirán los aficionados a los motores de gran cilindrada, porque ni siquiera en su versión Black Series el CLK recurrió a ningún tipo de sobrealimentación. Bajo el capó se encuentra el legendario V8 atmosférico de 6,2 litros (M 156), que, gracias a una optimización del software y a unos conductos de admisión de mayor sección, entrega ahora 507 CV a las ruedas traseras. El CLK 63 AMG convencional se conforma con 481 CV. En cambio, ambos modelos empatan en el par máximo, con 630 Nm.
En cualquier caso, decido empezar con calma, y no solo por la visibilidad limitada. Una fina granizada deja algunas zonas del circuito en condiciones traicioneras. Basta con pisar el acelerador una milésima de segundo antes de tiempo para que el CLK 63 AMG Black Series saque la trasera con toda naturalidad, a pesar de sus neumáticos traseros de 285 mm de anchura y del ESP conectado. Con cada vuelta voy ganando confianza.
Gracias a la suspensión helicoidal de serie y a unas vías más anchas, con neumáticos delanteros de 265 mm, este AMG también sabe desenvolverse en las curvas, aunque su territorio predilecto son, sin duda, las largas rectas. Comparado con el mucho más radical —y caro— CLK DTM, desarrollado por los especialistas de HWA, el Black Series se siente más como un muscle car que como un coche de carreras.
El cambio automático resta diversión al volante
Su mayor punto débil no es la dirección, algo insensible alrededor de la posición central, sino la caja de cambios automática de siete velocidades. Aunque Mercedes acortó sus desarrollos para esta versión Black Series, su funcionamiento sigue sin estar especialmente orientado a una conducción deportiva. Incluso en el modo Sport, el conductor tiene que prácticamente obligar al cambio Speedshift a reducir varias marchas mediante el kick-down. En modo manual, los cambios de marcha a través de las levas metálicas del volante resultan bastante lentos. También en este apartado, el CLK DTM juega en otra liga gracias a su aparentemente anticuada caja automática 5G-Tronic, mucho más rápida al cambiar de marcha.
Siendo sinceros, la comparación entre el CLK 63 AMG Black Series y el CLK DTM, más antiguo, no es del todo justa. Este último se desarrolló como una especie de modelo de homologación para celebrar la temporada del DTM y se fabricó en una serie limitada a tan solo 100 unidades. Apenas tiene ya nada que ver con el CLK de producción del que deriva. El Black Series, por su parte, es un AMG radical, pero, en definitiva, sigue siendo un Mercedes de pura cepa.
Precio nuevo superior a 140.000 euros
Las diferencias entre ambos planteamientos quedan especialmente claras cuando hablamos de precios. En su lanzamiento, el Black Series costaba 141.610 euros, mientras que los clientes tenían que desembolsar al menos 236.060 euros por el CLK DTM. Sin embargo, cuando alguna de las 100 unidades del CLK DTM sale al mercado, actualmente se piden por ella bastante más de 600.000 euros. En el caso de un ejemplar con un kilometraje especialmente bajo, el precio puede incluso superar el millón de euros.
Comparado con el DTM, el Black Series parece hoy casi una ganga, pese a que su cotización ha aumentado rápidamente en los últimos años. Las unidades bien conservadas se mueven actualmente entre los 150.000 y los 200.000 euros. Incluso las menos cotizadas, importadas de nuevo desde Estados Unidos, superan ya los 100.000 euros. Hace apenas dos años, por esa cantidad todavía se podían encontrar buenos CLK 63 AMG Black Series entregados originalmente en Alemania. Algunos ejemplares muy castigados por el uso llegaban a venderse por entre 60.000 y 70.000 euros.
Uno de los AMG más bonitos de la era moderna
Mientras recorro la legendaria curva Corkscrew durante la vuelta de enfriamiento, pienso que el CLK 63 AMG Black Series no solo fue una especie de precursor, sino que hoy también representa una llamada de atención. Una llamada de atención sobre algo que a menudo les falta a los coches actuales: emoción. El Black Series está lejos de ser perfecto y, pese a su supuesto planteamiento radical, parece fuera de lugar en un circuito.
De vuelta en el pit lane, me tomo mi tiempo para contemplar el coche con tranquilidad y llego a una conclusión: el CLK 63 AMG Black Series es uno de los modelos AMG más bonitos de la era moderna y monta uno de los V8 más impresionantes jamás fabricados. Cuando vuelvo a subirme al coche de alquiler, ya echo de menos al Black Series. Son las 7:02 de la mañana y el sol acaba de salir.
Conclusión
La combinación de una estética discretamente agresiva y un brutal V8 atmosférico convierte al Mercedes CLK 63 AMG Black Series en uno de los AMG más deseables de los últimos 20 años. En mi opinión, pese a la revalorización de los últimos tiempos, el Black Series sigue estando muy infravalorado.




