Hace la compra en el Lidl con su mono de carreras y su Alfa Romeo Giulia GTAm V6 de 540 CV y 200.000 euros aparcado en el parking

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Uno de los 500 Alfa Romeo Giulia GTAm fabricados acaba aparcado en un Lidl durante la compra rutinaria de su propietario.
Ver un superdeportivo en el aparcamiento de un supermercado siempre llama la atención. Ver uno de los Alfa Romeo más exclusivos de los últimos años mientras su propietario hace la compra vestido con un mono de competición y un casco de carreras es, directamente, una escena difícil de creer. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha ocurrido en Países Bajos, donde el dueño de un exclusivo Alfa Romeo Giulia GTAm ha decidido utilizar su vehículo para una jornada de lo más cotidiana.
La peculiar historia ha sido compartida por la cuenta especializada Verwoerdt Automotive en redes sociales y muestra cómo un automóvil concebido prácticamente para rodar en circuito puede formar parte de la rutina diaria de su propietario. Lejos de reservarlo para concentraciones o eventos exclusivos, este entusiasta de la marca italiana decidió utilizarlo para tareas tan comunes como repostar combustible, hacer la compra en Lidl o recoger unas pizzas para cenar.
Lo más llamativo es que el conductor no se limitó a sacar el coche del garaje. También se puso el mono Alpinestars y el casco Bell que Alfa Romeo entregó de serie a los compradores de las versiones GTA y GTAm, recreando así la experiencia más cercana posible a la conducción de competición.
Un coche de carreras homologado para circular por la calle
El protagonista de esta historia no es un Giulia cualquiera. El Alfa Romeo Giulia GTAm representa la versión más radical desarrollada sobre la base del Giulia Quadrifoglio. Bajo su capó se encuentra un motor V6 biturbo de 2,9 litros que desarrolla 540 CV, una potencia que le permite acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 3,6 segundos.
Además del incremento de potencia, Alfa Romeo llevó a cabo una profunda reducción de peso y una transformación orientada al rendimiento. El GTAm cuenta con una configuración de dos plazas, incorpora arneses de competición, una estructura de protección tras los asientos y una aerodinámica mucho más agresiva, presidida por un enorme alerón de fibra de carbono. Se trata, en esencia, de un vehículo pensado para ofrecer sensaciones de circuito sin renunciar a la homologación necesaria para circular por carretera abierta.
Precisamente por eso resulta tan sorprendente verlo estacionado frente a un supermercado mientras su propietario llena el maletero con bolsas de la compra. Las imágenes muestran una escena que contrasta dos mundos completamente diferentes. Por un lado aparece uno de los deportivos más exclusivos fabricados en los últimos años por la marca italiana. Por otro, una tarea tan habitual como acudir a un establecimiento comercial para reponer alimentos y productos básicos del hogar.
Solo se fabricaron 500 unidades en todo el mundo
La exclusividad del modelo es otro de los elementos que ha contribuido a que la historia se haya viralizado entre los aficionados al motor. Alfa Romeo fabricó conjuntamente las versiones GTA y GTAm en una serie limitada de únicamente 500 unidades numeradas y certificadas para clientes de todo el mundo. Cuando fue lanzado al mercado, el modelo tenía un precio de 176.400 euros, una cifra que ya lo situaba entre los deportivos más exclusivos de su categoría.
Debido a su escasez y a la elevada demanda existente entre coleccionistas, su valor actual puede rondar los 200.000 euros o incluso superar esa cifra en determinadas unidades especialmente cotizadas. Pese a ello, su propietario parece tener claro que un coche está hecho para disfrutarse. Tras finalizar la compra, regresó a su domicilio para seguir un Gran Premio por televisión y más tarde volvió a ponerse al volante para recoger unas pizzas. Incluso el enorme alerón trasero encontró una utilidad inesperada al servir momentáneamente como apoyo para las cajas durante una de las paradas.
La anécdota demuestra que, aunque muchos vehículos de edición limitada pasan gran parte de su vida encerrados en colecciones privadas, algunos propietarios prefieren utilizarlos con normalidad. En este caso, un deportivo de 540 CV concebido para ofrecer prestaciones de competición terminó haciendo algo tan corriente como visitar un Lidl, una imagen que resume perfectamente la filosofía de quienes consideran que los coches más especiales no deben ser admirados únicamente en un garaje, sino también disfrutados en el día a día.

