Esta moto voladora no tiene hélices y sí, 48 pequeños microjets eléctricos. No necesitas licencia y cuesta 86.000 euros

Cada vez está más cerca la posibilidad de comprar una moto voladora. La propuesta de LEO Flight es realista, no requiere licencia y cuesta 86.000 euros.
La movilidad personal está experimentando una transformación que hasta hace poco solo parecía posible en películas de ciencia ficción. La empresa estadounidense LEO Flight Corporation ha irrumpido con un vehículo volador personal llamado LEO Solo, una “moto voladora” monoplaza que prescinde de hélices tradicionales y recurre a una red de 48 microjets eléctricos para volar.
A diferencia de otros eVTOL (vehículos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical) que dependen de hélices grandes y visibles, el LEO Solo adopta un sistema de propulsión eléctrica a chorro distribuido. Estos 48 pequeños microjets eléctricos, integrados en la estructura del vehículo, generan el empuje vertical necesario para despegar y mantener la moto en el aire sin los componentes clásicos de los drones o vehículos voladores.
Esta filosofía de diseño no solo elimina las hélices expuestas, sino que también reduce algunos riesgos asociados al vuelo, como los que implican objetos o extremidades cerca de rotores, y promete una mayor estabilidad y silencio en el aire.
Un eVTOL compacto, ligero y recargable
El vehículo tiene una forma compacta diseñada para uso recreativo y personal. Según la ficha oficial, el LEO Solo ocupa un espacio aproximado de 2 x 2 metros, lo suficiente para caber en un garaje doméstico y poder recargarse en casa con un cargador convencional, tal como se hace con los coches eléctricos. La estructura incorpora también un arco de seguridad antivuelco alrededor del piloto, una característica pensada para proporcionar protección en caso de accidente.
El LEO Solo está impulsado por una batería de estado sólido, un tipo de acumulador moderno que almacena más energía con menos peso, tiene una vida útil mayor y se recarga rápidamente con respecto a las baterías tradicionales.
Además de alimentar los microjets, esta batería permite vuelos de entre 10 y 15 minutos, una autonomía reducida en comparación con un coche, pero adecuada para vuelos cortos recreativos o desplazamientos a baja altitud.
Una de las claves del proyecto es que, bajo la clasificación FAA Part 103 de Estados Unidos, el LEO Solo puede pilotarse sin necesidad de licencia de piloto. Esto es posible gracias a que se considera un vehículo ultraligero según esa normativa, lo que lo hace accesible a un público más amplio que no quiere o no puede invertir tiempo en formación aeronáutica tradicional.
Aunque el LEO Solo no está diseñado para sustituir a un avión, helicóptero o incluso a un coche normal, sus cifras son llamativas, ya que alcanza una velocidad cercana a los 100 km/h y puede elevarse hasta unos 4,5 metros del suelo en vuelo recreativo, unas cotas pensadas para entretenimiento y para desplazamientos muy cortos.
La firma eléctrica integrada y la ausencia de hélices visibles hacen que el sistema sea relativamente silencioso, con un nivel de ruido en torno a 80 decibelios (cifra comparable a una carretera con tráfico).
Todavía caro, pero cada vez más realista
El precio del LEO Solo ha sido fijado por la empresa en 99.000 dólares, lo que al cambio ronda los 86.000 euros. Este coste coloca el dispositivo en un segmento premium, pero más asequible que muchos proyectos futuristas similares que se han visto en el campo de los vehículos voladores personales.
Las reservas ya están abiertas a través de la página oficial de LEO Flight, con un depósito de 999 dólares reembolsables (850 euros) que asegura la plaza en la futura producción.
En cuanto a la disponibilidad real, la empresa afirma que la producción está prevista para finales de este año. Aunque no hay una fecha exacta, el calendario sugiere que los primeros clientes podrían ver sus unidades en 2026, siempre que los plazos de fabricación y entrega se cumplan según lo previsto.
La propuesta de LEO Flight llega en un momento en que los vehículos personales de despegue vertical (eVTOL) comienzan a emerger con fuerza en distintos segmentos. La diferencia clave de este modelo frente a prototipos más complejos o de mayor alcance reside en su simplicidad y accesibilidad: no requiere de formación aérea, es compacto, no tiene hélices expuestas y ofrece una experiencia de vuelo directo y recreativo.
Esta accesibilidad ha sido uno de los pilares de diseño desde el inicio del proyecto. Se trata de un vehículo pensado para un solo ocupante, sin complicaciones, y orientado a quienes buscan sensaciones de vuelo sin las barreras técnicas, formativas o económicas que suelen acompañar a las aeronaves privadas.
