Dos burros cortan el tráfico de la ronda de Dalt de Barcelona; comían la vegetación que separa ambos sentidos

Dos burros catalanes han sorprendido a los conductores de Barcelona. El propietario las había acompañado a pastar y se escaparon.
Una tarde que parecía transcurrir con la habitual densidad y congestión automovilística en la capital catalana se transformó de repente en una escena completamente inverosímil. Los conductores que circulaban por la ronda de Dalt de Barcelona se vieron obligados a reducir la velocidad y, en algunos tramos, a detener sus vehículos por completo debido a un motivo sin precedentes en esta importante arteria metropolitana.
Dos burros de grandes dimensiones, que se habían extraviado de su zona de pastura habitual en el cercano parque natural de Collserola, irrumpieron en el entorno vial y comenzaron a alimentarse tranquilamente de la vegetación que separa ambos sentidos de la marcha, ajenos por completo al estruendo de los motores y al incesante paso de turismos, motocicletas y camiones.
Ante la incredulidad de quienes conducían y los transeúntes cercanos, rápidamente se avisó a las fuerzas de seguridad, quienes tuvieron que cortar el tráfico durante varios minutos para garantizar la integridad de ambos animales que tranquilamente degustaban su menú en la salida 4 del distrito de Horta en Barcelona.
No obstante, estos animales no aparecieron de la nada. Según reportan los informes de la Guardia Urbana catalana, el propietario avisó horas antes de la desaparición de los burros de su finca ubicada en el entorno de Collserola donde recurrentemente pastaban al aire libre. Al parecer, a los animales no les encantaban dichos pastos, por lo que procedieron a descender la montaña y recorrer varios metros hasta llegar a la ronda de Dalt sin surfir un rasguño y continuar con su manjar priorizando arbustos y malas hierbas.
El operativo policial para capturar y poner a salvo a los dos ejemplares requirió altas dosis de paciencia y tacto por parte de las fuerzas de seguridad. Lejos de mostrarse esquivos o agresivos ante la presencia de los uniformados, los burros exhibieron una actitud sumamente pacífica y cooperativa, manteniendo en todo momento la calma mientras continuaban ramoneando la vegetación urbana.
Valiéndose de un cabestro o también conocido como ronzl (una cuerda que se coloca alrededor de la cabeza o el cuello del ganado, y aprovechando la docilidad de los animales, los agentes consiguieron enlazarlos con cuidado y guiarlos lentamente fuera de la zona de peligro, conduciéndolos hacia un espacio seguro y apartado del asfalto donde quedaron custodiados provisionalmente hasta la llegada de su propietario.
Una vez que la Guardia Urbana confirmó que los animales estaban en perfectas condiciones de salud y no presentaban ninguna herida, el dueño se desplazó hasta el lugar del rescate para hacerse cargo de ellos. Con la ayuda de un remolque adecuado para el transporte de ganado, los burros fueron introducidos en el vehículo y devueltos a su entorno natural en la sierra de Collserola. Tras comprobar que la calzada estaba completamente despejada y que ya no existía peligro de irrupción animal en la vía, los operarios procedieron a reabrir la circulación, permitiendo que el intenso flujo de vehículos recuperara la normalidad de forma paulatina en toda la zona afectada.
El suceso no tardó en viralizarse en redes sociales, donde algunos de los usuarios bromeaban con que a los burros no les gustaba el pasto y por eso se cambiaron de 'restaurante'. Mientras que otros recomendaban al propietario de los animales incorporarles algún tipo de chip localizador para encontrarles más rápido en el caso de que este episodio vuelva a suceder.
Así, este curioso episodio se saldó sin que se registrara ningún tipo de accidente de tráfico ni daños personales o materiales, lo que supuso un gran alivio para las autoridades. La sorprendente inteligencia demostrada por los propios burros, que instintivamente optaron por permanecer guarecidos en la franja vegetal sin pisar las líneas delimitadoras del asfalto ni entrometerse directamente en la trayectoria de los coches, resultó crucial para que la anécdota no derivara en una tragedia vial.
Esta inusual estampa ha vuelto a reabrir el debate vecinal sobre la proximidad de la fauna de Collserola a los densos núcleos urbanos de Barcelona, una convivencia que a menudo regala imágenes curiosas pero que exige una vigilancia constante de los vallados de las fincas colindantes.

