Confirmado: la DGT ha instalado un nuevo radar de tramo y ha informado de dónde está colocado

radar de tramo
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La red de carreteras española tiene un nuevo radar de tramo: la DGT ya ha dicho donde está y dentro de poco comenzará a multar.

Las carreteras españolas cada vez están pobladas por un mayor número de radares y la Dirección General de Tráfico (DGT) últimamente se está decantando por instalar del tipo que es su preferido: los de tramo. Recientemente acaba de incorporar uno más a la colección y ya ha confirmado en su ubicación exacta.

El dispositivo se encuentra en la autovía A-43, entre las localidades de Carrión de Calatrava y Ciudad Real, en Castilla-La Mancha. Esta medida es solo parte de un plan más amplio para reforzar la seguridad vial en una de las zonas con mayor tránsito y siniestralidad de la provincia.

El radar se ubica en sentido hacia Puertollano, entre los kilómetros 6 y 2,5 de la autovía, justo a la salida de Carrión y antes de la primera entrada a Ciudad Real. A lo largo de este tramo, de poco más de tres kilómetros, se controlará la velocidad media de los vehículos, que no podrá superar los 120 km/h, el límite establecido para vías de alta capacidad.

Durante la semana pasada se colocaron tanto los paneles informativos del comienzo y el final del tramo, como las cámaras que serán las encargadas de registrar el paso de los vehículos.

La decisión de instalar este radar en esta ubicación responde a varios factores, entre los que destacan el elevado volumen de tráfico que pasa a diario por esa zona, el alto índice de accidentes que se registra en la misma y la proximidad que tiene con zonas urbanas.

Se trata de una vía especialmente transitada, tanto por usuarios locales como por vehículos de largo recorrido, lo que la convierte en un punto crítico en términos de seguridad vial.

Como es habitual, durante un primer periodo, una vez se ponga en funcionamiento (actualmente está inactivo), solo se mandará avisos a los conductores, pero cuando pase éste, empezarán las multas.

Y se prevé que estas sean muchas. La instalación de este radar generará un importante volumen de sanciones debido al perfil del tramo. Al ser recto, bastante amplio y con tráfico fluido, es de esperar que a los conductores se les vaya la mano con el acelerador y pasen de los 120 km/h sin darse cuenta de ello.

Este comportamiento, que se podría solventar en el último momento si se tratara de un radar fijo (o de uno móvil si se supiera que está ahí), es mucho más difícil de reconducir en uno de tramo.

Teniendo en cuenta que la distancia que cubre es de unos 3 kilómetros, si, por ejemplo, un conductor entra en él a 130 km/h o algo más, no tendrá tiempo de reacción para darse cuenta y reducir la velocidad. Tendría que bajarla para ir anormalmente lento e intentar librarse de la multa, lo que no será seguro y, además, podría incluso generar accidentes por frenadas que sean poco intuitivas para el resto de conductores.

La DGT sabe muy bien lo que hace y uno de los motivos que ha llevado a optar por un radar de tramo, en lugar de un radar fijo convencional, es la mayor eficacia que ofrecen este tipo de sistemas, algo que deriva directamente de su funcionamiento.

Cómo funciona un radar de tramo

Un radar de tramo es un sistema de control de velocidad que mide la velocidad media de un vehículo entre dos puntos de una carretera. A diferencia de los radares fijos tradicionales, que captan la velocidad en un solo instante, el radar de tramo calcula el tiempo que tarda un vehículo en recorrer una distancia determinada.

De esta manera, hay una puerta de entrada y otra de salida, cada una con su cámara correspondiente. Al pasar por el primer punto, una registra la matrícula y la hora exacta de entrada. Al llegar al segundo punto, la otra vuelve a captar la matrícula y la hora de salida.

Con estos datos, se calcula la velocidad media dividiendo la distancia recorrida entre el tiempo empleado. Si la velocidad supera el límite legal permitido, se genera automáticamente una sanción.

De esta manera, se evita el tan habitual comportamiento de muchos conductores que, al acercarse a un radar fijo, bajan la velocidad para que no les “hagan la foto”, pero, en cuanto pasan unas decenas de metros desde el cinemómetro, vuelven a acelerar para ir a velocidades ilegales.

Con este método, por un lado se evitan esos frenazos repentinos que se pueden traducir en golpes de alcance y, por otro, se controla que no haya excesos de velocidad a lo largo de un tramo que puede ser peligroso en su conjunto.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España