Atiende si tu coche tiene alguno de estos signos de desgaste de la correa de distribución y evita averías caras

correa de distribución
correa de distribución

Conviene seguir los intervalos de revisión y recambio, porque una avería provocada por la correa de distribución es grave.

La correa de distribución es uno de esos componentes del coche a los que muchos conductores no prestan atención hasta que aparece una avería. El problema es que, si ésta tiene lugar, suele ser un destrozo e implicar un desembolso económico considerable. Por eso, detectar a tiempo los síntomas de desgaste es clave y estos son los cinco principales que puedes vigilar.

Ten en cuenta que, aunque los fabricantes establecen unos intervalos de sustitución, la correa también puede deteriorarse de manera prematura. Además, en muchos modelos la correa se encuentra protegida por una cubierta que debe desmontarse, así que inspeccionarla no es algo que se pueda hacer de manera tan sencilla. Por lo tanto, lo mejor que se puede hacer es prestar atención (aunque si puedes verla directamente, mejor que mejor).

Uno de los primeros síntomas que pueden indicar un problema es que la correa se haya estirado. Aunque este componente está diseñado para mantener una tensión constante durante toda su vida útil, el desgaste puede hacer que pierda parte de esa capacidad. Cuando esto ocurre, el motor puede mostrar dificultades para arrancar, funcionar de manera irregular al ralentí, perder potencia o aumentar el consumo de combustible.

El motivo es que una correa excesivamente estirada puede llegar a saltar uno o varios dientes de las poleas sobre las que trabaja. En ese momento deja de sincronizar correctamente el movimiento del cigüeñal y el árbol de levas, alterando la apertura y cierre de las válvulas.

Otro aspecto al que conviene prestar atención son las posibles fugas que aparezcan bajo la cubierta de la distribución. La presencia de manchas de aceite, restos de anticongelante o acumulaciones de suciedad puede ser una señal de que alguno de estos líquidos está alcanzando la correa.

El contacto con aceite o refrigerante deteriora el material con el que está fabricada, acelerando su envejecimiento y aumentando el riesgo de rotura. Además, estos fluidos reducen la adherencia de la correa sobre las poleas, favoreciendo que pueda resbalar y perder la sincronización del motor.

Los ruidos extraños procedentes de la zona de la distribución son otra señal de alarma que nunca debe ignorarse. Chirridos, rechinamientos o sonidos metálicos pueden indicar que la correa está desalineada, excesivamente desgastada o que alguno de los componentes del sistema, como un rodamiento tensor o la propia bomba de agua, está comenzando a fallar. En estos casos suele existir una relación directa entre el ruido y el régimen de giro del motor: cuanto mayor es la velocidad, mayor intensidad adquieren los sonidos.

La propia inspección visual de la correa también puede revelar numerosos indicios de desgaste. La aparición de grietas en la superficie, bordes deshilachados, capas que comienzan a separarse, dientes deteriorados o fibras visibles son síntomas claros de que el componente ha llegado al final de su vida útil.

No hace falta que el deterioro afecte a toda la correa, incluso si el desgaste solo aparece en uno de los bordes, la recomendación es sustituirla cuanto antes. Además, cuando se detectan estos daños resulta aconsejable revisar el resto del sistema de distribución, ya que poleas, tensores o la bomba de agua pueden haber contribuido al desgaste prematuro.

Otro síntoma menos conocido es que la correa no circule correctamente alineada sobre las poleas. Si durante la inspección se aprecia un desplazamiento lateral es posible que exista un problema de montaje o que el rodillo tensor no esté funcionando correctamente.

Una correa desalineada se desgasta de forma irregular, trabaja sometida a una temperatura superior a la prevista y aumenta considerablemente el riesgo de rotura. Por ello, este tipo de anomalías debe solucionarse lo antes posible antes de que termine provocando una avería de mayor importancia.

Aunque todo esto sirve para anticiparse y darse cuenta de que algo no está bien, la mejor manera de evitar problemas es seguir los intervalos de mantenimiento recomendados por el fabricante. Aunque cada uno tiene sus propios tiempos y distancias, como referencia general la mayoría de las correas de distribución deben sustituirse entre los 80.000 y los 100.000 kilómetros o cada cinco años, lo que ocurra antes.

Y esto es importante, porque es un aspecto que tiende a olvidarse. Un vehículo que apenas se utiliza también puede sufrir el deterioro de la correa aunque no esté recorriendo kilómetros. El paso del tiempo hace que el caucho vaya perdiendo elasticidad, se reseque y se vuelva quebradizo debido a la tensión constante a la que está sometido, por lo que un coche con pocos kilómetros no está exento de sufrir una rotura.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España