Alba Vázquez, piloto de Turismos: "En estos coches las probabilidades de que te pase algo no son muy altas"

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La campeona de España de turismos en 2022 se menciona sobre la seguridad de la alta competición y sus diferencias en los trayectos de carretera.
El mundo del automovilismo deportivo exige convivir constantemente con el riesgo, la adrenalina y la búsqueda del límite técnico en cada curva. Sin embargo, para profesionales como Alba Vázquez, una de las jóvenes promesas más destacadas del panorama nacional tras haberse proclamado campeona de España femenina de Turismos en 2022, la percepción del peligro en la pista es muy diferente a la que sostiene el público general.
A sus 23 años, la piloto gallega rompe tabúes sobre la seguridad en las carreras y defiende con contundencia que la velocidad desmedida y las imprudencias deben quedar exclusivamente reservadas a los entornos controlados de un circuito profesional, donde la ingeniería y los protocolos de protección marcan la diferencia entre la vida y la muerte. De hecho, el deporte del motor moderno, la evolución de los estándares de seguridad ha transformado de forma radical la experiencia al volante.
Vázquez explica que, a pesar de las impresionantes velocidades que alcanzan los turismos en la competición, la sensación de vulnerabilidad dentro del habitáculo es reducida en comparación con lo que experimenta cualquier conductor en la vía pública. La estructura de los vehículos de carreras está rigurosamente diseñada para absorber impactos extremos, protegiendo al piloto mediante monocascos reforzados, barras antivuelco de alta resistencia, arneses de múltiples puntos de anclaje, asientos baquet anatómicos y sistemas de protección cervical como el HANS.

Todo este despliegue tecnológico crea una burbuja de alta protección que reduce al mínimo el margen de sufrir lesiones graves en caso de accidente. Por esta razón, la piloto asegura con rotundidad que en este tipo de coches las probabilidades de que sufres un percance con consecuencias fatales o graves son notablemente bajas. Esta realidad del circuito contrasta de manera drástica con los riesgos reales que entraña la conducción cotidiana en calles y carreteras abiertas al tráfico.
Alba Vázquez enfatiza la necesidad de concienciar a los conductores sobre la falsa sensación de seguridad que ofrecen los vehículos de calle convencionales. A diferencia de un automóvil preparado para la alta competición, los coches de uso diario carecen del equipamiento estructural de carreras y comparten espacio con multitud de factores impredecibles, como las distracciones de otros usuarios, condiciones meteorológicas adversas, presencia de peatones y obstáculos inesperados.
En la vía pública, las consecuencias de un despiste o de un exceso de velocidad no se saldan con una maniobra en una zona de escapatoria o con un impacto amortiguado por barreras de neumáticos, sino que suelen traducirse en colisiones de alta gravedad. La joven piloto aprovecha su visibilidad en el deporte del motor para enviar un mensaje directo a la sociedad, criticando de forma tajante a quienes confunden la vía pública con un trazado de carreras.
Poner en peligro la propia vida y la de los demás por mantener conductas imprudentes o temerarias al volante no solo demuestra una falta de responsabilidad cívica, sino también un profundo desconocimiento de lo que implica la conducción al límite. Junto a ello, Vázquez argumenta que la verdadera destreza y la pasión por la velocidad tienen su único lugar legítimo en los circuitos cerrados, donde existen comisarios de pista, ambulancias medicalizadas al instante y normativas estrictas que regulan cada movimiento para minimizar al máximo cualquier eventualidad.
Con su testimonio, Alba Vázquez no solo consolida su papel como referente deportivo dentro de una disciplina tradicionalmente dominada por hombres, sino que también se posiciona como una voz autorizada en materia de educación vial. Su mensaje invita a una profunda reflexión colectiva sobre los peligros reales del tráfico rodado y sobre la importancia de respetar los límites de velocidad. La experiencia en la alta competición le permite afirmar que la tecnología puede mitigar los riesgos cuando se compite con las máximas garantías, pero en la carretera ordinaria, la mejor herramienta de seguridad sigue siendo la prudencia, la responsabilidad y el sentido común de cada conductor al ponerse al volante.

