En 2009, hubo una reinterpretación moderna del Citroën 2CV: se llamaba Revolte y no era un coche eléctrico, sino PHEV

Hace 17 años, Citroën sorprendió al mundo con el Revolte concept, un prototipo que adelantaba cómo sería el 2CV del futuro, aunque entonces lo idearon como un híbrido enchufable.
Cuando se habla de reinterpretaciones modernas de modelos clásicos, es habitual pensar en ejemplos como el Mini, el Fiat 500 o el Volkswagen Beetle. Y ahora que Citroën trabaja en el resurgir del mítico 2CV, viajamos atrás en el tiempo para rememorar un curioso concept car llamado Revolte que la firma de los dos chevrones presentó en sociedad en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 2009. El modelo nunca llegó a producción, pero sirvió para mostrar al mundo cómo Citroën imaginaba el regreso del que probablemente sea el coche más importante de su historia.
Lo más curioso de este prototipo es que, aunque muchos lo consideran una reinterpretación moderna del Citroën 2CV, en realidad no pretendía copiar su diseño. El Revolte tomaba algunos de los principios que hicieron famoso al 2CV para darles completamente la vuelta y adaptarlos a una nueva realidad urbana en la que ya no existía un sencillo motor bóxer de dos cilindros, sino un complejo sistema de propulsión híbrido enchufable.
El adelanto del Citroën 2CV del futuro llegó en 2009

En aquel momento, la industria comenzaba a hablar de electrificación. No al nivel en el que nos encontramos en la actualidad, pero el coche eléctrico empezaba a sonar. Las ciudades crecían, la movilidad estaba cambiando y los fabricantes buscaban nuevas fórmulas para responder a las necesidades de los conductores. Citroën entendía que los coches pequeños iban a adquirir una importancia todavía mayor en el futuro y quiso utilizar el Revolte como un laboratorio de ideas para mostrar cómo podría evolucionar este segmento.
Con 3,68 metros de longitud, 1,73 metros de anchura y apenas 1,35 metros de altura, el Revolte era un vehículo pensado para el entorno urbano. El diseño exterior era uno de los aspectos más llamativos. La carrocería apostaba por unas proporciones musculosas, con pasos de rueda muy marcados, un capó de formas curvas y una silueta baja que transmitía una imagen mucho más deportiva de lo habitual en un coche de estas dimensiones. Todo ello estaba acompañado por una llamativa pintura violeta brillante.
Las puertas traseras con apertura invertida contribuían a mejorar el acceso al habitáculo, mientras que, una vez en el interior, la marca francesa se inspiró en el mundo de la cosmética y de la moda para crear una cabina diferente a cualquier otro coche de su época.

Cuero negro trenzado, terciopelo carmesí y superficies de aluminio sustituían a materiales más tradicionales como la madera, mientras que la combinación de colores convertía el habitáculo en una especie de estuche de maquillaje de gran tamaño.
El Revolte ofrecía un habitáculo con tres asientos concebido como si fuera un salón. En la parte trasera se instalaba una especie de sofá de diseño contemporáneo que ocupaba prácticamente toda la zona posterior e incluso parte del espacio reservado al acompañante delantero.
Citroën también aprovechó el prototipo para experimentar con nuevas soluciones tecnológicas. Uno de los elementos más llamativos era la pantalla táctil central, integrada dentro de una estructura de cristal rojo que parecía emerger desde el propio salpicadero. Además de servir como interfaz multimedia, estos elementos cristalinos cumplían una función relacionada con la circulación y renovación del aire del habitáculo.
Otro detalle interesante era la integración de las baterías bajo el asiento posterior, una solución que permitía aprovechar mejor el espacio disponible sin afectar al diseño interior. A ello se sumaban unas células fotovoltaicas instaladas en el capó, encargadas de alimentar diferentes funciones de confort sin necesidad de recurrir a la energía almacenada en la batería principal.
Un coche urbano híbrido enchufable

Sin embargo, el aspecto más avanzado del Revolte para su época era su sistema de propulsión. En 2009, buena parte de la industria estaba centrando sus esfuerzos en los vehículos completamente eléctricos, pero Citroën optó por una solución diferente.
El Revolte utilizaba una mecánica híbrida enchufable, algo que hoy resulta habitual pero que hace 17 años todavía era una tecnología muy poco extendida. El sistema combinaba un motor de combustión de pequeña cilindrada con un propulsor eléctrico, ambos capaces de impulsar directamente las ruedas con una potencia de 323 CV. Además, Citroën anunciaba un 0 a 100 km/h en 5 segundos y una velocidad máxima de 225 km/h.
Además, el prototipo podía circular en modo eléctrico, funcionando como un vehículo de cero emisiones durante los trayectos urbanos. La batería podía recargarse y alimentar al motor eléctrico, permitiendo priorizar el uso de la energía eléctrica en la conducción urbana. No se especificó cuál era el tamaño de la batería ni el rango de autonomía eléctrica.
El Citroën Revolte fue un adelanto de lo que la marca francesa acabará haciendo realidad en 2028, cuando se lance al mercado la versión de producción del Citroën 2CV. Antes, en octubre de este año, Citroën revelará un interesante prototipo que nos dará pistas de cómo va a ser el nuevo 2CV eléctrico.
