Según un estudio británico, hay cinco marcas de coches eléctricos que mantienen su batería intacta a los tres años de uso. Pero puede haber truco

El análisis de Reino Unido recopila datos de miles de vehículos eléctricos y demuestra que las baterías no pierden capacidad en algunos casos y muy poca en otros, después de tres años de uso.
Hay varias cosas que preocupan a muchos potenciales compradores de coches eléctricos y una de ellas es la degradación de la batería. Sobre este punto, se han realizado numerosos estudios como este de la empresa británica Geotab que demuestran que las baterías conservan buena parte de su capacidad.
Ahora nos llega otro análisis, esta vez, de la consultora Recurrent, especializada en analizar el rendimiento de los vehículos eléctricos y asesorar en la compra.
La compañía estadounidense, con sede en Seattle, ha llegado a la misma conclusión que otros estudios realizados: las baterías de los coches eléctricos se degradan con el tiempo y el uso, sí. Pero no tanto como se pensaba. No sólo eso, sino que no todas las baterías envejecen igual.
Esto es una buena noticia para quienes tienen en mente comprar un coche eléctrico y no se atreven a dar el paso definitivo. El tema de la pérdida de capacidad de las baterías suele preocupar, aunque quizás menos que los tiempos de recarga, la autonomía y la infraestructura de carga.
Las baterías de los coches eléctricos se degradan mucho menos de los que se cree

La consultora estadounidense ha recopilado datos telemáticos de miles de vehículos y ha comparado la autonomía real en el momento en el que salieron del concesionario con la que registran después de tres años de uso.
Tras analizar los resultados, hay cinco marcas que mantienen su batería intacta, con el 100% de capacidad: Cadillac, Hyundai, Mercedes, Mini, y Rivian.
A estas cinco, les sigue Ford, con un 99,9%, es decir, una degradación imperceptible. Luego están Nissan, con un 98,4%, y Audi, con un 96,8%, una pérdida de capacidad también anecdótica.
Tesla también sale bien parada del estudio, conservando el 96,3% de capacidad en su batería. La marca de Elon Musk suele ser un referente en este tipo de investigaciones. El top10 lo cierra Kia, con un 96,2%.
Por el contrario, las marcas cuyas baterías se degradaron más fueron Jaguar, BMW y Volkswagen. No obstante, los tres fabricantes conservaron más del 90% de capacidad.
El truco que hacen los fabricantes para que no se note la degradación de las baterías

Del estudio de Recurrent llama la atención que cierto coches eléctricos no sufran ninguna degradación en sus baterías después de tres años de uso, incluso, que muchos otros pierdan muy poca capacidad.
La conclusión podría ser que estas baterías no envejecen. Sin embargo, hay un pequeño truco. Según explica Liz Najman, directora de investigación de mercado de la consultora, esto podría deberse a la manera en que los fabricantes gestionan los buffers internos de las baterías.
Es decir, que algunos modelos ocultan un porcentaje de capacidad adicional que permanece inaccesible para el conductor y, a medida que la batería se degrada, el fabricante puede liberar parte de ese margen “secreto” para que el usuario no note una pérdida de autonomía.
A esto hay que añadir también las actualizaciones de software que reciben los vehículos cada cierto tiempo que ajustan parámetros como la regeneración, el sistema de climatización, la bomba de calor o, en definitiva, la eficiencia general del sistema.
Por supuesto, también hay que tener en cuenta factores como el uso que se haga del coche. No es lo mismo recorrer 50.000 kilómetros en tres años que 150.000. Como no es lo mismo circular habitualmente por ciudad o carretera, en zonas llanas o montañosas, etc.
La antigüedad es clave
Otro de los datos que recoge el estudio es que la antigüedad de los coches influye mucho en la degradación de las baterías, algo que no debería sorprender a nadie.
Modelos veteranos, como el BMW i3, lanzado en 2014, o el Jaguar I-Pace, en 2018, sufren una mayor perdida de capacidad en sus baterías que vehículos más modernos y avanzados tecnológicamente, equipados no sólo con baterías más grandes, sino también con sistemas de refrigeración más eficientes y una mejor gestión térmica.
Las primeras generaciones de vehículos eléctricos no estaban tan optimizadas como los coches actuales. Por eso, la preocupación por la degradación de las baterías estaba más justificada antes, pero hoy ya podemos decir que este problema no existe o tiene un impacto casi imperceptible.