Hasta 300 kilómetros de diferencias en el mismo coche, por qué un eléctrico gasta menos en ciudad

BYD Dolphin Surf en conducción urbana
BYD Dolphin Surf en conducción urbana

Los coches eléctricos son mucho más eficientes en conducción urbana que en carretera por diferentes factores, logrando una enorme diferencia tanto en consumo como en autonomía.

La autonomía de un coche eléctrico varía al igual que lo hace en un vehículo con motor de combustión. Dependiendo del uso, el entorno y hasta la temperatura del ambiente, un depósito de gasolina puede aguantar más kilómetros o menos. Lo mismo ocurre con los eléctricos, donde a pesar de que los fabricantes homologan un determinado número de kilómetros por carga, la distancia real que puede recorrer depende en gran medida del tipo de conducción. De hecho, un mismo modelo puede ofrecer diferencias de hasta 300 kilómetros entre un uso urbano y otro por autopista.

Lejos de lo que ocurre con un coche de gasolina o diésel, cuya eficiencia suele mejorar cuando circula a velocidad constante por carretera, los coches eléctricos obtienen sus mejores cifras en ciudad. 

Puede parecer confuso, pero la razón detrás de este hecho está en el funcionamiento de su sistema de propulsión y en varios factores físicos que favorecen el ahorro energético durante la circulación urbana. Aquí tienes las razones por las que un coche eléctrico gasta menos batería en ciudad.

Recuperación de energía

La mayor ventaja de un coche eléctrico en ciudad es la frenada regenerativa. Cada vez que el conductor levanta el pie del acelerador o pisa el freno, el motor eléctrico deja de impulsar las ruedas y pasa a funcionar como un generador. En ese momento transforma parte de la energía cinética del vehículo en electricidad, que vuelve a almacenarse en la batería.

En un coche con motor de combustión, toda esa energía se pierde en forma de calor a través de los frenos. Sin embargo, un eléctrico puede reutilizarla y, como en ciudad las frenadas y aceleraciones son constantes, este sistema trabaja durante todo el trayecto y contribuye a reducir el consumo energético.

Reducida resistencia al aire

Otro de los factores que más influyen en la autonomía es la aerodinámica. A velocidades urbanas, la resistencia aerodinámica apenas supone un esfuerzo para el coche. Sin embargo, cuando se circula por autovía a 120 km/h, la situación cambia. La resistencia aumenta exponencialmente con la velocidad, por lo que el motor necesita mucha más energía para mantener el avance. Esa demanda constante de electricidad hace que la batería se descargue más deprisa y explica por qué la autonomía disminuye más rápido en los viajes por carretera.

Eficiencia a baja velocidad

Los motores eléctricos presentan una eficiencia muy superior a la de un motor de combustión. Mientras que un propulsor de gasolina o diésel aprovecha un tercio de la energía contenida en el combustible, un motor eléctrico es capaz de transformar en movimiento casi toda la electricidad almacenada en la batería.

Además, esa elevada eficiencia apenas varía cuando se circula a baja velocidad. A diferencia de un motor térmico, que en ciudad trabaja fuera de su punto óptimo debido a las aceleraciones y frenadas, un motor eléctrico mantiene un rendimiento muy elevado incluso a velocidades bajas.

Sin consumo cuando está parado

Las retenciones son otro escenario donde un vehículo eléctrico sale beneficiado. Cuando permanece parado en un semáforo o en un atasco, el motor deja de consumir energía para impulsar el coche. El gasto eléctrico se limita a alimentar los sistemas auxiliares, como la climatización, la iluminación o el sistema multimedia. En un coche con motor de combustión ocurre justo lo contrario. Aunque el vehículo no avance, el motor continúa funcionando al ralentí y sigue consumiendo combustible de forma constante.

Aceleraciones eficientes

La entrega instantánea de par también ayuda a que un motor eléctrico sea más eficiente en ciudad de lo que lo es un coche de gasolina. Desde el primer momento, el motor eléctrico desarrolla todo su par sin necesidad de aumentar el régimen de giro ni de hacer cambios de marcha.

Esto permite acelerar de manera eficiente y con menos pérdidas mecánicas que en un vehículo de combustión. Y en conducción urbana, con constantes cambios de velocidad y paradas, la entrega de par instantánea de los coches eléctricos ayuda a reducir el consumo y a aprovechar mejor la energía disponible en la batería.

Empeora a velocidad constante

La situación cambia por completo cuando el vehículo circula durante largos periodos por autovía o autopista. A velocidad constante apenas existen frenadas o desaceleraciones, por lo que el sistema de regeneración no suele entrar en funcionamiento. Al mismo tiempo, el motor debe suministrar energía para hacer frente a la resistencia del aire y de la rodadura. Como la batería solo entrega electricidad y apenas recupera parte de esa energía durante el trayecto, el consumo aumenta y la autonomía se ve seriamente afectada.

Y estas son precisamente las razones por las que las pruebas de homologación incluyen test de conducción tanto en carretera como en ciudad. De este modo, se pueden obtener cifras reales de consumo en ambos escenarios y calcular cuál es la autonomía que un vehículo enchufable puede recorrer con la electricidad acumulada en su batería.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España