Así se usa un coche eléctrico, tres cosas que cambian por completo frente a un coche gasolina

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Si vas a comprar un automóvil eléctrico, hay ciertos aspectos que no tienen nada que ver con uno de combustión.
Pasarse a un coche eléctrico no es simplemente sustituir un motor de gasolina por uno de cero emisiones y seguir haciendo exactamente lo mismo. A primera vista, ambos vehículos funcionan de una manera muy parecida, tienen volante, acelerador, freno, luces, climatización y cuatro ruedas; pero cuando llega el momento de utilizarlos en el día a día aparecen diferencias importantes que obligan a cambiar algunos hábitos.
No se trata de que conducir un eléctrico sea más complicado, de hecho, en muchos aspectos puede resultar incluso más sencillo. Lo que cambia es la manera de relacionarse con el coche, cómo se interactúa con él, cómo se calculan los tiempos y, también en cierta parte, algunos factores que hay que tener en cuenta a la hora de ponerse al volante.
Son muchas las pequeñas cosas que cambian, pero, si hay que centrarlas en tres grandes grupos, podemos hablar de estos factores principales: cómo se reposta, cómo se conduce y cómo se gestiona la autonomía.
Ya no se va a repostar
La diferencia más evidente aparece incluso antes de arrancar y la sabe incluso alguien que no haya cogido un eléctrico nunca: recargar no es lo mismo que repostar.
Con un coche de gasolina, la rutina está muy clara: cuando el depósito empieza a quedarse vacío, hay que buscar una gasolinera, detenerse unos minutos, llenar el depósito y continuar el viaje. Es un proceso que prácticamente todos los conductores tienen interiorizado, pero, con un coche eléctrico, esa lógica cambia.
Con un vehículo a baterías, la recarga se integra en el día a día, especialmente para aquellos que tienen un cargador en casa. El coche llega por la tarde, se conecta y permanece cargando durante la noche, de manera que a la mañana siguiente está preparado para volver a utilizarse. No ha sido necesario hacer una parada específica para “repostar” y, en muchos casos, el conductor ni siquiera tiene que modificar su rutina.

De esta manera, el concepto de repostaje pierde parte de su sentido en la vida cotidiana. La batería se puede ir rellenando poco a poco mientras el vehículo está parado, de manera que si durante un día se recorren 40, 50 o 60 kilómetros, no es necesario recuperar toda la autonomía inmediatamente. Basta con reponer durante la noche la energía que se ha consumido.
Obviamente, la situación cambia cuando llega un viaje largo, momento en el que la carga sí se convierte en una parte importante de la planificación. Ya no basta con saber que hay una gasolinera cada pocos kilómetros, hay que conocer dónde están los cargadores, qué potencia pueden ofrecer y cuánto tiempo puede necesitar el vehículo para recuperar la energía, porque incluso con los cargadores más potentes la espera es más larga que simplemente un llenado de depósito.
El pedal del acelerador también sirve para frenar
La segunda diferencia aparece directamente al volante y es que, aunque en términos generales un eléctrico y un coche de combustión se conducen de manera parecida, aquél tiene ciertas características específicas. Lo que suele señalarse siempre primero es la entrega de potencia y par, que son inmediatos, lo que hace que las aceleraciones sean mucho mayores, algo que puede coger desprevenido a quien no esté acostumbrado.
Sin embargo, hay otro factor que también es importante y cambia respecto a lo habitual, que conviene tener en cuenta: los coches eléctricos pueden recuperar parte de la energía cinética del vehículo cuando el conductor deja de acelerar. Es lo que se conoce como frenada regenerativa.
En un coche convencional, cuando levantas el pie del acelerador, el vehículo reduce su velocidad principalmente por la resistencia aerodinámica, la rodadura y la retención del propio motor, especialmente en marchas más bajas. Pero en un eléctrico ocurre algo diferente, porque el motor puede funcionar como generador cuando el coche está desacelerando. En lugar de consumir electricidad de la batería, recupera parte de la energía del movimiento y la devuelve al sistema.

El resultado es algo que puede sorprender a los conductores durante los primeros kilómetros. Al levantar el pie del acelerador, algunos eléctricos desaceleran de manera bastante acusada, algo que depende del modelo y del modo de conducción seleccionado, lo que puede coger de improvisto al conductor.
Son cada vez más los vehículos que ofrecen la conducción de un solo pedal, es decir, en la que solo se necesita el acelerador: al pulsarlo el coche avanza, pero al soltar, la retención del sistema es tan fuerte que actúa directamente como un freno.
A pesar de ello, eso no significa que el pedal de freno deje de ser necesario, sigue estando ahí para las frenadas más intensas y para detener el vehículo por completo cuando sea necesario. Además, suele poder elegirse entre distintos niveles de frenada regenerativa, para aquellos que prefieren un comportamiento más similar al de un coche de toda la vida.
Es un sistema que cambia la forma de conducir. En lugar de acelerar hasta llegar al semáforo y frenar en el último momento, resulta más natural anticiparse: levantar el acelerador antes, dejar que el coche reduzca velocidad y recuperar parte de la energía durante el proceso, buscando estirar al máximo posible la autonomía del vehículo.
La autonomía adquiere una importancia distinta
La tercera gran diferencia es probablemente la que más preocupa a quien nunca ha utilizado un eléctrico: la autonomía. No nos engañemos, en un coche de gasolina también existe una autonomía limitada, pero el problema tiene unas características diferentes. Si el depósito está casi vacío, normalmente basta con localizar una gasolinera y dedicar unos minutos a llenarlo. La rapidez del repostaje hace que el conductor pueda permitirse llegar a la estación de servicio con bastante menos margen.
En un eléctrico, la autonomía requiere algo más de planificación, especialmente durante los viajes. No basta con mirar cuántos kilómetros quedan, también es necesario saber dónde está el próximo cargador y qué características tiene. Además, dado que la red no es tan extensa como la de gasolineras, los tiempos de recarga, la compatibilidad de cargadores y potencias, etc., el conductor tiene que ser mucho más consciente de la batería que le queda en cada momento.

Es algo que, incluso hasta sin darse cuenta, irá afectando a su manera de conducir: controlará la velocidad para reducir el consumo, reducirá los acelerones que hace, empezará a conducir a vela, etc.
En su día a día tendrá presente qué puntos de recarga tiene en su entorno y cómo entra en juego su cargador doméstico, mientras que en viajes largos, casi de manera inevitable, planificará su ruta contemplando al menos una parada para reponer energía y que el coche llegue a destino con un margen generoso restante.

