Ni miedo ni complicación, estas son las siete grandes diferencias entre conducir un coche eléctrico y un térmico

Te explicamos las grandes diferencias que hay entre conducir un coche eléctrico y uno térmico, si estás pensando en dar el salto a la movilidad eléctrica.
Cada vez es mayor el interés por el coche eléctrico. Según el Barómetro de Movilidad 2025 elaborado por Ipsos para Europ Assistance, el 91% de los españoles que va a comprar un coche en los próximos 12 meses va a decantarse por un eléctrico. Pero ¿hay diferencias entre conducir un coche eléctrico y un térmico?
Pues sí que las hay. En esencia, es lo mismo, un vehículo de cuatro ruedas que, en un caso se impulsa mediante un motor eléctrico y en otro de combustión, ya sea de gasolina o diésel.
Sin embargo, hay algunas cosas que cambian y no nos referimos a ciertos hábitos, como planificar bien un viaje antes de iniciarlo, localizando estaciones de recarga por el camino, tiempo de recarga, etc., sino a la acción de conducir, puramente.
A continuación, te mostramos las siete grandes diferencias que hay entre conducir un coche eléctrico y uno térmico, para que las tengas en cuenta antes de elegir entre uno u otro.
1 Aceleración inmediata
Una de las grandes diferencias entre un coche eléctrico y otro de combustión es la aceleración. En un eléctrico, la entrega de par es instantánea, lo que permite alcanzar velocidad muy rápido.
En consecuencia, casi cualquier coche eléctrico medianamente potente ofrece aceleraciones de vértigo, lo que permite hacer adelantamiento con mayor seguridad o meterte en huecos o entrar en una rotonda como no lo harías con un coche de combustión.
No obstante, esto puede tener repercusiones negativas en el consumo y conviene utilizar todo ese potencial sólo cuando se requiera una entrega máxima.
2 Frenada regenerativa
Otra característica importante de los vehículos a batería, y que los diferencia de los térmicos, es la frenada regenerativa. Cuando levantas el pie del acelerador, se activa un sistema que, por un lado, frena el vehículo y, por otro recupera energía para la batería.
Es una sensación parecida a cuando pisas levemente el freno en un coche de combustión y es muy útil cuando se circula en ciudad, porque permite conducir con un solo pedal, haciendo escaso uso del pedal de freno.
Al mismo tiempo, este sistema recupera un porcentaje de la energía entregada y la regenera para recargar parcialmente la batería. Algunos modelos equipan levas en el volante que no sirven para cambiar de marcha, sino para escoger el nivel de regeneración del sistema.
3 Ausencia de ruido y vibraciones
Otra gran diferencia entre conducir un coche eléctrico y uno térmico es la ausencia de ruido y vibraciones, aunque esto puede ser una ventaja o un inconveniente, según se mire. A quien le guste el sonido de un motor y sentir la mecánica, un eléctrico le parecerá aburrido.
Sin embargo, la ausencia casi total de ruido garantiza un mayor confort y es muy cómodo en ciudad. Además, ayuda a estar más pendiente de otros elementos y evitar distracciones.
4 Ausencia de ralentí
Este punto está relacionado con el anterior. La ausencia de ralentí es otra característica de los coches eléctricos y hay que acostumbrarse a ella. Aunque también es verdad que los coches de combustión, sobre todo, de gasolina, casi no se sienten en algunos casos.
En el caso de los eléctricos, la ausencia de ralentí es total, al carecer de un motor térmico que gire. Eso sí, la energía que necesiten la bomba de dirección, aire acondicionado, el alternador para la batería de 12 voltios y demás sistemas auxiliares se toma directamente de la batería.
5 Caja de cambios
A la hora de conducir un coche eléctrico, hay otra diferencia notable con respecto a uno térmico, como es la ausencia de una caja de cambios que transmita la fuerza del motor a las ruedas.
No es que los coches eléctricos sean automáticos, que ya muchos de combustión lo son, sino que no tienen un sistema de transmisión como éstos, en el que se perciben los saltos de una marcha a otra. Un eléctrico gana velocidad al acelerar de manera lineal.
6 Prestar más atención al consumo
Independientemente de que un coche sea eléctrico o de combustión, hay que prestar atención al consumo, pero mucho más en un eléctrico, ya que no sobra tanta energía como en coches convencionales.
Un depósito de combustible medio, de 50 litros, equivale a unos 500 kWh de energía, aproximadamente. En cambio, las baterías de los eléctricos rara vez superan los 100 kWh y ya hablamos de coches de alta gama y segmentos superiores. Normalmente, tienen entre 40 y 60 kWh, de media.
Lo bueno es que esa diferencia se compensa en parte con la mayor eficiencia de los motores eléctricos y el precio de la energía es menor que los combustibles.
En cualquier caso, al tener menos autonomía, hay que estar más atentos al consumo en un eléctrico y cuidar más la velocidad, no abusar de las aceleraciones, no hacer frenadas bruscas y, en definitiva, hacer una conducción eficiente.
7 Reparto de pesos
Por último, los coches eléctricos pesan más que los de combustión, lo que obliga a los ingenieros a realizar un mejor reparto de pesos. Esto hace que, en general, el centro de gravedad de estos vehículos sea más bajo, lo cual garantiza una mayor estabilidad y seguridad a la hora de coger las curvas.
Cuando se conduce un coche eléctrico, se tiene la sensación de ir más aplomado y pasar más plano por una curva, lo cual invita también a ir más rápido y puede ser contraproducente.
