Prueba

Chevrolet Orlando 2.0 VDCI: ¿Quieres ser diferente?

David López

13/04/2011 - 13:29

El Chevrolet Orlando se describe fácilmente: siete plazas, buena amplitud y un precio más que interesante. Con él, la marca americana entra en el segmento de los monovolúmenes para intentar dar la campanada. ¿Lo consigue?

Lo primero que te debe llamar la atención del Chevrolet Orlando es su precio. Más todavía cuando siguen (y seguirán) con la oferta de lanzamiento de 1.500 euros de descuento. Ninguno de sus rivales, a igualdad de motor, cuesta menos. Además, por los 22.150 euros (precio sin promoción) que pide Chevrolet por su Orlando VCDI de 131 CV y acabado LT+ tienes de serie siete plazas, sensor de parking trasero, mandos en el volante, toma USB y climatizador.

Eso es mucho, sobre todo si te digo que en un Ford Grand C-Max, por ejemplo, tendrás que pagar aparte las dos plazas extra. De todas formas, es justo decir que el Orlando se queda lejos de su competencia si lo comparamos en tecnología y opciones: nada de detectores de ángulo muerto, asistentes que aparcan automáticamente, avisos de cambios involuntarios de carril, cámaras o incluso unos simples faros bixenón.

Conclusión: si te gusta contar con esos elementos, tendrás que echar el ojo a otra marca... En el interior echo en falta algo más de modularidad, más posibilidades de configuración. Por ejemplo, la segunda fila no cuenta con butacas independientes ni tiene carriles para poder ajustarla longitudinalmente, dejando así más centímetros para las rodillas de los ocupantes de la tercera. Eso sí, los pasajeros más corpulentos no tendrán problemas ni en altura ni en anchura. En marcha, el esquema de suspensiones es firme, pero a la vez cómodo, aunque quizá no tanto como el de un Renault Grand Scénic.

El motor 2.0 diésel de acceso (con 131 CV) me parece una alternativa bastante recomendable, pues el de 163 CV no es mucho más rápido y ya es más caro. En líneas generales tiene un funcionamiento bastante agradable, es poco ruidoso y su consumo, sin ser de récord (6,7 litros reales), entra dentro de lo normal. Lo que más me gusta de este bloque es su respuesta en baja: empuja con determinación y te evita tener que estar cambiando todo el tiempo de marcha. Eso es de agradecer en ciudad.

Por cierto, esta versión solo se ofrece con un cambio manual de seis relaciones; si quieres el automático tendrás que decantarte por la variante más potente. En definitiva, puede que el Chevrolet Orlando no sea el mejor en cuanto a calidad de materiales, que no muestre tanto virtuosismo en modular el espacio como la competencia o que tecnológicamente no se sitúe en la punta de lanza, pero si nada de esto te obsesiona y quieres espacio y 7 plazas a buen precio...

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