Tuvo al alcance de la mano tantos mundiales como Verstappen: te cuento la historia de Nigel Mansell, un ingeniero espacial con la fiebre de la velocidad

Nigel Mansell se proclamó campeón del mundo de F1 en 1992. Solo ganó un título, una proeza que se le queda pequeña a un piloto legendario. Esta es su historia.
El domingo 16 de agosto de 1992 se disputó el Gran Premio de Hungría. Después de 77 vueltas, Ayrton Senna cruzó la línea de meta en el primer puesto. Cuarenta segundos más tarde, lo hizo el gran protagonista del día, Nigel Mansell, al volante del icónico Williams-Renault FW14. El británico se proclamó campeón del mundo, cumpliendo el sueño por el que llevaba décadas luchando.
Mansell no aparece en los ránkings de estadísticas como el piloto con más victorias, títulos o vueltas rápidas de la F1. No es recordado por sus récords, pero sí por su increíble historia de perseverancia. De sacrificios más bien, no solo por ser campeón de Fórmula 1, sino por abrirse paso en el automovilismo hasta levantar el trofeo más preciado, peleando con nombres como Nelson Piquet, Ayrton Senna o Alain Prost.
Los humildes orígenes del británico -sus padres regentaban una tienda de té-, no le impidieron soñar con ser piloto de carreras. Realizando un enorme esfuerzo económico en su adolescencia -que después fue familiar junto a su esposa- pudo costearse competir en karting, y posteriormente la participación en la Fórmula Ford, una de las categorías escuela más reconocidas en Gran Bretaña.
Casi se queda tetrapléjico: le pidieron que dejara las carreras
Sus registros a finales de la década de los 70 hacían pensar que Nigel podía tener futuro en el mundo de la competición. En 1976 ganó en su primera carrera en Fórmula Ford y acabó la temporada con seis de nueve victorias posibles. Un año más tarde, dejó su trabajo como ingeniero aeroespacial y vendió muchas de sus pertenencias para pagar su segundo año en la categoría.
Aquella temporada, se proclamó campeón tras vencer en 33 de las 42 pruebas disputadas. Lo dio todo, hasta el punto de que sufrió una importante lesión que podría haberle cambiado la vida, tras un accidente en el circuito de Brands Hatch, donde se rompió el cuello.
Los médicos le dijeron que había estado cerca de quedarse tetrapléjico y que debía guardar reposo absoluto durante seis meses. También le pidieron que se alejara de las carreras para el resto de su vida. La idea le gustó tan poco al entonces joven piloto que decidió abandonar él mismo el hospital... para volver a competir.
Al final del mismo año, probó por primera vez un Fórmula 3. Compitió en una de las últimas carreras de la temporada en Gran Bretaña y se inscribió en el certamen para el año siguiente. Aunque en sus tres años allí consiguió algunos buenos resultados, los coches con los que corrió no fueron suficientemente competitivos, lo que mermó su posición en el campeonato.
En 1980, de nuevo un accidente se cruzó en su camino, tras una aparatosa colisión con el italiano Andrea de Cesaris (a la postre también piloto de F1), donde se rompió una vértebra. Sin embargo, esta vez el dolor tampoco le impidió dar su próximo paso, ahora hacia la F1. Al dueño de Lotus, el mítico Colin Chapman, le había gustado su estilo de conducción, y decidió darle una oportunidad.

Mansell tendría que demostrar su valía en un test en el Circuito de Paul Ricard, donde Chapman decidió probar a varios pilotos jóvenes, con el objetivo de sustituir al argentino Carlos Reutemann, que dejaba Lotus rumbo a Williams. El elegido fue el talentoso Elio de Angelis, mientras que Nigel fue seleccionado como piloto de pruebas.
Incluso desde esta - muchas veces odiada - posición, Mansell logró impresionar a su nuevo jefe, con actuaciones a la altura de otros experimentados pilotos durante los test. Gracias a ello, el británico tuvo la oportunidad de participar en tres grandes premios con Lotus en 1980 (Austria, Países Bajos e Italia), al volante de una versión en desarrollo del monoplaza de 1981.
En dos carreras, Nigel no pudo ver la bandera de cuadros debido a problemas mecánicos, y en la tercera tuvo que ceder su coche a Mario Andretti, piloto titular, tras este tener problemas en el suyo.
Precisamente el italoamericano dejó Lotus al término de aquel año, y Mansell ascendió al puesto titular para 1981. En el GP de Bélgica logró su primer podio, al año siguiente repitió un tercer puesto como mejor resultado, llegó otro podio en 1983, dos podios y una pole en 1984...
Su paso por Lotus estuvo marcado por los problemas técnicos y continuos abandonos con coches no fiables, además de por el hecho de que solía estar por detrás de su compañero, Elio de Angelis, que contaba con las mejores herramientas.
Nigel estuvo cerca de ganar el GP de Dallas de 1984, donde el calor convirtió en insufrible la carrera: después de salir desde la pole y liderar parte del GP un fallo de transmisión le hizo bajarse a empujar el coche a más de 40 grados. Acabó desmayado.
De Lotus a Williams, y después a Ferrari
Lotus - ahora liderado por Peter Warr tras la muerte de Colin Chapman en 1982 - fichó a Ayrton Senna para la temporada 1985, lo que dejaba a Mansell sin asiento. El británico se marchó al equipo Williams, donde lograría sus grandes éxitos, pero de nuevo los inicios no fueron nada fáciles.
Acompañado por el mítico número 5 en color rojo en el morro del coche, los abandonos y accidentes marcaron el comienzo de esta aventura. Entre ellos, uno fortísimo a más de 320 km/h en la recta de Mistral, en Paul Ricard (Francia), que le impidió participar en aquella carrera. Por fortuna, al término del curso las cosas mejoraron y Nigel subió al podio en Bélgica, antes de lograr dos victorias seguidas, en Brands Hatch y Sudáfrica.
La dupla Williams-Honda funcionaba. En 1986, Mansell por primera vez tenía opciones de pelear por el título con un coche que fue competitivo desde el principio... Pero el enemigo estuvo en casa, desde el primer día, y no fue otro que su nuevo compañero, el entonces bicampeón Nelson Piquet.

Nigel ganó la primera batalla: con cinco victorias se proclamó subcampeón y batió por un punto a Nelson en la clasificación. Eso sí, Williams ganó el título de equipos.
A pesar de la victoria conjunta, la relación los dos integrantes del equipo no fue nada buena y superó los límites de lo profesional. El brasileño llegó a decir de Mansell que este era "un imbécil" y también criticó el aspecto físico de la mujer del británico, diciendo directamente que era la mujer más fea de la Fórmula 1.
En lo deportivo, para el recuerdo de aquel año quedará la espectacular victoria del británico frente a Senna por tan solo 0,014 segundos en Jerez.
En 1987, Mansell volvió a ser uno de los pilotos más competitivos y repitió subcampeonato, con seis victorias, pero esta vez Piquet acabó por delante para proclamarse campeón. Nigel esperaba su oportunidad el año siguiente, tras la marcha del brasileño a Lotus. Pero Williams perdió los motores Honda en favor de McLaren, y la unidad Judd estaba lejos de ser competitiva.
Mansell ficha por Ferrari y el rescate de Frank Williams
En busca de una mayor competitividad tras el bajón de Williams, Mansell aceptó una oferta de Ferrari para unirse a la escudería en 1989. Fue el último piloto seleccionado por Enzo Ferrari antes de su muerte, un increíble honor para quien sería apodado por los tifosi como 'Il leone (el león)' por estilo agresivo. Tendría como compañero a Gerhard Berger.
Mansell comenzó su aventura en la casa de Maranello con una victoria, un espejismo de lo que sería aquel curso, donde el británico logró dos triunfos, dos podios y multitud de abandonos para acabar cuarto en el campeonato. En 1990, Ferrari volvió a sufrir con la fiabilidad y, además, ficharon a Alain Prost (que venía de ser campeón), lo que relegó a Nigel a ser considerado segundo piloto.
Ante esta situación, Mansell decidió retirarse de la Fórmula 1... ¡pero no por mucho tiempo! Su antiguo jefe, Frank Williams, le hizo una oferta irrechazable tanto económica (cobraría casi 5 millones de libras) como deportiva, garantizándole trato de número uno, para que volviese a Williams.
Ahora sí que sí, Mansell estaba en el lugar adecuado para ser campeón del mundo. En 1991, el Williams Renault ganó cinco carreras con el británico al volante, lo que le llevó a ser segundo en el Mundial, solo tras Ayrton Senna.

1992 fue el año de Nigel Mansell. Al volante del FW14B diseñado por Adrian Newey, con suspensión activa y control de tracción, el inglés dominó el campeonato con mano de hierro. Logró nueve victorias, 14 poles, ocho vueltas rápidas y 12 poles. Se proclamó campeón con casi el doble de puntos que su compañero, Riccardo Patrese.
Al término del curso, Mansell decidió retirarse tras conocer que su excompañero Prost se uniría al equipo para 1993. Año en el que, además, el francés ganaría su cuarto título.
En un breve periodo fuera de la categoría reina, Nigel ganó la Indycar, donde compitió dos años con Newman/Haas Racing. Al término de 1994, regresó momentáneamente a la F1 para correr cuatro pruebas con el Williams FW16B, la versión evolucionada del coche con el que Ayrton Senna había perdido la vida en Imola, y Mansell logró una victoria en Australia.

Williams no quiso contar con él para 1995, pero al inglés se le abrieron las puertas de McLaren. Sin embargo, esta aventura estuvo lejos de ser ideal para el campeón del mundo. Nigel no entraba, literalmente, en el McLaren MP4/10, que tuvo que ser adaptado a su constitución física. Por ello debutó en el GP de San Marino (tercera cita). Tras dos carreras, viendo que el McLaren no era competitivo, decidió abandonar el proyecto.
El GP de España de 1995 fue el último Gran Premio de Mansell en la Fórmula 1. Se rumoreó que podría volver con Jordan dos años más tarde, pero nunca ocurrió. Si hubiera mantenido la confianza en McLaren, quizás lo hubiéramos visto luchando con Mika Häkkinen al final de la década... Tras la F1, corrió en turismos, GTs y Le Mans, hasta su retirada en 2010.
Campeón del mundo en 1992 tras una trayectoria llena de sacrificios e infortunios, Nigel Mansell lo dio todo por lograr ese objetivo. Pudo haber logrado más títulos y haber igualado a otros como Senna, Prost e incluso al tetracampeón Max Verstappen, especialmente en las varias oportunidades que tuvo en Williams o si hubiera mantenido la confianza en McLaren. Pero a veces, el número de títulos logrados no es el verdadero reflejo del talento.