Reportaje

Los coches fúnebres

Rodrigo Fersainz

01/11/2014 - 10:58

El día de los difuntos, entre huesos de santo, buñuelos y calabazas, es el momento de descubrir todo el trabajo que hay detrás de los coches fúnebres que siempre han sido protagonistas en los cementerios. Pero, ¿cómo se carrozan? ¿Qué modelos se eligen? ¿Qué piden los clientes (vivos) más exigentes?

Si eres de los que sigue temiendo al monstruo del armario o murmuras “lagarto-lagarto” cada vez que alguien dice “muerto”, a lo mejor es preferible que eches un vistazo a otras pestañas de la web (hay vehículos normalitos, eléctricos... y todos, bien chulos). Pero si prefieres quedarte leyendo, tranquilo, no vamos a hablar ni de disfraces, ni de productos de la huerta (calabazas) ni de fiambres, sino de coches, los coches fúnebres. Porque claro, en algún momento hay que trasladar a las personas que fallecen de su casa o del hospital a la iglesia y de allí al camposanto. No obstante, si también quieres pasar algo de miedo, aquí tienes el Top 10 con las mejores hordas de monstruos de los videojuegos, elaborado por nuestros compañeros de Hobbyconsolas.com.

Pero antes de que llegaran los disfraces, las calabazas y, más recientemente, las apps de miedo para Halloween, los coches fúnebres ya ocupaban un lugar destacado en el Día de Todos los Santos. Primero fue en carrozas; luego, en automóviles más o menos lujosos (como el eterno Seat 124 'faro redondo' de estas fotos, un modelo que acababa en el cementerio de coches más por aburrimiento que por defunción del motor).

Pero a rey muerto, rey puesto, y, hoy día, los carroceros compran todo tipo de modelos para satisfacer las necesidades de sus clientes... 'vivitos y coleando', claro, que casi siempre son las compañías funerarias, aseguradoras o Ayuntamientos.

Es curioso que muchas personas se mueran de ganas de dar un paseo en un vehículo elegante y exclusivo en vida y acaben haciéndolo precisamente en su útlimo viaje, tras la muerte: los familiares del fallecido eligen la ceremonia y el tipo de transporte, en función de sus creencias, sus gustos y, cómo no, su presupuesto. Por ello, muchos de los coches de Halloween que se ven por ahí son de la marca Mercedes.

'Antes muerta que sencilla'

"Es que 'la estrella' es un valor seguro; siempre se demanda en los entierros y por eso nosotros nos hemos especializado en Mercedes", asegura Juan Manuel Insa, que se dedica a construir coches fúnebres en la empresa Vio Europe de Valencia. Siempre compran versiones familiares, porque así tienen que modificar menos parámetros, y con cambio automático para evitar 'tirones' en marcha -sobre todo, cuando la situación requiere ir a paso lento-.

Cortan cada automóvil por detrás del pilar B, donde van anclados los cinturones de seguridad. Se quitan todos los elementos que no sirvan (a veces se revenden), y se crea una estructura nueva: plataforma, 'divider' (mampara que separa el habitáculo del féretro), portón, lunas, puertas 'de bodega' (dos pequeñas para acceder al ataúd y a las coronas de flores). A continuación, se aplica masilla, se pulen las soldaduras y se pasa a la fase de pintura.

Para gustos, los colores... discretos

Aunque predominan los negros y los grises, también hay unidades en blanco. En Vio Europe fabrican los habituales modelos fúnebres con dos puertas más el cristal; también los hacen con cinco plazas -para los seres más allegados- y el féretro (que parecen auténticas limusinas); otros, con cuatro puertas más el cristal ("más bonitos, pero no se ve el ataúd, y por ello algunos clientes los rechazan"). Y por último, está la versión con terminaciones exteriores en vinilo. Ya no se llevan las cruces ni los rosarios en la carrocería, pues hay muchos fallecidos que son ateos, agnósticos o de otras religiones no cristianas.

La sección de acabados re'mata' el proceso en toda regla, pues dejarían 'muerta' a más de uno al comprobar todas las posibilidades que se ofrecen en estos particulares coches de Halloween: maderas, neones, acolchados...

Secretos que llevarse a la tumba

A la hora de hablar de los procesos de trabajo en cada unidad que les encargan, Juan Manuel se calla 'como un muerto', porque hay mucha competencia en su profesión y son secretos que se deben guardar muy bien. Lo que sí recalca es que, a diferencia de otros, en su empresa no trabajan con fibra de vidrio, sino con hierro y acero. Sus coches no tienen un mantenimiento distinto al de cualquier automóvil convencional y dan en torno a cuatro años de garantía en el carrozado. Una curiosidad: lo que más se rompe no son los cristales, sino los amortiguadores del portón trasero. Aunque 'tocan madera', pero no de pino, porque todo en todo su trabajo no están en contacto con ningún tipo de féretro.

Además, esta y otras empresas del sector también trabajan con automóviles 'de kilómetro cero' con carrocería nueva o resucitan coches de segunda mano, para funerarias que están empezando, clientes con bajo presupuesto o países de latinoamérica y del este de Europa.

¿Y la seguridad?

Según cuentan, la resistencia de estos vehículos está a toda prueba. Una de las unidades de esta empresa valenciana, sin ir más lejos, tuvo un siniestro importante en carretera y, humor negros y mal fario aparte, no hubo más víctimas que la que pudiera viajar en el ataúd. Lo más curioso es que hubo desperfectos en la carrocería, pero las grandes mamparas traseras quedaron intactas.

Lagarto, lagarto...

¿Supersticiones? Cero. Sea Halloween o no, un coche fúnebre se homologa con un certificado del carrocero más un proyecto de modificación de un ingeniero que se presenta en Industria y, por último, debe pasar la ITV como cualquiera. Por tanto, puede circular sin restricciones de ningún tipo, así que sus propietarios podrían perfectamente llevar a los niños al colegio (en los modelos con asientos traseros) o irse en ellos a tomar unas tapas por ahí. Legalmente, no hay trabas... pero en la práctica, buscar aparcamiento a la puerta de los puntos de destino -algunos miden más de seis metros- no parece ser muy práctico... 

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Rodrigo Fersainz

Redactor jefe de Reportajes, Competición y Motos

Coches, motos, lavadoras, marcapasos... Pruebo todo lo que pase por mis manos ¡y siempre, a la carrera!

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