Prueba

Test de los 100.000 km del Volvo V60

Kike Ruiz

Nuevo dueño, cambios en la marca y un familiar compacto con más encanto que espacio. ¿De qué es capaz el Volvo V60 en nuestro test de 100.000 km? Hoy lo vamos a comprobar...

Volvo no es una marca cualquiera. Representa a la cultura europea. Por eso, los aficionados al automóvil siguen con atención el rumbo de la firma sueca, que pasa de su anterior dueño, Ford, a estar bajo el paraguas de la china Geely, apostando todavía más por el  diseño. Un cambio así suele ganarse detractores, pero también nuevos fans. De su amplia gama, no hay un modelo que refleje tan bien el nuevo camino de la marca como el Volvo V60, que se estrena en nuestro exigente test de los 100.000 km. Este cinco puertas, mitad familiar, mitad ejercicio de estilo, ha generado debate en nuestra redacción como pocos. ¿Sigue siendo un auténtico Volvo?

Por eso, respondemos a la pregunta más importante por adelantado: la clásica fiabilidad sigue intacta. La calidad sigue siendo elevada y el pequeño y ahorrador diésel ha obtenido una gran nota en nuestro test de larga duración. Si el sistema multimedia no hubiera fallado en el kilómetro 15.997, hubiera sido el chico más aplicado de la clase con la máxima calificación de AUTO BILD. Una pena...

A los 100.000 kilómetros solo tuvimos que revisar las boquillas del limpia, cambiar los discos de freno traseros y rellenar aceite, pero nunca por pérdidas. Un resultado que para sí querrían algunas marcas alemanas. ¿Demasiado perfecto? Para nada. En el libro de notas encontramos algunos apuntes negativos, como el de uno de nuestros redactores: “¿Un coche premium? Solo lo es en el precio”, escribe, y lo remarca con un: “¡Protesto!”. Sin embargo, otro redactor que lo ha usado para viajar en familia anota: “Una buena opción de compra”. Al final, depende de la perspectiva con la que se mire (también algo típico en un Volvo).

Hablemos de los hechos del test de los 100.000 km del Volvo V60: el sueco se ganó elogios por sus cómodos asientos, sus sólidos acabados y un diseño que “renuncia a su condición de marca de representación”, como decía otro redactor, que sí percibió el típico aroma de Volvo, aunque se quejó de su escaso espacio detrás y de su angosto maletero “no apto para familias grandes”. Incluso algunos compactos ofrecen más capacidad.

Pero los sistemas de asistencia funcionan como una solución antiestrés. El avisador de colisión es fiable y la cámara trasera ofrece una imagen amplia y clara. Aunque, por otro lado, también pueden provocar nervios: los pitidos y centelleos son constantes dentro del habitáculo.
Pero el mayor enfado lo provoca la consola central. Hay que pelearse constantemente con los botones que pueblan esta zona, porque el manejo general no se vuelve intuitivo ni siquiera tras un periodo de adaptación. “El navegador es demasiado exigente”, se quejaba un redactor, después de acabar en un atasco tras intentar que lo guiara.

Una pena, porque los viajes son uno de los puntos fuertes de este coche. Si el pequeño 1,6 de 114 CV no se siente del todo cómodo en ciudad por culpa del retraso del turbo a bajas vueltas, su respuesta sorprende en viajes largos por su silencio y su bajo consumo medio.

“Su poca sed y su enorme tanque le dan la autonomía de un submarino atómico”, apuntaba otro de nuestros colegas. Si no eres muy alegre con el pedal del acelerador puedes llegar a recorrer 1.400 kilómetros, pero eso vale para conductores que usan sobre todo la quinta y la sexta marcha, ambas muy largas, y que por tanto no pretenden fulminantes aceleraciones. ¿Hay que tener siempre pretensiones deportivas en un Volvo? No; por eso, la mejor posición de la amortiguación variable es la Comfort. Y es que las bonitas llantas de 18 pulgadas tienden a golpetear sobre baches y surcos. Recomendamos por eso el modo más cómodo o unas llantas de 17 pulgadas. ¿Conclusión? El nuevo rumbo de Volvo parece ser muy acertado: el V60 así lo confirma...

Imagen de perfil de Kike Ruiz

Redactor de AUTO BILD