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Porsche 911 contra BMW i8

Porsche 911 contra BMW i8
Luis Meyer

Duelo entre dos colosos muy diferentes: baterías eléctricas contra motor bóxer. BMW i8 contra Porsche 911. ¿Cuál da el mayor espectáculo?

El BMW i8 se acerca susurrando, como si viniera de otra galaxia. Cuando se abren las puertas de tijera de esta especie de nave especial, o cuando el viento de cara golpea contra las enrevesadas líneas aerodinámicas de su carrocería, es imposible no quedarte con la boca abierta si te gustan los coches. ¿Incluso si eres un fan del 911? Lo queremos comprobar. Enfrentamos al BMW i8 contra el Porsche 911.

Si hablamos de impacto visual, gana sin duda el BMW, más que nada porque al Porsche ya lo conoce todo el mundo. Y aquí no juega ningún rol su aspiración ecológica por su propulsión eléctrica. El i8 tiene un aspecto mágico, se mire por donde se mire. 

Los primeros 37 kilómetros los puede recorrer solo en modo eléctrico y en absoluto silencio, luego le ayuda un tres cilindros. “En comparación con un deportivo tradicional, usamos el motor de combustión la mitad”, promete el responsable del proyecto i8, Carsten Breitfeld. Queda la pregunta de si, en ese caso, merece la pena el motor bóxer del 911 y su mayor consumo: entrega 400 CV, mientras que el BMW, con la suma de sus motores, tiene 362.

El primero es el rey de las revoluciones, y gira siempre acompañado de un aullido cautivador. El segundo, un coche que brilla en la zona baja y media de cuentarrevoluciones, con un sonido algo sintético. El BMW nos maravilla, pero el Porsche sigue siendo, como siempre, un coche para paladear.

Para contener el peso del i8, BMW ha tirado de todos los trucos imaginables: destacan su chasis de aluminio y su carrocería de carbono. Así, se queda en 1.560 kilos (dato oficial), poco para un híbrido con tres motores y baterías de cientos de celdas de ión-litio. El 911 tiene una construcción más convencional, y con su cambio de doble embrague, merced a un tamaño menor, pesa 1.510 kilos. 

El Porsche es como un perro salvaje que pugna por soltarse de su correa. Y cuanto más estrechas son las curvas, más invita al disfrute con su característico manejo y su zaga, tan juguetona como controlable.

El i8 va más relajado. Eso no significa que no sea un auténtico deportivo. De hecho, el 911 solo le arrebata tres décimas en el 0 a 100 km/h (4,1 y 4,4 segundos). Pero hay detalles, como sus delgadas ruedas, por ejemplo (195 delante, 215 detrás) con lo vuelven menos aplomado sobre el asfalto de lo que corresponde a un deportivo de raza.

Por eso las curvas rápidas no son los suyo: los neumáticos gimotean, la luz del ESP centellea sin parar, y se percibe cierta indolencia a la hora de salir de la curva. Donde sí puntúa es en su estilismo, tanto fuera como dentro, en su tecnología del futuro y en ser políticamente supercorrecto. Detalles que pueden entusiasmar a algunos fans de los deportivos, pero no a todos. 

Y es que con el i8, BMW ha concebido un deportivo ecológico, un corredor verde, lo que no es tarea fácil. Pero a la hora de rodar fuerte por una carretera de montaña, el Porsche 911 demuestra su primacía y, sobre todo, que no es para nada una reliquia del pasado. ¿Con cuál me quedaría yo? Si es para enseñarlo, desde luego con el BMW i8. Pero si es para disfrutar al máximo de una curva tras otra, no dudo en tirar por el Porsche 911.

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