Kike Ruiz

Responsable de VÍDEO y redactor en AUTO BILD

Llegan las vacaciones de verano y ¡los coches TIEMBLAN!

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

No, no lo harías… En un martes cualquiera de un mes de febrero cualquiera jamás te habrías metido por ese camino de tierra lleno de trampas, piedras, hoyos y con un desnivel que ni Tadej Pogačar se atrevería a afrontar. 

Pero ahí vas tú, con tu Hyundai Kona recién sacado del concesionario, creyéndote un superhéroe al volante y queriendo alcanzar esa cala de agua turquesa a toda costa. ¿Llevas una altura al suelo digna? NO. ¿Llevas unos neumáticos mínimamente preparados para tierra? TAMPOCO. ¿Sabes utilizar las ayudas electrónicas, como el control de descensos? MENOS AÚN. 

Peeeeeero… para ti, en ese momento, el fin justifica los medios, aunque no sepas que te estás metiendo en un embolado tremendo. Eso es algo que veo demasiadas veces cuando llega el periodo de vacaciones: el desapego que hay por el bienestar de nuestros coches.

Los podemos dejar (literalmente) tirados en cualquier cuenta, improvisando plazas de aparcamiento que no lo son (cualquier palmo de terreno con una inclinación nunca inferior al 15% es válida), al sol abrasador y sin ningún tipo de protección. ¿Y el polvo? Lo vemos hasta dentro de la guantera, pero nos da igual… que para eso estamos de vacaciones.

Yo he visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser y coches que jamás iban a salir por sí solos en las zonas donde sus dueños los aparcaron. Sin ir más lejos, el fin de semana pasado, me fui a unas piscinas naturales huyendo del calor.

¿Fui el único que pensó en esa opción? Obviamente, no. El parking ‘oficial’ lucía ya el cartel de completo desde hacía horas y todos los que merodeábamos por allí buscábamos ansiosos un trozo de tierra donde dejar nuestros vehículos. 

Pero no, no todo vale, y sobre todo, siempre tienes que saber qué llevas entre manos, porque no es lo mismo ir con un Ineos Grenadier, con el que poco te va a importar las irregularidades del terreno, que ir con un sencillo Audi A3.

Pues el conductor del flamante modelo alemán debió entender que aquel escalón (fácilmente de unos 30 centímetros de alto) era pan comido para su coche (100% de asfalto) y allá que hincó el morro contra el suelo (¿acaso había otra posibilidad?), haciendo que una de las ruedas traseras despegara del suelo un par de palmos y se quedara en una posición, digamos, bastante comprometida. 

¡Qué bonito cruce de puentes!, pensé. Para el que no lo sepa, un cruce de puentes, incluso para un todoterreno, es una maniobra que pone a prueba su poder de tracción y capacidades offroad.

Pues imaginaos para un simple A3, de tracción delantera y sin ayudas de ningún tipo. Los esfuerzos, acelerones y nubes de polvo que provocó aquel conductor no llegaron a nada. El A3 no se movió ni un milímetro de su acrobática posición. 

No contento con eso, cuando ya iba hacia mi coche, bien fresquito después de pasar el día a remojo, me encontré con dos casos más, de dos coches que estaban atascados en la cuneta y que habían dejado bien horadado el terreno en su lucha por salir de donde nunca debieron entrar. 

Las grúas tuvieron que hacer un buen trabajo ese día y me da a mí que no sería ni la primera ni la última vez que harían ese tipo de rescates (se dice y se comenta que las carcajadas de los gruistas de toda la Sierra de Madrid en los fines de semana de julio y agosto son ya parte del patrimonio sonoro de la zona).

Moraleja: o madrugas para asegurarte una plaza de parking normal o no te creas MacGyver metiéndote en zonas en las que tu coche compacto se va a quedar atrapado y busca un plan B para no acabar empanzado.

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