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La opinión de
Gabriel Jiménez

Conducción autónoma: ¿suicidio de la industria del automóvil o no le queda otra?

Gabriel Jiménez

18/11/2017 - 21:22

¿Nadie se ha planteado que la conducción autónoma puede suponer el fin de la industria del automóvil?

¿Conoces esa sensación de estar viendo delante de tus ojos una suerte de tsunami que va a arrasar con todo lo conocido y, lejos de salir corriendo, nos acercamos por inercia más a la citada ola para que nos engulla? Y abundando más en la metáfora: ¿te imaginas que, además de ver acercarse el tsunami, compruebas que todos, de un modo u otro, hemos contribuido a que esa ola sea cada vez más gigante y destructiva?

Podría ser un buen argumento de una historia distópica, de esas que tanto me gustan, pero lo cierto es que esa sensación a la que hacía mención es con la que regresé tras el reciente Salón del Automóvil de Frankfurt 2017. La cita alemana, dejando al margen las notables ausencias de más de una docena de fabricantes de automóviles, fue como suele ser habitual una demostración del enorme músculo de la industria automovilística germana. Pero a diferencia de otras ediciones, en el Salón de Frankfurt 2017 sobre todo se habló de futuro, de un devenir basado en la conducción autónoma y en los robots. 

Robot en el stand de Audi en el Salón de Frankfurt 2017
Un servidor posando junto al robot en el stand de Audi en el Salón de Frankfurt 2017

Aunque de las primeras líneas pueda deducirse lo contrario, te puedo asegurar, estimado lector, que soy un apasionado de la tecnología y todo aquello que pueda contribuir a hacer la vida más fácil a los seres humanos. Por tanto, aleja de ti la posible imagen de que quien firma estas líneas es un defensor del ludismo del siglo XXI, es decir, una reinterpretación de aquellos seguidores de Ned Ludd, un personaje que pasó a los anales de la historia por destruir máquinas en plena revolución industrial en el siglo XIX, porque a su juicio destruirían empleos. Y fíjate si todo lo relacionado con la conducción autónoma me interesa, que el año pasado me monté a bordo de un Audi RS7 autopilotado en circuito y recorrí, además, 20 kilómetros en tráfico real por una Autobahn alemana con un Audi A7. Lo puedes ver en este vídeo:

Como puedes ver al final del citado vídeo, reconozco que fue una experiencia interesante, pero afirmaba con tono resignado que me sigue apasionando conducir.

En mayo de 2017 viajé al corazón de Silicon Valley (California) para conocer todo en lo que está trabajando el gigante de los microprocesadores Intel en lo que a la conducción autónoma se refiere. Kathy Winter, vicepresidenta del Grupo de Conducción Automatizada y directora general de la División de Soluciones Automatizadas de Intel, defendió con argumentos solventes el porqué la conducción autónoma es tan necesaria: “Tengo hijos que ya comienzan a conducir y se distraen, y padres de edad avanzada que ya no tienen los mismos reflejos que hace años y eso me produce tensión”. Es más, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las muertes relacionadas con el tráfico rodado ascienden a 1,2 millones en todo el mundo. Y los investigadores calculan que los vehículos autopilotados podrían reducir los accidentes en un 90%, salvando potencialmente 10 millones de vidas por década. Incontestable, sin duda ninguna.

Aunque no niego la mayor, siempre suelo hacerme la pregunta latina ‘Qui prodest?’ (“¿A quién beneficia?”). Si partimos de la base de que asistentes de ayuda como el Cruise Control son en realidad también tecnologías de conducción autónoma, y que el control de crucero nació precisamente en Estados Unidos, el país donde más empresas están poniendo el foco para que el desarrollo de la conducción autónoma se acelere, uno llega a plantearse sí quizá –sólo quizá– no haya una motivación más que interesada en promover la conducción autopilotada, habida cuenta de que gigantes tecnológicos como Apple y Google fueron vanguardia en los primeros compases del desarrollo de la conducción autónoma, sin olvidarnos de Tesla, claro. Todas ellas firmas norteamericanas, no nos olvidemos, y ya sabemos que en el mundo de los negocios globales nada es casual, aunque lo parezca.

Y claro, la industria automovilística europea, al igual que la japonesa, no quiere ir a remolque; en la carrera de la conducción autónoma nadie quiere llegar segundo… aun a riesgo de contribuir a su posible suicidio. Y es que no nos podemos olvidar que la hoja de ruta de la conducción autónoma ha establecido cinco niveles, y el quinto supone que la conducción humana estará prohibida. ¿Qué supone eso? Que la esencia de las marcas de automóviles, su USP, su valor diferencial (diseño, prestaciones, seguridad…) se diluirán como azucarillo en un vaso de café. ¿Qué más dará ir en Porsche o un Tata? Con tal de que nos lleve del punto A al B… Al menos así lo veo yo.

Otro punto candente en cuanto a la conducción autónoma será todo lo que arrastre a su paso, no solo porque podría convertir la industria automovilística en un negocio menor, sino también porque podría llevarse por delante a las aseguradoras –para qué un seguro, si se supone que los coches autónomos no cometen errores ni se llevan columnas al aparcar–, además de otras profesiones.

Del tema moral de la conducción autónoma –en caso de situación comprometida como, por ejemplo, o bien atropellar a un niño o que los ocupantes del vehículo se estrellen, ¿qué decidirá el ‘cerebro’ del coche?– hablaré otro día, pero no quiero perder la oportunidad de concluir que quizá a la industria del automóvil no le queda otra que subirse a este tren, el de la conducción autónoma, aunque ello suponga hacerse el harakiri. No se pueden poner puertas al campo

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Gabriel Jiménez

Director del Área de Motor de Axel Springer España

Soy Piscis, sufridor del Atleti y me gusta juntar letras, a poder ser relacionadas con cualquier artefacto que lleve del punto A al punto B

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Cuando escuché a mi tía mencionar los coches de conducción autónoma pensé: "Qué aburrido... Y ¡qué miedo!". Pero después de leer este artículo, creo que sería cuestión de tiempo acostumbrarse a cambiar el gusto de conducir por leer las noticias o contestar algunos mensajes o emails (tal vez hasta dormir) mientras el auto es el chofer. A final de cuentas es lo que hago cuando mi madre o mi hermana van al volante (y ahora que las menciono, ellas se podrían maquillar en un coche así). O sea que además de las cifras de accidentes que combatirían, significarían un tiempo extra para aquellas personas muy ocupadas o que pasan mucho tiempo conduciendo. Lo que me preocupa (quizás por ignorancia) es que la tecnología inteligente pudiera presentar fallas inesperadas que representen un riesgo, o peor aún, que pueda ser controlada por otra persona a través de software malicioso dándoles más poder a los ciber delincuentes. Como todo, hay pros, contras y posibles nuevos escenarios.

Estoy de acuerdo. Como todo, tienes sus ventajas –sobre todo para el usuario– y sus desventajas. Pero aquí la clave en la que pongo el foco es en cuanto a la industria del automóvil, y de cómo podría ser contraproducente para la esencia de su negocio. Gracias por compartir tu opinión. Saludos

Responder a: Armando Enrique Noriega Rodriguez
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Motorhome de Fity

Buenas Gabriel: 

No lo veo tan radical en cuanto a un suicidio de la industria automovilística. Primero por su capacidad de adaptación, pues alguien ha de fabricar los vehículos autónomos. Segundo porque ya están participando directamente de su creación. A mí realmente me preocupa lo que a ti, el placer de conducción, y no que nos lo reduzcan hasta que conduzcan por nosotros, sino que a golpe de legislación nos obligan a ir renunciando a ciertos placeres unidos al uso y disfrute del automóvil. Están legislando como si el camino natural y lógico fuera el mero desplazamiento del punto A al B, sin más connotaciones que el transporte. Yo hace unos años lo llamé "el camino hacia la lavadora con ruedas"; y es que no dejo nunca de decir que el mundo no sólo está globalizado, sino que es hábilmente manejado por unos y otros Lobbies, que dirigen a golpe de talón, los designios de todas las industrias y los gobernantes. Incluye por tanto a la industria automovilística mundial y su futuro.

Por otra parte, y aunque tengo hijos que ya conducen, y mayores más torpes, sigo pensando que quitarles la responsabilidad que tienen no les hará más seguros. Hoy los coches tienen cantidad de asistentes de seguridad. Sin embargo nos estamos olvidando de lo básico (el sentido común). Los intermitentes, una especie olvidada, y los móviles el 80% de usuarios de la vía los usas en los semáforos y mientras conducen... ¿por que no volvemos al principio?.

Un saludo Fity.

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Gabriel Jiménez 2

Respondiendo a Motorhome de Fity

Estimado Fity: estoy de acuerdo en tu comentario en el sentido de que la industria ya participa en el desarrollo de la conducción autónoma. Pero eso mismo es lo que comento en el texto, que se ha visto empujada. Alguien tendrá que producir los vehículos sí, pero el valor intrínseco de la marca, su USP, lo que lo hace distinta a las demás marcas habrá desaparecido porque no tendrá sentido. ¿Cuántos fabricantes de aviones hay? Que partan el bacalao solo dos. Trasládalo a la industria del automóvil y con nivel 5 de conducción autónoma...

Ahora, tienes mucha razón en lo de los intermitentes, el uso del móvil mientras se conduce... sin olvidar conducir bajo los efectos del alcohol, las drogas, el exceso de velocidad... Como decía en mi columna, entre todos hemos contribuido a ello. 

Muchas gracias por compartir tu interesante punto de vista.

Saludos

Gabriel Jiménez

Responder a: Motorhome de Fity
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