La verdadera razón por la que no hay ningún coche eléctrico con cambio manual

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Se tiende a decir que los coches eléctricos tienen caja de cambios automática, pero la realidad es que ni lo uno ni lo otro: directamente no tienen transmisión.

Los coches eléctricos han traído muchos elementos y concepciones nuevas al mundo del motor. Puede que los que estén más metidos en el mundillo ya lo sepan, pero para el usuario de a pie, los modelos de cero emisiones presentan algunas cuestiones intrigantes. Una de ellas es relativa a su caja de cambios.

Lo más probable es que hayas escuchado por ahí que los coches eléctricos no tienen cambio manual y que tienen una transmisión automática. Esto en realidad no es cierto, pero si que es una forma sencilla de intentar explicar su funcionamiento mecánico. La afirmación que es cierta es la siguiente: los coches eléctricos no tienen caja de cambios.

Estamos acostumbrados a pensar en términos de motores de combustión, en los que es necesario que el propulsor vaya asociado a una transmisión, que sea la que mande la fuerza al eje (o los ejes) motriz.

Ésta puede ser tanto manual, en la que se realiza el cambio de marchas mediante un embrague, o automático, en el que la propia caja, utilizando el sistema que sea (CVT, doble embrague, etc.) se encarga por su cuenta de subir y bajar las relaciones en función de lo que demande la situación.

El modo en que opera un eléctrico recuerda en cierto modo a esta última, también por detalles como que en la palanca en el habitáculo se emplea los mismos símbolos: 

  • D: directa
  • R: marcha atrás
  • N: punto muerto
  • P: freno de mano

De ahí que se tienda a afirmar que los cero emisiones tienen caja de cambios automática, pero no la tienen, como tampoco tienen cambio manual (en términos generales, aunque también hay excepciones contadas).

Para poder explicar por qué esto es así, primero hay que tener claro cómo opera una caja de cambios, sea del tipo que sea.

Para que un motor térmico ofrezca su mayor rendimiento, tiene que girar a las revoluciones más altas posibles. Sin embargo, para que sea eficiente necesita una transmisión que lo gestione. 

Así, en las marchas cortas el motor gira muy rápido y tiene mucha fuerza, pero las ruedas van lento. Es subiendo relaciones cuando a cambio de perder fuerza de salida, se gana una velocidad más alta, algo que no supone un problema, porque el coche ya está “lanzado”.

En un manual es el conductor quien tiene que juzgar que marcha es la adecuada en cada momento, mientras que en un automático es la propia caja la que se encarga de ello. Sin embargo, lo que tienen en común ambos sistemas es que existe un cambio de marchas, ya sea consciente de ello o no el piloto.

La diferencia que hay en los eléctricos es que no existen marchas como tal. Por norma general solo tienen una marcha, que pueden considerarse dos si se tiene en cuenta la marcha atrás, pero que en realidad tampoco opera como en un vehículo térmico.

El principal motivo por el que los EV no tienen caja de cambios es que son capaces de entregar desde el primer momento todo el par que puede rendir el motor. Con solo pisar el acelerador, de manera inmediata se entregan tanto los caballos como los Nm del bloque, por lo que tiene toda la fuerza posible desde las revoluciones mínimas.

De hecho, la mantiene constante hasta a altas revoluciones, que son muy superiores a las que pueden alcanzar tanto los gasolina como los diésel. Por norma general los motores eléctricos llegan hasta las 10.000 vueltas sin despeinarse y no son pocos los casos en los que las superan.

En cuanto a la marcha atrás, en realidad no es tal, si no que se invierte la polaridad del motor, haciendo que gire en sentido contrario y, de esta manera, que el coche avance hacia el lado opuesto.

Todo esto hace que este tipo se sistema, sin transmisión alguna ofrezca varias ventajas.

La primera de ella es que se trata de un tipo de sistema mucho más eficiente. Es algo sencillo: al eliminarse elementos intermedios entre el motor y las ruedas, se eliminan también las pérdidas de energía. La fuerza empleada se utiliza de manera más directa y así se aprovecha mejor.

Esto es especialmente relevante en los coches eléctricos, puesto que permite alcanzar autonomías mayores y así espaciar las paradas para tener que recargar.

La segunda es que se consigue reducir el peso. Una caja de cambios, sea del tipo que sea, supone elemento más que añade un peso considerable en el vehículo. Eliminarla de la ecuación hace que el automóvil sea más ligero, lo que de nuevo redunda en una mayor eficiencia y, en consecuencia, en un mayor rango de acción.

Por último, quitar una parte del sistema de propulsión hace que se elimine un elemento que se puede averiar, lo que hace que se abaraten los costes de mantenimiento de los coches eléctricos y que, al menos a priori, sean más fiables desde este punto de vista.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España