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Coches clásicos

Toyota Corolla: elegimos la mejor generación de la historia

Toyota Corolla Mk8

Elegimos la mejor generación de la historia del Toyota Corolla en un repaso a su trayectoria ahora que el modelo va a ser relanzado de nuevo en Europa en 2019.

Tras más de 40 años en activo de manera ininterrumpida, el Toyota Corolla despareció de nuestro mercado en 2006 para ser reemplazado por el Toyota Auris, un modelo que ha estado en activo durante dos generaciones y hasta finales de este año, cuando sea lanzada la nueva generación y recupere la histórica denominación. Hoy, con motivo de este acontecimiento, queremos elegir la mejor generación de la historia de Toyota Corolla.

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Y es que es en 2016, con motivo del 50º aniversario del modelo, el Toyota Corolla se convertía en el modelo más vendido del mundo con 44 millones de unidades en 150 países donde se ha seguido comercializando bajo esta denominación y se ha producido en 16 plantas de todo el mundo. Ahora que el Toyota Corolla 2019 arrancará su comercialización en tan solo unos meses, queremos realizar un repaso por su historia y elegir la mejor generación jamás producida.

¿Cuál es la mejor generación del Toyota Corolla?

Aunque en Europa se dejó de comercializar bajo la denominación Corolla hace ahora 12 años, el modelo ha seguido inalterado en otros mercados como Japón y Estados Unidos, donde es muy popular. Sin embargo, nosotros nos vamos a centrar en una generación que se haya vendido también España, por lo que echamos la vista atrás hasta mediados de la década de 1990 para conocer un poco más en detalle al exitoso Corolla de octava generación.

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Conocido internamente como W-724, el Corolla VIII fue lanzado oficialmente en 1995 y estuvo en activo hasta el año 2000. De este modo, la octava generación entra por la puerta grande al ser el último Corolla producido en el siglo XX y el primero aún en activo en el nuevo milenio. Sin embargo, más importante es el hecho de que esta es la generación en la que, por primera vez en la historia, el Corolla se convertía en el modelo más vendido del mundo con 22,65 millones de unidades.

También resulta interesante destacar que el Toyota Corolla de octava generación se ofreció con dos diseños diferentes dependiendo del mercado. Por un lado, en Japón y América del Norte estaba disponible con un diseño más cuadrados, con faros rectangulares y un estilo más americano; mientras que África, Centro y Sudamérica, Oriente Medio, Oceanía y Europa recibieron el Corolla que todos conocemos, el de los faros redondos delanteros que recuerdan mucho al frontal del Subaru Impreza WRX de segunda generación (2000-2007). 

En el mercado europeo, el Toyota Corolla estaba disponible con varios motores diésel y gasolina, entre los que encontramos un 1.3 16V de 86 CV, 1.4 VVTi de 97 CV, un 1.6 VVT-i de 110 CV y un 1.8 16V de 110 CV, así como un 2.0 D-4D de 90 CV y dos motores diésel atmosféricos, un 2.0 litros de 72 CV y un 1.9 litros de 69 CV. También se ofrecieron transmisiones manuales de cinco y seis velocidades, así como cambios automáticos de tres y cuatro relaciones, dependiendo de la motorización elegida.

El Toyota Corolla en el World Rally Championship

Sin embargo, uno de los aspectos por el que es más recordado el Corolla de octava generación es por su paso por el World Rally Championship (WRC) entre 1997 y 1999. El sustituto natural del Toyota Celica GT4 comenzó su desarrollo en 1996 y necesitó 400 horas de trabajo para adaptar el modelo a las exigencias de la FIA. El motor desarrollaba 300 CV de potencia y 500 Nm de par, y se asociaba a un cambio secuencial y a tres diferenciales electrohidráulicos, algo que luego se generalizó en el campeonato.

El debut del Toyota Corolla WRC tuvo lugar en el Rally de Finlandia de 1997 con Didier Auriol y Marcus Grönholm. Un año más tarde, Toyota apostó de nuevo por Auriol y fichó a Carlos Sainz, quien logró un triunfo en Montecarlo y una segunda victoria en Nueva Zelanda, mientras que Auriol obtendría la tercera victoria en el Rally de Cataluña, lo que alzaría a Sainz y al equipo como subcampeones. En 1999, aunque no fue mejor que 1998, una serie de victorias y la regularidad en el podio de ambos pilotos, permitió a Toyota convertirse en campeón del mundo por tercera vez en su historia. Ese año se despedirían oficialmente del mundial para centrarse en la Fórmula 1.

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