La solución que cada vez más fabricantes contemplan para vender coches eléctricos más baratos

Que los coches eléctricos son una realidad nadie lo duda, pero la verdad es que su ritmo de implantación está siendo mucho más lento de lo que querrían desde las altas esferas. Hay varios motivos para ello, como la escasa infraestructura de recarga, pero el mayor sigue siendo que son caros. Es por eso que las marcas están utilizando una solución para conseguir abaratarlos.

Y se basa, básicamente, en un cambio de concepto radical al que, al menos a priori, parece que el usuario / conductor promedio deberá acostumbrarse.

Cuando los cero emisiones entraron en juego la principal queja que había, y que sigue habiendo a día de hoy, es que tienen una autonomía que, simplemente, no está a la altura del rango de acción que tiene un coche equivalente con un depósito completo de gasolina o diésel.

Es una pega que en primer momento todos podemos compartir, pero que bien reflexionada no tiene mucho sentido: ¿cuántas veces necesitas el depósito completo del coche al usarlo? Prácticamente nunca, solo en viajes largos.

Es este factor algo que hay que meterse en la cabeza cuando hablamos de coches a pilas y que las marcas tienen cada vez más claro: en su día a día a nadie le hace falta un alcance de 600 kilómetros, así que no tiene mucho sentido desarrollar coches para ello, ni desde el punto de vista práctico ni económico.

Lograr grandes autonomías depende de instalar grandes baterías en el coche, que son el elemento más caro del mismo, y, dado que no se suele utilizar todo el rango de manera constante, la lógica invita a pensar que es mejor opción montar una batería de tamaño y capacidad más contenidas, así como autonomías menores, lo que sirve para abaratar el vehículo.

De hecho, a día de hoy, es la única manera de conseguir coches eléctricos baratos, y cada vez más marcas los tienen claro.

El pionero

La primera en apostar por ello y salirse de la línea dominante de “baterías más y más grandes para conseguir enorme autonomía” fue Mazda con su Mazda MX-30.

El SUV coupé se presentó en el ya lejano 2019, por lo que en parte se le puede señalar como un visionario. A contracorriente de lo que dominaba en el mercado, el modelo nipón optó por montar un sistema con una pila más pequeña y menos capaz que la de sus competidores, lo que a priori parecía una locura.

Montaba (y sigue montando) una batería de 35,5 kWh, que le otorgaba una autonomía de 200 kilómetros. Parecía poco, pero era más que suficiente para el uso diario de casi cualquier conductor y, además, le permitía ofrecer un precio de unos 35.000 euros que, con el Plan Moves (en aquella época era el II), se quedaban en unos 28.000 euros.

Una tendencia ya establecida

A día de hoy, son cada vez más los fabricantes que se apuntan a este modus operandi, aunque hay que clarificar que sobre todo se trata de las marcas generalistas y en segmentos de utilitarios, compactos y SUV pequeños y compactos.

Valga como ejemplo el grupo Stellantis, que ha ido mejorando su sistema eléctrico y en su actual generación ya monta en modelos como el Peugeot 308 o el Opel Mokka una batería de 54 kWh que ronda los 400 kilómetros a lo sumo. 

El MG ZS, por ejemplo, en su versión de acceso opta por una batería de 51 kWh con la que homologa un alcance de 320 kilómetros; o el nuevo Mini eléctrico, que anticipa una autonomía de 386 kilómetros.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España