El problema de encontrar la mejor ruta viene desde principios del siglo pasado. Ahora un algoritmo ha dado con la clave

Un algoritmo promete acabar con los problemas de casi un siglo para encontrar la ruta más rápida.
El transporte vivió una enorme transformación en la década de 1950 con cambios en la movilidad. El turismo empezaba a despuntar y las personas se movían entre distintos puntos con mayor frecuencia, pero también se hicieron palpables algunos problemas que se ignoraron durante años.
Las redes de transporte no estaban preparadas para multiplicar el número de viajeros y los retrasos, aglomeraciones y congestiones eran cada vez más habituales. Los expertos han diseñado todo tipo de inventos para evitar los atascos, pero ni siquiera en 2024 se ha conseguido encontrar una solución.
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La clave estaba en un algoritmo del flujo de la red de tráfico. Los investigadores de la ETH de Zúrich han presentado un sistema computacional que permite controlar el número de vehículos en un punto y anticiparse a los atascos.
Rasmus Kyng ha dirigido la investigación y ha realizado una prueba práctica de la utilidad de este algoritmo. Si quieres transportar mercancías entre Madrid a Londres, el algoritmo puede calcular el flujo de tráfico previsto en la ruta (no solo en tiempo real) y de menor coste. El sistema predice y recoge los datos de la red ferroviaria, vial, fluvial o de internet.
La diferencia frente a los algoritmos actuales está en la velocidad para recoger los datos y ofrecer una ruta alternativa. La planificación de las estructuras hace 70 años no tuvo en cuenta las necesidades de movilidad actuales, así que sería extremadamente costoso actualizar las redes de transporte, suministro de agua y telecomunicaciones de toda Europa.
Utilizar rutas que no estén saturadas
El problema de las redes de transporte es la facilidad con la que se saturan, pero existen vías y carreteras que permiten transportar más vehículos. El algoritmo calcula el flujo máximo de cada punto y redistribuye los vehículos mostrando rutas alternativas en Google Maps o Waze que no han llegado al tope que pueden soportar.
El algoritmo también esperará hasta que las carreteras principales estén llenas y saltará a la segunda opción, y luego a la tercera si fuese necesario cuando esté a plena capacidad. Las rutas pueden ser más largas, pero para llegar de un punto A a B lo harán más rápido o utilizando menos recursos.
Esta propuesta nació en 1970 y se conocía como "algoritmo codicioso" precisamente por la necesidad de llenar las vías al máximo antes de pasar a la opción B. La redistribución del tráfico es más eficiente y se evitan atascos por grandes aglomeraciones únicamente en unos puntos de la carretera.
El algoritmo ha vivido pequeñas mejoras a lo largo de los años hasta llegar a la versión de Kyng y su equipo de investigadores. La solución es crear un algoritmo híbrido, aunque no convence a profesores de matemáticas como Daniel A. Spielman de la Universidad de Yale, que asegura que sería como si "un Porsche adelanta a los carruajes tirados por caballos".
La red de tráfico no estaría tan interconectada como hasta ahora con la posibilidad de conocer datos en tiempo real de informes de tráfico, rutas de transporte de mercancías o programación de vuelos.
